Manifestaciones, tertulias y elecciones

Dice el politólogo Giovanni Sartori que la videopolítica no es más que un trasunto del videopoder. Dispositivo que se sustenta en el inmenso potencial cautivador de la imagen, expresión hegemónica en nuestra cultura. De modo que a través de la visualidad se establece, principalmente, el marco de juego de las relaciones del poder político, económico y cultural.
Lo cual no es impedimento para que las normas sigan formulándose y aplicándose bajo el rígido código impreso, como celosamente puso de manifiesto la jueza que admitió el desahucio de Maricarmen en Madrid. ¡Y la que se ha montado con semejante decisión!
Es posible que la coyuntura habitacional sea extrema, pero lo indudable es que el impulso movilizador lo generó las imágenes en las que se veía a la anciana en la camilla introduciéndola en la ambulancia. A lo que siguió el fatal desenlace producido estos días en el hospital.
Una secuencia con tanto poderío, repetida en bucle hasta la saciedad, ha espoleado la conciencia de la ciudadanía en torno al problema de acceso a la vivienda. Parecido efecto tuvo el plano medio de la diputada del PP, exhibiendo un bote de gas pimienta desde su escaño en el Parlamento. Pretendía atrapar, mediante el consiguiente canutazo mediático, la atención del público sobre el problema de Ceuta.
La secuencia del desahucio fue imprevista —menos para la reportera de La Sexta—, mientras que el segundo se planificó en las cloacas del parlamentarismo rancio, solo que este les explotó en las manos. De hecho, la diputada Ana Vázquez ha desaparecido de las numerosas tertulias ultramontanas en las que se prodigaba soltando acusaciones y maledicencias. Bueno, en Todo es mentira (Cuatro) ya la han amnistiado porque vuelve por donde solía para regocijo de Risto Mejide y Pilar Rahola.
En modo abreviado y emocionalmente intenso, el presidente del Gobierno les dará a los informativos otra imagen que de inmediato se convertirá en virus televisivo. Desde la escalinata de La Moncloa y a pecho descubierto ante las cámaras, convocó las elecciones generales. Unos medios utilizaron estas imágenes para loar su capacidad de resistencia, mientras que en muchos informativos solo fue otro motivo para el insulto y la descalificación personal. ¿Cuántos microrrelatos de esta comparecencia se han videofumigado entre las audiencias? ¿Tanto efecto producen estos canutazos televisivos?
Pero es que unos días antes, en plena ebullición de la rejilla televisiva, Pedro Sánchez se asomó como entrevistado en El Intermedio (La Sexta), la réplica se la dio Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, en El hormiguero (Antena 3). Uno insiste en lo mucho que les falta por hacer, pero lo harán, mientras que el otro se quejaba amargamente de lo poco que el Gobierno central hace por ellos. En El Intermedio los presentadores ponían tensión en sus preguntas, mientras que en El hormiguero su presentador le hacía preguntas para que saliera airoso de la faena y reforzara los prejuicios televisivamente asentados.
Y por si quedaran dudas, Vicente Valles, desde La mesa (Antena 3) de Cristina Pardo, esparce más pimienta sobre el inicio de la campaña electoral. Según el periodista, el final de la legislatura ha de atribuirse al plantón de la coya de Junts, macerado con la amnistía que la justicia «oportunamente» concedió a parte de sus dirigentes. Decisión que Ignasi Guardans cuestionó, tertuliano aplomado y con argumentos tan convincentes que logró acallar incluso al integrista alcalde de Badalona en LaSexta Xplica.
Sin dar tiempo a la tregua y plena de ardor guerrero, apareció Isabel Díaz Ayuso en el nocturno Horizonte (Cuatro), conducido al alimón entre los conspiranoicos Iker Jiménez y Carmen Porter. El espectáculo de linchamiento se lo pueden imaginar. El fallecimiento de Maricarmen animó la concentración de tiendas en la Puerta del Sol, denunciando la inhibición de la presidenta ante la degradación del acceso a la vivienda y, como consecuencia, los constantes desahucios.
La Sra. presidenta se empleó a fondo, para regocijo de los tertulianos, insultando prioritariamente al presidente del gobierno y a los concentrados en las distintas plazas, entre los cuales —según ella— alguno era terrorista. De todos modos, en Malas lenguas (TVE), Ernesto Ekaizer hizo el resumen más acertado de esa entrevista cuando Jesús Cintora le solicitó su opinión sobre la misma. En tono serio contestó: «¡Lo lógico después de 4 cubatas!». El resto de los miembros de la mesa rompieron en risas, incluida la bancada conservadora.

