27º Festival de Cine Mudo de Forssa (1): 17–23 agosto 2026

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El teatro de las imágenes vivas

El Festival de Cine Mudo de Forssa, en Finlandia, es una cita imprescindible para los amantes del cine silente. Antes de realizar una cobertura especial este verano, sirva este artículo como una primera aproximación a sus orígenes y a la importancia de su contribución.

El festival tiene lugar en Forssa, una ciudad situada en el corazón de Tavastia Proper, cuyo desarrollo económico floreció durante el siglo XIX gracias a la actividad textil.

No sé muy bien la razón, pero el cine y el mundo textil parecen encontrarse con frecuencia. Muchas figuras importantes de la historia del cine procedían de familias vinculadas a fábricas de tejidos o negocios textiles. Quizá ambas actividades compartían su fascinación por las texturas, el movimiento y la luz.

En Forssa se encuentra el legendario Forssan Elävienkuvien teatteri. Siempre me ha parecido revelador el significado de elävien kuvien: «imágenes vivas». Allí el cine era entendido como un espacio de imágenes vivas, de imágenes en movimiento. Qué lejos queda esa idea de la célebre visión de Máximo Gorki, quien describiría el cinematógrafo como un «reino de sombras», una mera sombra de la vida (1).

Curiosamente, el propio Gorki visitó la región de Forssa en 1906, el mismo año en que comenzaba la actividad del cine. Pero en esas tierras del norte el cinematógrafo parecía concebirse justamente de manera opuesta: no como sombra, sino como vida convertida en imagen. Hay algo profundamente hermoso en esa definición casi poética del cine.

Forssan Elävienkuvien teatteri: Los orígenes

El Forssan Elävienkuvien teatteri fue el primer cine-teatro rural de Finlandia, el primer edificio cinematográfico construido fuera de un entorno urbano en el país. Su actividad comenzó en 1906, impulsada por el pintor Albert Lindfors y por Carl Meyer. La sala original podía albergar a unas doscientas personas, y la tribuna estaba formada por largas bancas de madera.

Hoy el cine cuenta únicamente con 77 asientos, en las proyecciones regulares, pero durante el festival se añaden algunos asientos extra, por lo que el cine puede albergar a 92 personas. Sin embargo, el verdadero atractivo de la sala va mucho más allá de su capacidad.

Cuidadosamente restaurado, el edificio recuperó su aspecto original y se transformó en una sala equipada con tecnología moderna, capaz incluso de proyectar copias en 35 mm. Conserva así la atmósfera acogedora y el encanto de los antiguos cines, por lo que resulta fácil comprender el privilegio que supone ocupar una de sus 92 localidades y disfrutar de una película en un lugar tan envuelto en historia.

Intentaré, pues, ser todo ojos y oídos para quienes no puedan estar allí, entre esos 92 espectadores. De ahí nace también la necesidad de escribir algunos artículos previos: este primero dedicado a la fascinante historia del lugar y un segundo centrado en el propio festival y en su programación del 17 al 23 de agosto.

Gracias a la amabilidad de Kari Glödstaf, programador y director artístico del festival, podré cumplir uno de mis viejos sueños: conocer ese mítico teatro del que ya había leído cuando todavía era estudiante de cine. Uno de esos 92 asientos será, de algún modo, también para nuestra revista y, a través de ella, para todos aquellos que deseen acompañarnos.

Me pregunto si Rodrigo de Mendoza, corresponsal en Hollywood de la revista Arte y Cinematografía, sintió una emoción parecida cuando consiguió acceder al estudio donde se rodaba Amanecer (F. W. Murnau, 1927). Mendoza escribía a finales de 1927: «Gracias a los buenos oficios de un gran amigo nuestro, que lo es también de míster Winfield Sheehan, el cerebro director y organizador de cuanto se produce en los Estudios William Fox de Hollywood, me fue franqueada la entrada en aquel inmenso santuario del arte mudo» (2).

Algo de esa emoción imagino que debe sentirse al formar parte de esos 92 espectadores y contemplar películas acompañadas por música en directo, haciendo que esas imágenes resulten, más «vivas» que nunca.

Es cierto: el santuario del que hablaba Mendoza no era todavía un lugar histórico. Pero debió de sentirse igualmente como un privilegio atravesar aquella entrada.

