DocumentaMadrid 09 (3): creación documental largos

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En la diferencia está el gusto
Escribe Eva Cortés

El arenalDe los veintidós largometrajes que se que se han proyectado en la Sección de Creación Documental, he podido disfrutar de dos de ellos: El arenal, de Sebastián Sepúlveda, y Boris Ryzhy, de Aliona van der Horst, dos buenas creaciones muestra del gran nivel de este año. Ambos documentales coincidieron en la sesión de las 19’30 horas del martes en la sala 9 de los Cines Princesa de Madrid.

Es justo esto lo que tienen en común ambos documentales, la coincidencia de proyección, porque la verdad es que son, cada uno en su calidad individual, bien diferentes, como el cielo y la tierra.

Por un lado, El arenal, de  Sebastián Sepúlveda, rodada en Guajará, una comunidad en la selva amazónica de Brasil, se preocupa de mostrarnos una realidad actual, de enseñarnos cómo un grupo de personas sobrevive únicamente con lo más absolutamente necesario, con la ayuda únicamente de la naturaleza, de mostrarnos cómo la construcción de un macro-puente cambió su ritmo de vida.

La directora de Boris Ryzhy, Aliona Van, nos traslada al pasado. Junto a ella y a la hermana del joven poeta Boris, paseamos por la calles de Ekarimburgo en Rusia, intentando averiguar los motivos que llevaron al protagonista hasta el suicidio.

Aliona consigue reflejar, a partir de la reconstrucción de la vida de una persona, desde su infancia hasta su muerte, las vivencias de toda una época, de una generación pérdida entre los cambios políticos sucedidos en Rusia en las décadas ochenta y noventa.

Boris Ryzhy

Con esta mera introducción de contenidos ya podemos apreciar la diferencia entre ambos documentales. Pero la cosa no queda ahí, puesto que los planteamientos técnicos también son bien diferentes.

La preocupación de Sebastián por conseguir el realismo y naturalismo que comentaba antes, le llevan a rodar cámara en mano y en terminar presentando un montaje que conserva la imagen bastante intacta, sin apenas retoques. Imágenes movidas grabadaos acompañando el caminar de los protagonistas; noches en las que apenas se ve nada, donde no se han empleado recursos de iluminación; primeros planos de los habitantes de Guajara, que nos acercan a su modo de vida, a sus rutinas selváticas. El punto de vista lo sitúa siempre a la altura de los ojos del espectador para que vea a las gentes de tú a tú, con suma naturalidad.

Además, los testimonios parecen no estar tampoco demasiado editados. Algunos no se expresan bien o dicen palabras mal sonantes que no han sido cortadas.

El arenal

La realidad de Guajara, rutinaria y con poco ocio, hace que los habitantes se aferren a sus creencias como válvula de escape, a los misterios y a las leyendas del arenal. Los testimonios sobre estas leyendas se contradicen, lo que le ha venido muy bien a Sebastián en su creación de una atmósfera totalmente pegada a la realidad.

Con la construcción del puente, la civilización les queda a pocos kilómetros y su arena cargada de leyendas empieza a interesar al otro lado del puente. Su incultura les hace caer en malos acuerdos que les llevan a que el dinero recibido a cambio de arena, sea invertido en cosas poco productivas, como una iglesia o un campo de fútbol.

Esto pasa continuamente en la actualidad cuando las partes negociadoras no están en igualdad de ningún tipo. Sebastián, con un relato sencillo y simpático, nos conciencia una vez más de un tema tan trascendental como la importancia de la educación, las desigualdades sociales y económicas y los problemas en los lugares subdesarrollados.

La creación de Aliona es mucho más cuidada técnicamente hablando. Su trabajo es poético -no podía ser de otra manera puesto que nos habla de un poeta-, su trabajo es de investigación más que de concienciación.

Así, intercala poemas del protagonista -leídos en voz en off- con los testimonios de las personas que pasaron por su vida: algunos testigos directos, como su mujer, su hijo, su madre o sus amigos; y otros más indirectos, como sus vecinos.

La idea es buscar en sus poemas un porqué a su forma de actuar, a la forma en que acabó con su vida, mientras nos trasladamos al momento en el que el poema fue escrito.

Muchas panorámicas de los lugares por los que van pasando, planos medios de los testigos indirectos y primeros planos de las personas cercanas a Boris, no sobra ni un plano. Cada palabra va acompañada perfectamente de su respectiva imagen.

El auténtico poeta Boris Ryzhy

Un ejemplo del viaje a través de sus poemas, se produce cuando visitamos a sus antiguos vecinos en el barrio de la chatarra y después se nos lee un poema sobre eso; o cuando conocemos a su mujer para después leernos el poema que escribió a su musa; también cuando visitamos a la viuda de un capitán al que Boris le escribió un poema para el día de su funeral.

Todo está cuidado con mimo. Es un documental repleto de subjetividad y sugerencias que muchas veces invitan a la reflexión. ¿Puede el sufrimiento por los demás acabar con la vida de uno mismo?, ¿es la política un arma tan poderosa como para frustrar tanto a una persona y llevarla al suicidio?

Un documental de libro que demuestra que su autora es buena conocedora de la técnica. Aprovecha bien todos los recursos a su alcance: vídeos, fotos, música, testimonios, todo en perfecta armonía para conseguir la reconstrucción de una vida, para reconstruir la situación política de un país en la historia, para buscar respuestas.

Ingenuidad y cultura, realismo y subjetivismo, presente y pasado, sencillez y recargamiento: las dos caras de la moneda documental han tenido cabida en una misma sesión, demostrando el alto nivel y calidad de esta edición.

Si el año pasado Uruguay y Bulgaria recibieron reconocimientos, quizás éste Chile y los Países Bajos que de allí son las producciones de estos documentales, formen parte del palmarés del festival DocumentaMadrid 2009.

Los encuentros distentidos con los realizadores es uno de los atractivos de DocumentaMadrid