En el programa El intermedio (La sexta), El Gran Wyoming salió en defensa de su reportera Andrea Ropero porque la habían criticado por el abusivo tratamiento visual del desahucio de Maricarmen. Sin embargo, el presentador se ratificó en lo hecho porque había que «dar visibilidad» al caso de la anciana, sin olvidar que es uno entre otros miles.
En parecido sentido se pronunció uno de los Javis en el programa de Marc Giró (Cara al show, La Sexta), vino a decir que vale la pena todo esfuerzo en dar visibilidad a las diferencias de identidad sexual. Y como a veces sucede en este programa, continuaron con la publicidad blanca del producto que da el pie a la entrevista, en este caso: La bola negra.
Al igual que en La revuelta (TVE), se pasó muy de puntillas por la polémica en torno a la inoportuna incorporación en la película de la canción Soldadito español. Para algunos analistas no es legítimo blanquear de esta manera un producto musical, como el citado, cargado de tantas connotaciones y no precisamente democráticas. ¿Por la visibilidad vale todo en TV?
Desde luego que la actual euforia televisiva invita a pensar que, en efecto, los comportamientos se condicionan con imágenes. Al menos la notoriedad social se consigue visibilizando incluso lo más violento: peleas, maltratos, cargas policiales, humillaciones, etc. Lo cual apunta a que no corren buenos tiempos para ejercer la libertad de información, como se pone de manifiesto mediante prácticas tan dudosas como la de subir a las redes declaraciones autoeditadas, no permitir preguntas en las ruedas de prensa o retirando las acreditaciones a los medios incómodos para Trump.
Sin embargo, el uso intensivo de imágenes televisivas no explica cómo es posible lanzar al mundo estampas como las generadas por la inmigración en Ceuta y el desconcierto de las autoridades españolas. Imágenes que se producían al mismo tiempo que miles de ciudadanas y ciudadanos plantaban tranquilamente sus tiendas reivindicativas en decenas de plazas mayores. Fueron también muy edificantes los planos generales que las televisiones nos ofrecieron de los miles de fans de Shakira haciendo cola ordenada para acceder a sus conciertos.

Al menos en los eventos privados se visibiliza una organización eficiente y todo lo contrario cuando intervienen las instituciones públicas. Y en el fondo del plano las movilizaciones por la educación, la sanidad o la justicia. ¿Esto tendrá algún mensaje oculto?
Como las empresas de comunicación daban por descontado el adelanto electoral, con tiempo fueron posicionándose ante el resultado vaticinado por las encuestas. Tal vez el más llamativo es el caso de Mediaset —ahora bajo control financiero de un fondo chino—, materializado en el canal Cuatro con programas tan ultraconservadores como Todo es mentira, Horizonte o En boca de todos. Atresmedia reforzando su giro conservador y litigando judicialmente contra Mediaset por un concurso.
RTVE y sus cambios en las cabeceras de los espacios de infoentretenimiento como el recién estrenado Cosas nuestras (La 1), apuntan hacia el posicionamiento en período electoral. Programa, uno más, que los sindicatos apuntan en la lista de las privatizaciones que está aplicando RTVE. Muy semejante a lo que hace el PP con las comisiones de investigación en el Senado, incluida la que se dedicó a investigar a RTVE, comisión cuyos miembros fueron gratificados económicamente sin haber hecho trabajo alguno.
Un ejemplo definitivo de videofumigación es la iniciativa de Trump de poner en marcha un canal propio de televisión. Así todo el mundo se enterará de lo que vale un peine y si no les queda pelo, por orden del citado presidente, deberán suscribirse a los directos de las ejecuciones sumarísimas. ¿Existirá otra forma de crueldad más inhumana? Para que luego digan que el voto no importa.
Escribe Ángel San Martín
