La vejez y las raíces donde se ha vivido

Esta cinta es la ópera prima en español de la cineasta marroquí Maryam Touzani y está inspirada en parte en la propia abuela hispanohablante de la directora.
Es una película ligera, humana, con sus recovecos y visos de realidad para con las personas mayores, y es igualmente una película que atrapa y que versa sobre la resiliencia y la alegría de vivir en la vejez.
La casa de María Ángeles en Tánger es un piso sin ascensor, pero abierto a la calle. Es su querido y genuino hogar, en el barrio de siempre, donde ella atesora su acogedora sencillez. Un soleado apartamento en el animado y diverso centro histórico tangerino.
En ese apartamento, María Ángeles ha pasado cuarenta años de su vida, tiempo en el cual ha ido personalizando su casa, desde los exuberantes geranios escarlata de su balcón, su tocadiscos y sus vinilos, hasta sus muebles antiguos o las cucharas de madera de su cocina.
Aunque en el tiempo de su viudez se siente un poco sola, las paredes color atardecer repletas de cuadros le brindan consuelo y una especie de compañía hogareña que incluye sus recuerdos y su atención a los detalles. Pero todo, como vamos viendo, es algo que su egocéntrica hija María Ángeles, que de tarde en tarde la visita viajando desde Madrid, no acierta a comprender y se lo quiere arrebatar.
Es una bonita película. El delicado y cálido drama de Maryam sobre la madurez es un cántico a los espacios físicos que nos sustentan, algo que es más cautivador de lo que parece.
La importancia emocional del lugar y el hogar
Graham D. Rowles, un autor de Psicogerontología, refiere la importancia de la «experiencia geográfica» dentro del contexto autobiográfico de los sujetos mayores, poniendo el énfasis en el valor que dicha experiencia tiene en su salud y estado de ánimo.
Sandra C. Howell refiere, en forma análoga, que la estabilidad emocional de los mayores está ligada de forma paralela a los atributos del lugar y a la integración de la persona en los asuntos comunitarios y del barrio. O sea, que no se puede sacar a una persona de su lugar habitual de hábitat, pues podría tener consecuencias no deseables para su salud y su estabilidad.
Hay una escena donde se ve a la protagonista haciendo sus compras matutinas, muestra a María Ángeles como parte integral de un barrio y de una comunidad vibrante, muchos de cuyos residentes se desenvuelven con naturalidad entre el árabe y el español. La propia Touzani creció allí y es de ascendencia marroquí y española.
De otro lado, en la psicología ambiental, hay un autor que ha retratado muy bien lo que él llama «ecología del hogar»: Robert L. Rubinstein. Este investigador habla de cómo las personas mayores dotan de significado al entorno doméstico que habitan, o sea, el hogar es algo más que un espacio físico, está investido por la persona, es una extensión de ella, de lo cual nos hace partícipe esta película.
Describe en concreto Rubinstein la naturaleza de los vínculos entre los adultos mayores y sus casas, sugiriendo que el hogar se vincula a sus características socioculturales, con cuantos aconteceres han ido sembrando su trayectoria o curso de vida, y también con sus necesidades corporales como la movilidad y otros.
Por lo tanto, esta película está muy bien traída, pues su fondo —al igual que Rowles, Howell y Rubinstein— subraya que el lugar y el hogar representa partes irreductibles de la personalidad (en este caso de la protagonista), y debe ser visto desde una concepción del individuo como intérprete y creador de significados hogareños y del pueblo, que a su vez se conecta con los cambios que se experimentan con los años.
Ocurre con la textura, la luz, el espacio o el sonido, que se adecuan sensorial y físicamente a las necesidades corporales; o la forma de disponer objetos y muebles, en el caso de personas con escasa movilidad que han de tener a su alcance la mesita de la televisión, el lugar donde deposita la prensa y las lecturas o los útiles de comer.
Sin olvidar que el hogar y su ordenación están unidos al curso individual, que se proyecta en la vivienda, con aspectos afectivos y de implicación personal, con grados de vinculación importantes, elementos que son una extensión del ser, como objetos de decoración, retratos y un sinfín de recuerdos que son una prolongación del sí-mismo.