Pero volvamos al Forssan Elävienkuvien teatteri. Su historia es apasionante porque, de algún modo, el arte terminó encontrándose consigo mismo. Fue el pintor local Albert Lindfors (1860–1922), junto con Carl Meyer, administrador de la finca, quien llevó el cine a la ciudad apenas once años después de la primera proyección de los hermanos Lumière.

Lindfors estudió arte en Estocolmo y realizó viajes de formación por diversas capitales culturales de Europa Central. Durante su estancia en París, entre 1894 y 1897, conoció el cinematógrafo, que despertó inmediatamente su interés. No parece que estuviera presente en la célebre proyección de los Lumière en el Grand Café el 28 de diciembre de 1895, pero aquel nuevo arte de imágenes vivas y en movimiento ejerció sobre él un poderoso impacto.

A su regreso a Finlandia se estableció en Forssa, formó una familia y pronto surgió la idea de fundar un cine cuyos ingresos le permitieran mantener a los suyos mientras él continuaba dedicándose a la pintura. Adquirió un terreno junto al río Loimijoki y allí levantó tanto el cine como la vivienda familiar.

Lo más hermoso de esta historia es quizá esa convivencia natural entre cine y pintura: durante el verano, la sala se transformaba en el estudio del artista; durante el invierno, volvía a dedicarse plenamente a las proyecciones cinematográficas.

Que el lector no imagine una «barraca de feria». Sí, era un edificio de madera, humilde, quizá semejante a aquellos teatros provisionales o pabellones de algunas ciudades europeas. Pero en Forssa aquella supuesta barraca dejaba inmediatamente de serlo. El espacio adquiría otra dignidad: en verano era el taller de un pintor; en invierno, un refugio para las imágenes vivas.

En 1906 abrió sus puertas y con el paso del tiempo se volvió célebre una leyenda relacionada con un incendio en el techo del teatro. Lejos de alarmarse, el propietario habría reaccionado con sorprendente tranquilidad: en vez de participar en las labores para apagar el fuego, tomó su caballete y comenzó a pintar la escena. El incendio había sido controlado y el teatro retomaría sus funciones poco después.

Cuando Albert Lindfors cayó gravemente enfermo, la dirección del teatro pasó a manos de su esposa Emilia. Sin embargo, el peso de cuidar a su marido terminó alejándola también del cine, y en 1921 el edificio fue vendido junto con todas sus pertenencias. Con el cambio de propietarios nació el Forssan Kino. Un año después, en agosto de 1922, fallecía Lindfors, el hombre que había llevado las «imágenes vivas» a Forssa.

El actual cine en sus orígenes estuvo vinculado a la fabricación de telas

Forssan Kino: El cine que se resistió a desaparecer

La sala continuó siendo popular hasta la llegada del cine sonoro. Entonces, incapaz de afrontar el coste de los nuevos equipos y presionado además por la competencia de otro cine local, el propietario Aleksi Anttila abandonó el negocio. El viejo teatro comenzó así una segunda vida inesperada y cambiante: fue gimnasio, tienda de juguetes, comercio de instrumentos musicales, tienda de telas e incluso concesionario de automóviles. Durante décadas, el antiguo cine sobrevivió transformándose continuamente, como si se negara a desaparecer del todo.

A finales de los años noventa el edificio se encontraba ya en un estado ruinoso. Durante años nadie se había ocupado realmente de él y estuvo a punto de ser demolido. Solo la determinación de la asociación Forssa Eläväksi ja Kauniiksi, dedicada a devolver «vida y belleza» a la ciudad, logró salvarlo.

Su impulsor, Ilppo Aaltonen, soñaba con recuperar aquel viejo cine para la memoria colectiva de Forssa. No fue una tarea sencilla: restaurar una construcción tan antigua parecía casi imposible y muchos habitantes consideraban más fácil derribarla que rescatarla. Pero precisamente ahí reside también parte de la belleza de esta historia: la obstinación de quienes se negaron a dejar morir un lugar donde, mucho antes, habían comenzado a respirar las «imágenes vivas».

