Una vestimenta cargada de significados

Corren tiempos en los que nada es lo que aparenta, lo mismo sucede con la popular camiseta. En contadas ocasiones sirve para vestirse de etiqueta, las más de las veces se combinan con las chanclas para esquivar los rigores de la pertinaz canícula. Al decir de un prestigioso sociólogo, francés para más señas, las ropas que cada cual lleva encima se convierten en signo de distinción y, a la postre, proclaman la clase social de pertenencia y la posición jerárquica ocupada.
De modo que decidir por la mañana ponerse una u otra camiseta, uno u otro pantalón, no depende únicamente del fondo de armario. La rutinaria decisión la condiciona el estado de ánimo del momento y la impresión que se pretende causar entre los semejantes.
Carlos Franganillo se asoma cada día a los informativos de Tele 5 con su traje y corbata a juego, así transmite seriedad y rigor a las noticias que presenta. La versión más transgresora de Mediaset la muestra Jorge Javier Vázquez y demás colegas de los programas de cotilleo. Mientras que TVE tiene en Marc Giró al pulcro exponente del traje exclusivo o a Silvia Intxaurrondo luciendo blusas estampadas con fondos neutros y poco llamativas para no distraer de lo que está contando. La versión más desenfada en la cadena pública la muestran presentadores como Jesús Cintora o Gonzalo Miró en Directo al grano (formato casposo y de chascarrillos), mientras que Marc Sala a veces en el informativo lleva camiseta bajo la chaqueta.
De modo que la vestimenta llega cargada de significados, ya sea respecto al poder o a la jerarquización en el tratamiento informativo de la actualidad. Como ya se comentó, en los noticiarios televisivos sobre los fuegos devastadores de este verano, siempre aparecen unos individuos dando vueltas alrededor de las cámaras —o de Isabel Ayuso— con camisa y chalecos verdes. En planos más amplios se muestra a los afanosos bomberos forestales enfundados en sus uniformes de trabajo, incluido el casco que les protege y oculta la cara. Así la televisión contribuye a visualizar, a la vez que legitima, la diferencia de estatus y responsabilidades de quienes aparecen en pantalla.
Y como las televisiones están para informar de la actualidad y esta va de desastre en desastre, vemos en pantalla cómo se repite un patrón semejante. Se observa en los planos generales sobre el terremoto de Colombia, muy llamativo en la tragedia de la inmigración en Ceuta o en la reciente inundación de Nepal. Planos en los que aparecen cientos de personas desconcertadas, anónimas y malvestidas con una camiseta. Indumentaria que ayuda a identificar a las víctimas, puesto que quienes se aprovechan de la circunstancia o la gestionan, no aparecen o lo hacen con camisa planchada.
Una excepción: la ministra de defensa, Margarita Robles, de visita en Ceuta, se acercó a hablar con una señora mayor que aprovechó los micrófonos para decirle a la ministra que se siente abandonada e indefensa ante la presencia de tanto inmigrante. Imagen de acercamiento que apareció en todos los informativos y tertulias de mañana, tarde y noche. Como la captada días después en la que unos niñatos, también con camisetas de la selección de fútbol, contemplaban sonrientes cómo sus mayores agredían a reporteros de La Sexta y a voluntarios de la Cruz Roja. Imagen vergonzante difundida también en las redes sociales que ahora se pretenden regular.
Pero también las camisetas en contextos como los señalados emiten, a veces, mensajes desconcertantes. Hace unas semanas se pudo ver en el informativo de mediodía a un adolescente que miraba hacia la ciudad de Ceuta desde territorio marroquí. La camiseta tenía los colores de la selección española de fútbol y a la espalda un nombre: Lamine. ¿El muchacho pretendía así mimetizarse con el rico y famoso futbolista? ¿Acaso piensa que toda la población española es como Lamine? ¿Cómo ponerse la camiseta de una selección nacional que le prohíbe entrar en su territorio?
Cuando en los informativos y tertulias políticas muestran planos en los que en medio de la tragedia aparecen ciudadanos con camisetas deportivas, a veces con nombres como el de Messi, Mbappe o Ronaldo, ¿querrán que los espectadores lo interpretemos como la transversalidad de los nuevos tiempos o símbolo del sueño de quienes ya no tienen nada más, ni siquiera derechos?
El carácter prescriptor de la TV es algo que no se puede poner en duda, incluso su doble moral promoviendo la clasificación social. Los maliciosos planos que las televisiones ofrecían con las cámaras sumergidas en los partidos de waterpolo femenino, indujeron a que las jugadoras y sus federaciones, exigieran más respeto y menos sexismo en las retransmisiones.

Por parecido motivo la Unión Europea de Radiodifusión, junto a la Federación Europea de Atletismo, acaban de publicar una «guía» de buenas prácticas para quienes se ocupan de llevar a la pequeña pantalla las competiciones de atletismo. Las imágenes televisivas de las atletas no han de invadir su intimidad ni contribuir a la sexualización de sus cuerpos, por el contrario, se han de priorizar los planos y encuadres que resalten su técnica, el rendimiento o los valores de la competición, recomienda la guía. Por lo que se ve para las televisiones no solo importa la camiseta.
Se acerca el final del verano y las cadenas presentan sus novedades para la nueva temporada. Como en años anteriores, una vez trajinado el negocio en los despachos, se presenta en el FesTVal de Vitoria (del 7 al 12 de septiembre), que es el festival en el que se presentan y/o premian las propuestas de programas más novedosas. Pero antes de ese momento, la mayoría de las cadenas ya nos están machacando con sus «promos», por ejemplo, Manu Sánchez con su El perro andaluz (La 1) que se siente «bendecido» por la audiencia; la versión laica del Ente recae sobre David Broncano que anuncia su vuelta ante una pantalla pixelada. ¡Qué metáfora tan acertada sobre la TV!
Pero los cambios importantes se producen en la reestructuración de los grandes grupos de comunicación: Grupo Prisa o la aparición de La Séptima. ¡Se aproxima año electoral! Los cambios en la programación se reducen básicamente al intercambio de camisetas, unas veces para cambiar de formato y otras además de cadena. En este último caso el más sonado, sin duda, es el de Javier Ruiz que dejó Mañaneros 360 de TVE para irse a la nueva cadena: La séptima (en noviembre comenzará a emitir), liderada por el polifacético José Miguel Contreras, cabeza pensante de proyectos como el de Canal+ o La Sexta. ¿Hay alguna duda sobre cuál será su línea editorial?
No debe haber demasiadas dudas al respecto, porque de inmediato la competencia se ha puesto manos a la obra. Tal vez el cambio de camiseta más llamativo es el de El Chiringuito: su director Josep Pedrerol y el equipo se van de Atresmedia a Mediaset, al tiempo que María Casado deja los informativos de este grupo para presentar un programa de entretenimiento en Canal Sur.
Pero el grupo Atresmedia no se queda desvalido, pues Susanna Griso en su Espejo público (Antena 3), refuerza los «analistas» de plató con un sobrino del alcalde de Madrid y el «ciudadano» Albert Rivera. Aunque en el agrio debate entre Ignasi Guardans y Alfonso Serrano no consiguieron en Todo es mentira (Mediaset) arrojar luz, la experimentada presentadora promete desvelar tanto los secretos del ático de Isabel Ayuso como la cantidad de grupos ultras de visita en Ceuta. ¡Y todo esto sin cambiar de camiseta!
Escribe Ángel San Martín