Una actriz de bandera
Esta obra, además de un cántico al propio hogar, es también una oda aún más conmovedora a la presencia en pantalla de una enorme actriz como Carmen Maura. Los expresivos rasgos de ojos grandes de la veterana actriz que ayudaron a definir la obra de Pedro Almodóvar desde sus principios en los 70 hasta Volver (2006), desde entonces no habían encontrado un director con quien colaborar con tanta generosidad.
Esta obra es una película dulce y suave que no pretende desafiar al público, ni siquiera a su protagonista, no es una obra de almodovariana o similar. Pero no sería muy errado afirmar que es el trabajo como actriz más destacado y entregado que Maura ha tenido en años, el cual interpreta con su natural carisma y con la luz interior que ella sabe irradiar.
Dirección y guion
Touzani, la guionista y directora marroquí que ya demostró un toque seguro y cercano con el público en el delicado drama queer El caftán azul (2022), sabe exactamente el caudal interpretativo y artístico que tiene en Maura, cómo enfocar la cámara en ella y hasta qué punto debe mantenerse al margen.
El resultado es un vehículo estelar sincero, pero próvidamente elaborado —ligero, pero con un toque de emoción— que, de seguro, como a mí me ocurrió, será bien recibido por los cinéfilos más veteranos. Así parece demostrarse tras su paso por festivales, que comenzó con su estreno en la recién creada sección Spotlight de Venecia, con un gran éxito comercial y de crítica.
El Marruecos de tantos españoles
Roza el filme cierto exotismo para quienes no conozcan Marruecos. Los títulos de crédito iniciales ofrecen un breve resumen de la historia de Tánger, una ciudad en la costa norte marroquí, a la se accede en un breve trayecto en ferry desde España. Justamente, fue esa proximidad la que convirtió a la ciudad en un punto de encuentro para los españoles que huían de la dictadura de Franco en la década de 1930.
María Ángeles (Carmen Maura), hija de dos de estos inmigrantes, ha vivido en Tánger toda su vida y disfruta de su palpitante energía intercultural. Muestran las primeras escenas a la protagonista paseando alegremente por sus calles empedradas, charlando con tenderos y vendedores de especias locales animadamente, y cocinando apasionadamente mientras suena jazz latino o María Dolores Pradera en su antiguo tocadiscos de vinilo.
A pesar de la muerte de su marido hace algunos años, estos parecen ser años dorados, incluso diría muy dorados para María Ángeles. Una vida tranquila con afectos variados, algo a lo que prácticamente todo el mundo aspira. Todo esto consigue capturar con brillantez la fotografía bañada por el sol de Virginie Surdej y queda arropado por la música de Franziska Henke.

El egoísmo de la hija
Como anticipaba antes, está menos convencida de esta felicidad la única hija de María Ángeles, Clara (Marta Etura), una enfermera en la medianía de edad, agotada por el estrés, que se marchó hace mucho tiempo a Madrid. De carácter agrio, todo su afán es vender la casa materna de la Calle Málaga para comprar un piso en Madrid y que su madre se vaya con ella dejando atrás su casa y su vida.
Inicialmente vemos que la madre se alegra cuando Clara aparece para una visita, algo por lo demás poco frecuente. Pero la alegría de trueca en disgusto cuando descubre el motivo de la visita. Y aquí, Touzani entra a abordar un problema no por mezquino menos frecuente: el interés de algunos hijos por hacerse cargo de los bienes de sus padres mayores en provecho propio y sin reparar en el dolor que ocasionan.
Pues el asunto es que el difunto esposo de María Ángeles puso el piso a nombre de la hija, para facilitarle las cosas a su esposa en caso de su fallecimiento.
La cosa es que, con problemas económicos tras un divorcio complicado, Clara pretende vender el apartamento, el cual su difunto padre le dejó a su nombre, en cuestión de semanas.
