Orwell: 2+2=5 (3)

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Un faro ético

«Ni la lluvia
pudo borrar las huellas de la sangre».

(Ángel González)

En estos tiempos sombríos, como escribiera Bertolt Brecht, el documental Orwell: 2+2=5, que ha dirigido Raoul Peck, resulta interesantísimo para valorar la relevancia de la literatura orwelliana y la vigencia de sus planteamientos morales en nuestros días.

El escritor británico escribió la mayor parte de su obra en las décadas de 1930 y 1940, donde el planeta se desangró en la Guerra Civil Española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), junto con el desarrollo de los totalitarismos fascista y comunista.

En la época de Orwell, apenas había espacio para los seres humanos libres, independientes de las cadenas ideológicas de uno u otro tipo. En la actualidad, ocurre algo parecido. El trabajo de Peck llama a la reflexión de los espectadores, a partir de las palabras del propio Orwell. No se dan soluciones, pero sí algunas luces para no caer en el desaliento.

A nivel estilístico, el documental ostenta una tremenda potencia fílmica, pues mezcla diversos materiales orwellianos con imágenes de los últimos decenios y de la actualidad. El objetivo, no del todo logrado, es conectar el pensamiento de Orwell con las problemáticas de nuestro tiempo. De esta forma, Peck se vale de fragmentos diarísticos del autor inglés, enunciados por Damian Lewis en la voz en off; de secuencias de películas sobre las dos obras máximas de Orwell, 1984 y Rebelión en la granja; de otros documentales acerca de su figura; y de la recreación de la vida del creador británico en la isla escocesa de Jura. Y todos estos recursos los conecta con imágenes en blanco y negro del tiempo histórico de Orwell, y a color sobre la coyuntura presente.

Considero valioso el poner en relación los materiales artísticos orwellianos con los diversos asuntos de la actualidad, pero creo que el documental se resiente porque, si bien el análisis del escritor y su época —recordemos, años 30 y años 40 del siglo XX— es bastante certero, el enlace con las vicisitudes del período actual no resulta tan sólido.

Claro que la metáfora orwelliana del Gran Hermano posee una intrínseca relación con el auge y el poder de Donald Trump. Lo que ocurre, a mi entender, es que la fortaleza de un líder político como Trump, no sólo se circunscribe a un exceso de autoridad, de demagogia y de maniobras sucias, como el asalto al Capitolio de hace años, sino que quizá esté en la base de las actitudes y pensamientos de un buen número de ciudadanos estadounidenses.

El documental de Peck establece un nexo entre las guerras de Birmania o Ucrania, que tienen lugar en la actualidad, con pasadas guerras que vivió Orwell. ¿Qué las enlaza? La muerte de miles de inocentes, la arbitrariedad de los dirigentes políticos, los desmanes de la violencia, la proliferación del odio. En este sentido, son geniales las escenas de 1984 (1984), de Michael Radford, para conectar la indefensión y la indignación de Winston, el protagonista, con la indignación y la indefensión de las poblaciones civiles de nuestra era. Peck no solo recurre a filmes que adaptan narraciones orwellianas, sino que emplea pasajes de otras películas como Minority Report (2002), de Spielberg, o La pasión de Juana del Arco (1928), de Dreyer.

En mi opinión, el documental pierde una buena oportunidad para profundizar en la experiencia de Orwell en la Guerra Civil Española, donde militó en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), una formación trotskista desde la que comprobó el autoritarismo del PCE, plenamente estalinista y manejado desde Moscú, que reventó la fuerza democrática y revolucionaria de buena parte del Frente Popular.

Los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, una guerra civil dentro de la guerra civil, donde los comunistas asesinaron a bastantes anarquistas y trotskistas, así como el ahogo y el arrinconamiento de las iniciativas ácratas en Aragón y Cataluña, le revelaron a Orwell que las tácticas totalitarias no eran patrimonio únicamente de la derecha, sino que también eran empleadas por las organizaciones de izquierdas.

Violencia, odio, poder desmedido, fidelidades ciegas, persecuciones, asesinatos. Algunas claves de la literatura de Orwell

Orwell: 2+2=5 sí acierta a la hora de expresar las locuras y los desvaríos de los regímenes dictatoriales derechistas e izquierdistas. Que el odio y las tropelías de los poderosos ciegan a todos por igual. Y así vemos imágenes de los militares chilenos quemando libros, en plena calle, tras el golpe de Estado de septiembre de 1973, y también, en esos años 70, vemos un desfile de los Jemeres Rojos, que sembraron de muerte y destrucción los campos de Camboya.

Violencia, odio, poder desmedido, fidelidades ciegas, persecuciones, asesinatos. Algunas claves de la literatura de Orwell, claves del fascismo y el comunismo de su tiempo, de lo que sucedió más tarde, en la segunda mitad del siglo XX, de lo que sucede hoy. Cuando Winston y Julia se aman están afirmando la humanidad de las personas, su esencia libre y pacífica, frente a la maldad de los que manejan los destinos de los países y de los pueblos. La libertad estriba en afirmar que 2 más 2 son 4, aunque los políticos nos quieran hacer creer, de forma interesada, que son 5, para engañarnos y someternos.

Orwell presenta paralelismos con Huxley, Philip K. Dick, Bradbury, Golding, escritores que, en el marco de la ciencia ficción, advirtieron de los peligros individuales y sociales de los totalitarismos —o de las conductas totalitarias—. En el fondo, todos recibieron el genial aliento de un visionario de principios del siglo XX que anticipó todo el horror que vendría después: Franz Kafka.

En las últimas semanas, se ha escenificado en el teatro Fernán Gómez de Madrid una versión dramática de 1984, a cargo de Javier Sánchez-Collado y Carlos Martínez-Abarca, que, como el documental de Weck, pone en valor la pervivencia de la literatura orwelliana. En una ocasión, Pier Paolo Pasolini dijo que quizá no podíamos mejorar el mundo, pero sí teníamos la posibilidad de que el mundo no empeorase.            

«Mi esperanza en el futuro consiste en que
las personas mantengan un código moral».

(George Orwell)

Escribe Javier Herreros Martínez | Fotos Caramel films