Incontrolable (3)

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Un alegato emotivo y muy conmovedor

A veces ocurre que existen películas que te dejan pensando mucho tiempo después de haberlas visionado. Trabajos filmados que te siguen emocionando y que parecen mejorar mientras reflexionas sobre ellas con el paso de los días. Esta sin duda es una de ellas.

Incontrolable (I swear en su versión original, que se podría traducir como Yo lo juro) narra la historia real del escocés John Davidson, quien padece el síndrome de Tourette. Le seguimos desde su adolescencia, cuando desarrolla repentinamente la enfermedad, hasta su adultez, cuando recibe la Orden del Imperio Británico (MBE) de la reina por su contribución a la divulgación sobre este síndrome.

En teoría, esto podría no parecer la experiencia cinematográfica más apetecible del mundo, pero nada más lejos de la realidad. Y es que nos hallamos ante uno de los biopics más estimulantes e inspiradores en lo que llevamos de curso cinematográfico.

La película comienza precisamente en el momento en que John recibe su merecido premio. Entra en un salón de baile abarrotado donde está la reina. «¡Que se joda la reina!», se oye de repente. (Y sí, es una historia real: se pueden ver las imágenes auténticas durante los créditos finales).

Después, la narración retrocede a 1983, donde comienza la historia. Vemos a John con doce años, un adolescente normal que sueña con ser futbolista. Para John, sin embargo, siempre seguirá siendo solo un sueño, porque a esta edad comienzan a manifestarse los primeros síntomas del síndrome de Tourette.

John empieza a sufrir tics irrefrenables: movimientos y sonidos corporales repentinos e involuntarios. La situación empeora progresivamente, y resulta que también tiene la variante por la que casi todo el mundo conoce la afección (coprolalia): el acto incontrolable de decir palabrotas y gritar cosas inapropiadas a destiempo.

A John le cuesta asimilarlo y lucha contra ello, pero son principalmente quienes lo rodean los que demuestran ser incapaces de afrontar la cruda realidad. Es víctima de acoso escolar, le expulsan del colegio, su padre abandona a la familia y su madre lo aleja cada vez más de la normalidad diaria.

Varios años después, concretamente a los veinticinco años, le diagnostican el síndrome de Tourette. Para entonces, su situación familiar apenas ha cambiado. Un día, se encuentra con un antiguo compañero de colegio y su madre, Dottie, que padece cáncer. Ella es enfermera psiquiátrica y conoce el síndrome de Tourette. Dottie resulta ser la mujer que cambiará su vida para siempre. Se preocupa por John y le pregunta si quiere vivir con ellos. A partir de ese momento, su vida da un giro positivo. Poco a poco, empieza a mejorar y a ganar confianza en sí mismo.

Incontrolable puede sonar como una historia dura y en consecuencia lacrimógena, pero está muy lejos de llegar a serlo. La película maneja con maestría una amplia gama de emociones, pero predomina un tono optimista y positivo. Afortunadamente, no hay sentimentalismo exagerado ni forzado. Lo que se obtiene, entre otras cosas, son muchas risas y, sobre todo, una sensación reconfortante.

El filme también posee un innegable toque británico, lo que resulta muy beneficioso para el conjunto final. Este rasgo distintivo garantiza que la película tenga una patina de autenticidad en todo momento y que pensemos que nos hallamos ante personas de carne y hueso. El drama realista británico por excelencia aquí está siempre presente.

En definitiva, una película singular y conmovedora que llega al alma, pero de una forma hermosa e inspiradora

Robert Aramayo interpreta al John Davidson adulto, quien pasó tres meses trabajando intensamente con el verdadero John para prepararse. El esfuerzo valió la pena: ofrece una actuación verdaderamente fantástica y, con toda razón, ganó un BAFTA por ella. Lo que realmente impresiona es la forma en que construye el personaje. Es muy simpático y, desde el primer momento en que aparece en pantalla, uno empatiza con él.

Dottie, su (por así decirlo) madre adoptiva, está interpretada por la cálida Maxine Peake. El legendario actor escocés Peter Mullan interpreta al conserje que le ofreció una oportunidad a John y le dio un trabajo. En conjunto, todo el reparto luce excelente.

Las emociones están presentes, por supuesto, al igual que los muchos momentos dolorosos que John ha vivido. Sin burlarse en ningún momento del síndrome de Tourette, la película aprovecha con naturalidad la condición de John y sus tics, y con ellos, las situaciones que ha experimentado personalmente.

En consecuencia, hay mucho de qué reírse, como cuando John decide transportar un paquete de drogas. Pero el momento más hilarante e inolvidable es, sin duda, cuando John conoce por primera vez a otra persona con la misma afección compartiendo el mínimo espacio un coche. Lo que sucede a continuación entre ambos es pura comedia.

En definitiva, una película singular y conmovedora que llega al alma, pero de una forma hermosa e inspiradora. Saldrás del cine con una sensación increíblemente positiva e inspiradora. ¡No te la pierdas!

Escribe Francisco Nieto | Fotos Selecta Vision