Las opciones para María Ángeles son dos: mudarse con su hija a España o ingresar en la residencia de ancianos estatal. Demasiado apegada a Tánger como para irse, elige a regañadientes la segunda opción, aunque pronto se da cuenta de que no encaja en el lugar. «Si estás aburrida, ve a cortarte el vello púbico», le dice a la peluquera de la residencia que insiste en cortarle el cabello; una frase atípica para este personaje tan afable, que Maura pronuncia con un toque de mordacidad.
Con las mismas, la buena señora se marcha de la residencia diciendo que se va a Madrid con su hija, pero a donde se vuelve realmente es de nuevo a su piso que aún no se ha vendido.
Aunque sabemos que la protagonista no podrá salirse con la suya indefinidamente, la insistencia de Touzani en minimizar el trauma y enfatizar la alegría (e incluso el romance) se siente como una verdadera declaración: va a hacer que una mujer de 79 años en una situación desesperada se convierta en una heroína alegre.
Reconquistar su casa y un nuevo amor
Sin hogar tras darse de alta en la institución, María Ángeles trama un plan para ocupar de nuevo y medio en secreto su querido apartamento. Vuelve a su casa, que ha sido vaciada para su venta, y cierra un trato con el anticuario local Abslam (el actor y director Ahmed Boulane, el enfant terrible del cine marroquí, interpretando a un anciano sabio), convenciéndolo de que le vuelva a vender los muebles que le vendió, poco a poco. Además, no tarda en seducirlo, iniciando un romance con él.
En la cinta somos testigos de un amor otoñal intenso y a la vez tierno entre María Ángeles y Abslam, una relación sincera, de mutuo amor y admiración, sensual y romántica, un amor con sexo entre dos personas en su senectud, queriéndose como jóvenes, pero con más sentimiento, diría yo.
Esto es lo que cuenta, más o menos, el guion de Touzani, escrito en colaboración con su marido, el productor y también cineasta Nabil Ayouch (Dilo alto y fuerte, 2022), que se sustenta en un alegre sentido de comunidad y en la afabilidad general del personaje de María Ángeles.

Cierre
No se trata de un drama sobre la supervivencia de una mujer tan profundo ni con una conciencia social tan marcada como ocurre con el filme Aquarius (2016), de Kleber Mendonça Filho, sobre una mujer en litigio con un promotor importante. No, pues, aunque la película guarde alguna similitud en su premisa, esta es una historia mucho más sentimental y centrada en las cualidades personales e idiosincráticas de sus personajes.
La película toma una situación que podría haber derivado en un drama desgarrador cargado de indignación, el de una anciana cuya hija intenta vender la casa donde ella ha vivido toda su vida, pero la directora hace un abordaje ligero, sutil y con encanto.
Touzani crea un personaje inolvidable, se divierte con él y realiza una película que es agradable, pero que consigue contenerse antes de volverse demasiado alegre o demasiado cursi. Los momentos dulces se suceden uno tras otro, mientras María inventa una forma (no del todo legal) de ganar dinero sirviendo bebidas y tapas en su casa cuando hay fútbol en la tele.
El trabajo de interpretación de la Maura dota al personaje de un magnetismo y una excentricidad enormes, en algunos asuntos irracional, y en otros, vertiginosamente auténtica. Con un reparto que acompaña muy bien a la Maura.
La mejor amiga de María Ángeles es Josefa (María Alfonsa Rosso), una monja con voto de silencio que es un instrumento de escucha; lo compararía a una especie de psicoanalista silente a quien la protagonista cuenta todas sus penas, alegrías e incluso su intimidad amorosa, ante la atenta mirada muda de la sor.
Tal vez el libreto podría haber explorado con mayor profundidad la relación madre-hija, que queda esbozada como una relación superficial y tensa. De otra parte, un toque de ambigüedad perjudica ligeramente el final abrupto e inconcluso de la película, donde el filme se beneficiaría de seguir su instinto de complacer al público y, de paso, de la felicidad de su entrañable protagonista.
Pero lo cierto es que es una película delicada, donde Touzani y Maura encuentran el equilibrio perfecto desde el principio. No sabemos cómo va a acabar la cosa, pero sí sabemos que todo ha ido de maravilla durante las dos horas que ha durado el metraje.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Caramel films