SU MAJESTAD MINOR (0)

Published on:

sumajestadminor0.jpg
Título original: Sa majesté Minor
País, año: España-Francia, 2008
Dirección: Jean-Jacques Annaud
Producción: Xavier Castano
Guión: Sandro Agenor y Gérard Brach
Fotografía: Jean-Marie Dreujou
Música: Javier Navarrete
Montaje: Noëlle Boisson
Intérpretes:

José Garcia, Vincent Cassel, Sergio Peris-Mencheta, Mélanie Bernier, Claude Brasseur, Rufus, Jean-Luc Bideau, Taïra

Duración: 101 minutos
Distribuidora: Alta Classics
Estreno: 12 diciembre 2008
Página web:  http://www.studiocanal-distribution.com/
xml/flash.html?cfilm=51861

Cine “pánico”
Escribe Juan Ramón Gabriel

sumajestadminor1.jpgPlanteado como una sátira sobre el poder, el relato fílmico que pretende pergeñar Jean Jacques Annaud fracasa en sus intenciones por la desmesura satírica que lo devora antes de empezar a rodar. La narración del ascenso y caída de Minor, su metamorfosis de porquero, mitad humano mitad porcino, en rey de la tribu que habita, es un rosario de despropósitos sin pies ni cabeza.

La denuncia de los defectos sociales y la estigmatización de la debilidad humana, la crítica de los mecanismos de relación y estratificación inherentes a cualquier asociación civilizada, pierde su dispositivo irónico y mordaz por la hipertrofia del instrumento (el propio y excesivo regodeo en la farsa misma) en detrimento del tema objeto de escarnio (el mecanismo que rige la sumisión y aceptación del poder).

sumajestadminor4.jpg

Toda la película se refocila en un humor grosero, de sal gruesa, como al principio de su existencia se regodea Minor entre el lodo de su porqueriza. En ningún momento la narración podrá despojarse de este “barro estructural”, siendo su desarrollo una continua secreción de detritus pseudo-irónicos que conforman una costra de zafiedad y chabacanería indelebles, aburridos y groseros. La búsqueda de lo desopilante deviene, paradójicamente, en una obstrucción que tapona cualquier posible “orificio” de salida para una historia que paulatinamente se enfanga hasta la hediondez.

sumajestadminor3.jpgLo escatológico excrementicio, terrenal y humano, demasiado humano, junto con una procacidad exhibicionista y sin fundamento, ocupan e invaden toda la trama, puerilizándola y banalizándola, impidiendo que se corporice el referente que se pretende ridiculizar.

Como escenario de todo este entramado, de este engendro en imágenes, se utiliza la época arcaica griega, una isla cicládica representativa del periodo minoico (siglo XVII antes de Cristo); escenario con el que se intenta representar una etapa en la que la división entre pensamiento mítico y racional todavía no se había afianzado; en la que lo instintivo domeñaba sobre lo racional, a modo de arcadia social.

Para ello, en paralelo al apartado antropológico de constitución y funcionamiento de una organización tribal, también se muestra el espacio mitológico por el que deambula el dios Pan, su concreción en sátiro o fauno, especie de oráculo de los impulsos primitivos e irracionales, al tiempo que consejero áulico y salvaje del desconcertado porquero transmutado en entronizado rey por el azar y la credulidad de sus convecinos.

sumajestadminor2.jpgQuizá sea este aspecto, la ilustración del bosque dionisiaco y sus habitantes (sátiros, centauros y ninfas), el mejor logrado, puesto que es el que se aviene propiamente con la voracidad irreverente del guión. Vincent Casel encarna convincentemente el papel de Pan, con exceso y desproporción, histriónico y salvaje; consecuente su personaje, el único, con la historia. Su priapismo incontrolado, su afán sodomita, su sexualidad desatada, propicia los pocos momentos en que el espectador puede esbozar una sonrisa, pequeña y ladeada.

La belleza de Melanie Bernier no es equipaje suficiente para dotar de entidad a su personaje, pero sí refugio para evadirse de tanta mediocridad.

El resto de situaciones y de actores pululan en medio del maremágnum por el que se ven obligados a transitar, un popurrí de toda una serie de aspectos de la naturaleza humana ensartados sin ton ni son (hipocresía, celos, religión, obediencia, servilismo…).

¡Ah! Se nos olvidaba reseñar el componente zoofílico, el animalismo que caracteriza al personaje protagonista y a la condición (infra)humana, según el filme, en general. La rival en las lides amorosas de la bella Clytia (la mencionada Melanie Bernier) es una cerda (literal). La aparición de una calavera, perteneciente a la difunta madre del protagonista, sirve como demolición de toda la tragedia shakesperiana: todavía no es hora del héroe dubitativo y melancólico.

Cierto onirismo de base surrealista, vía infografía y píxeles, adorna algunas secuencias sin sentido de esta desnortada y extraviada sucesión de capítulos del desconcierto.

Rodada en España, concretamente en algunos enclaves de la costa alicantina y en la Ciudad de la Luz, con patrocinio de la Generalitat Valenciana, TVE y el omnipresente y ubicuo Jaime Roures (Mediapro), tal vez el influjo hispánico (el esperpento depauperado, la astracanada desatada, el garcíaberlanguismo decrépito y el azconismo satisfecho) haya infestado la brújula del francés Annaud, aunque su  guión y dirección tampoco desmerecen.

sumajestadminor14.jpg