Hermanos en un docudrama noir delirante

El desarrollo de la historia tiene su punto de arranque cuando Anker (Nikolaj Lie Kaas) sale de la cárcel por buena conducta, 15 años después de un robo importante de varios millones de coronas suecas que escondió en una taquilla o consigna de una estación. A su extraño hermano Manfred (Mads Mikkelsen) le da la llave, le pide que recoja la bolsa y que la esconda debajo de un árbol en la casa campestre de la infancia.
Siguiendo aquellas instrucciones de Anker, el botín fue enterrado por el hijo problemático de la familia que padece trastorno de identidad disociativo o trastorno de personalidad múltiple.
Anker espera finalmente hacerse con el dinero, pero su hermano ahora quiere que lo llamen «John» —porque cree ser John Lennon— y John no tiene intención de decirle a Anker dónde se encuentra exactamente el dinero, porque ¿cómo iba a saberlo el músico de Liverpool? Pues él ya no es el que era.
En aquel robo hubo un ladrón que huyó con la mitad del botín, una bolsa llena de dinero, que ahora se ha quedado sin blanca y necesita plata, la cual se la va a pedir/quitar a Anker.
Aunque a Anker se tropieza con imponderables, muchas de las claves de su plan le funcionan, pues sale de prisión por buen comportamiento y el dinero está supuestamente donde esperaba. Pero en el curso de tantos años muchas cosas que podían cambiar, efectivamente, han cambiado.
Una variable que Anker no ha podido prever es que su hermano menor, que ha vivido con el trauma de su pérdida como hermano protector, vive con el miedo de volver a perderlo; además a asumido la identidad de John Lennon; a lo que se suma que es un suicida compulsivo y cada vez que lo llaman por su nombre legal, no por John, no duda en tirarse del coche en marcha o lanzarse por una ventana (aunque quiere la suerte de salir siempre indemne).
Con la demanda de alquileres vacacionales, la casa familiar se ha convertido en un lugar de escapada de fines de semana y la propiedad ha pasado a una pareja un tanto extravagante y extrañamente extrovertidos con aficiones estrafalarias como la de la mujer, que es golpear un saco de boxeo, o el marido, que es un artista frustrado del diseño de ropa.
De modo que, en la antigua casa paterna, son ahora Margrethe (Søren Malling) y Werner (Søren Malling), quienes alquilan algunas de las habitaciones. Ella es una exmodelo vanidosa que se dedica al boxeo, mientras que él es un exdiseñador que intenta escribir un libro infantil mientras vive del dinero de un accidente con un airbag explosivo que le estropeó la cara.
Siendo personajes con una mezcla de características extrañas, el guion y las actuaciones los hacen creíbles, incluso considerando que el universo que habitan es una versión exagerada, más violenta y oscuramente cómica de lo que suele ser la realidad.
La cosa es que diversos personajes convergen en torno a la mansión de campo. Anker espera encontrar el dinero enterrado en algún lugar cercano; y Friendly Flemming (Nicolas Bro), un antiguo compañero delincuente de Anker quiere también el tal dinero, y está dispuesto a emplear tácticas sangrientas para conseguirlo, entre otras intentar liquidar a la pobre Freja (Bodil Jørgensen), la tercera hermana de los chicos. Y aquí están los ingredientes principales para que salten golpes y chispas.
Pero el fin de semana se vuelve mucho mejor con la llegada de Lothar (Lars Brygmann), el psiquiatra que ha tratado a Manfred. Cree tener una solución que devolverá al atribulado aspirante a Beatle a la normalidad: formar una banda con todos los demás pacientes mentales que se creen Beatles y permitirles ensayar y dar un concierto.
Para eso, allí están también dos pacientes que se creen Paul y George, que, con John, completan el conjunto para formar la banda, siempre que tengan tiempo para ensayar con sus instrumentos.

