Kakeru (3)

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Almas (infantiles) de metal

En un Japón de un futuro cercano, la comodidad automatizada se introduce silenciosamente en la vida cotidiana mediante drones de reparto y electrodomésticos inteligentes.

Hirokazu Koreeda presenta una sociedad que intenta sobrellevar la pérdida con asistencia tecnológica, una premisa que resulta dolorosamente similar a nuestra era de confort algorítmico.

La corporación REBirth convierte el duelo en un servicio de alquiler, arrendando réplicas de niños con inteligencia artificial de apariencia realista a familias que sufren una pérdida. Este servicio llega al frágil hogar de Otone Komoto y su esposo Kensuke.

Dos años antes, un repentino accidente acabó con la vida de su hijo de siete años, Kakeru. Su hogar se ha sumido en una silenciosa rutina de supervivencia, hasta que llega un paquete de la compañía.

De ahí surge un sustituto mecánico, interpretado por Rimu Kuwaki, que viste exactamente la misma ropa que llevaba el niño al que perdieron. Es una imagen nítida y devastadora, de esas que hacen que la ciencia ficción se perciba como algo doméstico antes que como algo futurista.

La historia comienza con una familia transformada, obligada a enfrentarse a una presencia sintética construida a partir de sus recuerdos más dolorosos. Koreeda utiliza este planteamiento para examinar la sanación asistida por la tecnología, tanto como fuente de consuelo como en calidad de provocación emocional.

La llegada de la réplica genera una fricción ideológica inmediata entre los padres, lo que refleja la forma en que distintas generaciones reaccionan ante un cambio tecnológico repentino. Otone, una arquitecta que construye precisas maquetas analógicas de viviendas, recibe al androide con una inmediata apertura emocional. Ella busca un espíritu vivo bajo la superficie sintética y trata al muchacho como un posible vehículo para una conexión real.

Kensuke, por su parte, un artesano de la madera, se acerca al dispositivo con una profunda desconfianza. Ve al niño como un aparato sofisticado, una mascota digital; incluso llega a compararlo con un robot roomba de esos que sirven para limpiar. Establece una distancia tajante, mantiene una separación física y le ordena al androide que se dirija a él como a un desconocido.

Haruka Ayase y Daigo Yamamoto hacen que este conflicto resulte evidente mediante una precisa expresión corporal. Ayase dota a Otone de movimientos delicados y una mirada de ojos muy abiertos, encarnando a una madre dispuesta a creer. Yamamoto, por su parte, le otorga a Kensuke una presencia encorvada y pesada, convirtiendo su duda en una postura física.

El guion sigue la resistencia de Kensuke a medida que esta se atenúa poco a poco, trazando un camino inusual hacia un vínculo de carácter paterno, a medida que antiguos rituales familiares resurgen a través de la máquina. Es aquí donde la película se aleja, con sutileza, de los convencionalismos propios de la ciencia ficción de estudio. La amenaza no proviene de una rebelión ni de circuitos que se descontrolan; la tensión surge, en cambio, del anhelo, la costumbre y la necesidad humana de dar forma a la ausencia.

El lenguaje cinematográfico de Koreeda aborda el mundo natural como un contrapeso necesario frente a una vida automatizada y sin fricciones. El resultado es accesible y sutilmente rico; entrelaza la arquitectura, la luz solar, la música y la memoria en un estudio sobre el duelo —un duelo que la tecnología puede imitar, contener o provocar, pero cuya singular carga humana nunca llega a medir por completo.

En definitiva, esta película ofrece un sereno cuento de hadas que sustituye el terror típico de la ciencia ficción por un análisis íntimo del duelo parental. Si bien los cambios estructurales en la segunda mitad introducen un enfoque narrativo irregular, las sólidas interpretaciones de los protagonistas y la impactante cinematografía mantienen el interés del espectador.

Al final la obra funciona mejor como una exploración íntima de la vida doméstica que como una extensa epopeya filosófica.

Escribe Francisco Nieto | Fotos Vértigo Films