Y es imposible no ver un eco de aquella misma obstinación en el presente. Porque hoy, más de un siglo después de su nacimiento, el festival de cine mudo de Forssa —celebrado en el pequeño teatro, el cine rural más antiguo de Finlandia— se enfrenta de nuevo a dificultades que amenazan su continuidad.

Otros han tomado ahora el relevo de aquella resistencia silenciosa: entre ellos Ville Koivisto, director ejecutivo del festival, y Kari Glödstaf, su programador y director artístico, a quien prácticamente abordé con numerosas preguntas el pasado octubre durante el festival de cine mudo de Pordenone. En un certamen donde apenas queda tiempo para la vida social, Glödstaf tuvo aun así la paciencia de hablarnos sobre la situación del festival. Y, una vez más, la historia parece repetirse:

«El festival se fundó en el año 2000, así que este año celebramos nuestra vigésima séptima edición. Normalmente ofrecemos entre ocho y diez proyecciones, incluyendo una película muda finlandesa y otras organizadas en torno a una temática anual específica. Cada proyección se acompaña de música en vivo, que varía desde un piano en solitario hasta pequeñas bandas. Incluso hemos contado con orquestas sinfónicas y numerosos conjuntos musicales, así como visitantes de distintos países. En los últimos años, sin embargo, hemos tenido dificultades para recibir apoyo financiero, lo que nos ha supuesto mucho trabajo adicional», explica Glödstaf.

«Los últimos años han sido muy difíciles y el pasado verano nos encontramos en una situación en la que nuestro director del festival, Ville Koivisto, llegó a pensar en cerrar por completo el evento. Habría sido algo muy triste, porque somos el único festival de cine mudo de Finlandia y el más antiguo de Escandinavia. A lo largo de los años hemos proyectado más de 200 películas mudas, incluyendo auténticas rarezas. También he asistido a festivales en Pordenone, Bolonia y Bonn, y puedo decir que no tenemos ninguna razón para avergonzarnos de nuestro festival. Por supuesto, somos mucho más pequeños, pero nuestros programas, músicos e instalaciones están al nivel de cualquier otro. Por eso, que se diga que no contamos con una tradición lo suficientemente larga nos resulta un poco extraño».

Por ello es aún más conmovedor saber que, meses después de aquella conversación, Kari Glödstaf, Ville Koivisto y todo el equipo del festival han conseguido una vez más mantener vivo este pequeño milagro cinematográfico. Tras las negociaciones llevadas a cabo en otoño e invierno, los problemas financieros han quedado resueltos, al menos por el momento.

Este verano, del 17 al 23 de agosto, el festival regresa y nos devolverá a esa atmósfera única en la que las películas mudas siguen respirando gracias a la música en directo, en uno de los lugares más singulares donde el cine sigue siendo una experiencia viva.

El festival ha logrado mantenerse gracias también al firme respaldo de los miembros de la Forssanmykkäelokuvayhdistys ry (Asociación del Cine Mudo de Forssa) (3). Este tipo de apoyo resulta muy importante para su continuidad. Toda la información para hacerse miembro y apoyar el festival se puede encontrar aquí: Become a member | Mykkäelokuvafestivaalit 17.-23.8.2026 Forssassa.

Albert Lindfors, el creador del cine en Forssa

Notas

(1) El escritor ruso Máximo Gorki publicó uno de los primeros artículos sobre el cinematógrafo, titulado El reino de las sombras, en el diario Nizhegorodski listok el 4 de julio de 1896. El texto apareció firmado con seudónimo. En él, Gorki describe una experiencia profundamente desencantadora ante las primeras imágenes en movimiento. Para profundizar en esta percepción del autor, Pedro Paunero publicó en 2019 un interesante artículo en Correcamara, el portal mexicano de cine.

(2) Reportaje de Rodrigo de Mendoza aparecido en la revista Arte y cinematografía, diciembre de 1927.

(3) Fuente: Asociación del Cine Mudo de Forssa (Forssan mykkäelokuvayhdistys ry), Become a member | Mykkäelokuvafestivaalit 17.-23.8.2026 Forssassa 

Fuente de las imágenes y de los orígenes del teatro:

Forssa Silent Film Festival (sitio oficial)

Forssan Elävienkuvien Teatteri (sitio oficial)

Escribe Laura Bondía

Este verano, del 17 al 23 de agosto, el festival regresa