La película
Película esta que es una rara mezcla de thriller y comedia negra, a la vez que drama y viaje de autoconocimiento. Referido a dos hermanos, cuando el mayor de ellos sale de la cárcel, el otro, con un trastorno mental disociativo, le acompaña. Van a buscar el botín que este escondió y que asegura no acordarse dónde lo hizo.
Hay un prólogo con animación de escenas interesantes que cuenta sobre unos primitivos vikingos cuyas mañas de igualitarismo se proyecta después en las relaciones entre los personajes.
La historieta cuenta de un joven vikingo que perdió un brazo y se encerró en sí mismo sintiéndose diferente, el punto en que su «sabio» padre, jefe de la tribu, decide que todos los varones se corten un brazo para que todos sean iguales. Por lo que ya su hijo deja de sentirse extraño o marginado.
Hay algo en esta nueva película de Anders Thomas Jensen y es cierta sensación de chifladura jocosa y la sensación de que cuantos aparecen en pantalla se lo están pasando genial, que se divierten y que hacen gala de un humor tan bizarro, disparatado y delirante que el espectador se ríe a gusto.
Tenemos, sin ir más lejos, a la estrella danesa Maks Mikkelsen interpretando al hermano demente, en un trabajo absurdamente divertido. Junto al resto de personajes, uno acaba por sentirse entre amigos, como que el espectador puede llegar a meterse en esta cruda y traviesa comedia negra, tan extraordinaria como inverosímil, sorprendente y de difícil clasificación.

Ensalada (o ensaladilla) de géneros que recuerda por momentos a los Coen, que es también comedia absurda y no pierde el tono social y la impronta de drama familiar de padre beodo y torturador, trufado ello con símbolos de cuento animado y la impronta nórdico-danesa que para nosotros los españoles, no deja de ser algo hasta exótico.
En esta comedia negrísima, donde los Beatles y ABBA se alternan en protagonismo, es sin duda muy entretenida. Resultan muy bien las humoradas y los chistes referidos a Ikea (aunque se trate de daneses sin que se hagan el sueco), hay también un psiquiatra que en los 60 o 70 del pasado siglo bien podría haber pasado como exponente de la antipsiquiatría de R. D. Laing y David Cooper, pero aliñado con ideas marcianas sobre cómo conseguir que alguien deje atrás los traumas de la infancia y recobre la estabilidad psíquica.
Los habituales de Jensen, Kaas y Mikkelsen, son los a hermanos con una relación singular debido a un pasado traumático compartido, lo cual resulta, en general, emocionalmente creíble. O sea, no es raro ver a hermanos disonantes con un pasado de gritos, golpes o severos castigos paternos; lo cual ocurría con cierta frecuencia en tiempos no tan lejanos.
El psiquiatra es un tipo que cuando va al pub no duda en pedirse una docena de chupitos de una sola vez para, al final, acabar con una importante curda y luego sacar a los enfermos del hospital psiquiátrico y armar una especie de psicodrama donde acaban incorporándose Ringo Starr, Paul McCartney y George Harrison, no les digo más. En un noir que acaba riéndose del género mismo, en un filme que es muy oscuro y poco o nada políticamente correcto.

De otra parte, Mikkelsen, con gafas y una increíble permanente, consigue que el espectador lo apoye como adulto con una infancia difícil. Para escenificar esta realidad Jensen utiliza flashbacks de la infancia de Anker y Manfred con su violento padre (Lars Ranthe) para profundizar en su traumático pasado compartido que, como sugiere el título, también involucra vikingos. Jensen encuentra la dosis justa para los flashbacks y convierte la historia de los hermanos en el eje emocional sobre el que gira la historia.
La fotografía de Sebastian Blenkov es exuberante, incluso aunque gran parte de lo que ocurre sucede en la oscuridad, mientras que el diseño de sonido de Eddie Simonsen también es magnífico, asegurándose que el público sienta el impacto de cada golpe, tanto los literales como los metafóricos. Acompaña muy bien la música de Jeppe Kaas.
Cierre
Película que conjuga elegantemente lo absurdo de la situación con el trauma que subraya la ridiculez de los acontecimientos. La insistencia de Manfred en olvidar su propia identidad se convierte en una forma de explorar nuestra capacidad colectiva para olvidar cosas que preferiríamos no recordar.
La película toma su nombre de una historia que Manfred usó para lidiar con el acoso escolar en su infancia, sobre una tribu de vikingos que se amputaron un brazo para que su hermano, que lo perdió en batalla, no se sintiera solo. Trama y fábula bienintencionada, aunque tal vez no muy recomendable.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Avalon