Palmarés y homenaje a Basilio Martín Patino
Escribe Adolfo Bellido López
Los festivales de cortos que se celebran de forma ininterrumpida a lo largo del año en España, suelen ofrecer, en general, más de lo mismo. No solamente en lo que se refiere a los filmes españoles, sino también con respecto a los de otras nacionalidades. Basta comprobar los títulos que se pasan en un festival con los que se proyectarán (o se proyectaron) en el de al lado. Se repiten mucho.
En principio, cabría pensar que el problema de la (fatal o nula) exhibición de cortos es algo inherente a España, pero tal hecho es general. Basta ver como los cortometrajistas procuran, ávidamente, cuando están en un festival, obtener las bases de todos los certámenes posibles (hablando con unos y otros, de esta o aquella nacionalidad) con el fin de poder enviar allá, al que otros conocen, la misma película que ahora acaban de proyectar. Hay que pasearse por todos los certámenes posibles con el fin de darse a conocer y pescar si es posible algún premio. Por ello saltan de festival en festival. Pocos terminarán, de todas maneras, por adquirir un reconocimiento.
Si, por ejemplo, pasamos a cotejar el listado de los cortometrajes presentados en Huesca con los que han sido seleccionados para el inmediato festival de Cinema Jove, podremos comprobar la coincidencia de varios títulos. En la presentación del certamen valenciano, Rafael Maluenda, su director, lo dejó claro: los largometrajes que irán a la Sección oficial de Cinema Jove son inéditos en España, algo que no es posible decir de los cortos a concurso. Duro lo tienen los realizadores que se dedican a este tipo de cine.
Huesca lo tiene un poco más difícil que otros festivales. ¿Por qué? Simplemente porque aquí sólo se proyectan cortos realizados en 16 y 35 mm. O sea, se eliminan, en principio los cortos que se realizan en sistema digital. Hecha la ley, hecha la trampa. ¿Quién puede asegurar hoy que un título ha sido rodado en digital o en formato cine de 16 o 35 mm? Difícil saberlo. Simplemente basta (la mayoría de los realizadores de películas en digital lo hacen) con editar copias en 16 y 35 mm y hacerlas pasar como rodadas de esa forma.
El método digital es, sin duda, el más utilizado actualmente para rodar filmes, tanto cortos como largos. El hablar hoy de formato cine es una quimera o un capricho. Una forma con la que algunos tratan e defender unas determinadas parcelas que han sido superadas. O lo que es lo mismo, negar la evolución (rápida y de mayor facilidad de utilización, con sus pros y sus contras) de la expresión por medio de la imagen.
Y si no se lo creen, pueden preguntárselo a Basilio Martín Patino, que ha sido uno de los (grandes) realizadores homenajeados este año en el Festival de Huesca. Se le concedió el premio Ciudad de Huesca por, según dijo el presentador en la sesión de clausura, su labor en el campo documental. Patino al oírlo debió pensar "qué cruz, qué habré hecho yo para que me sigan colgando este sambenito".
Algunos espectadores, incluso críticos cinematográficos (un grupo casi en peligro de extinción ante la presencia de tanto furtivo merodeador) confunden documento con documental o piensan que un documental es un retrato objetivo de la realidad, presentada, por tanto, de forma pura y dura.
El cine de Patino se inscribiría, si se le quieren poner etiquetas de difícil catalogación, como documento antes que como documental. Se trata de juegos sobre la realidad, que el director nos presenta, en un afán por transmitir su pensamiento sobre nuestra Historia. Nunca el realizador de La seducción del caos ha realizado documentales en el sentido que se le da a este género cinematográfico. Y es que el documental no existe. O si se afirma lo contrario habrá que afirmar que todo el cine, en mayor o menor medida, lo es.
El homenaje a Patino
Patino es, no lo vamos a descubrir ahora, uno de los más grandes realizadores de nuestro cine. También uno de los más originales e innovadores. No sólo lo demostró con Nuevas cartas a Berta, Queridísimos verdugos o Canciones para después de una guerra… también ha explicado su rebeldía y su ansia de encontrar nuevos caminos de expresión en el mundo de la imagen, con otros excelentes títulos realizadospara cine o para televisión, para exposiciones o para promocionar eventos.
Como ejemplo, ahí está su serie de siete capítulos para la televisión andaluza, Andalucía, un siglo de fascinación; la inolvidable Madrid; la desencantada Octavia; el contra-retablo (historia de la imagen en el siglo XX) de las Edades del Hombre de Salamanca 1992 (Holoscopio), que proyectó en las catedrales salmantinas y donde enfrentó su obra audiovisual al retablo de la Catedral Vieja salmantina; Homenaje a Madrid, un ensayo a triple pantalla ofrecido en el Conde Duque de Madrid; o la inmensa reflexión sobre un lugar y unos personajes (o familias) que caminan por sendas diferentes, que conducen a la guerra (in)civil y que se es uno de sus últimos trabajos, Espejos en la niebla.
Huesca no presentó la exposición que engloba todo el inmenso ensayo audiovisual que convierten a esos espejos en un inmenso museo sobre la Historia. Un bucear sobre lugares que nacían y mundos que desaparecían, observados como recuerdos que se van borrando con la niebla del tiempo. Patino ha intentado adentrarse en esos mundos nebulosos y recuperar un pasado para proceder a indagar en la realidad de una existencias. Una obra que provoca más interrogantes y dudas que afirmaciones.
Espejos en la niebla es un ejemplo más de su rebeldía ante formas de artes caducas, transformadas en otras novedosas formas de exhibición: la imagen vista como un todo. Una obra, ésta, que seguía a sus trabajos inmediatamente anteriores realizados para la exposición Universal de Aichi (Japón) o a la inolvidable lección magistral preparada para ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca (2008), Palimpsesto salmantino, y que precede a su trabajo (ahora en plena fase creación) para la Exposición Universal de Shangai
Espejos en la niebla, aquí en Huesca, se proyectó en una sala de cine, ordenando las ochos partes que, en la exposición, podían ser visionadas en ocho cabinas individuales. No es lo mismo el proyecto general que la particularización que pudieron contemplar los espectadores. La gran pantalla de cine donde fue proyectada hacía perder esa especie de diálogo personal con cada uno de los que transitaban de cabina a cabina. De todas formas, al menos, el público oscense pudo intuir por dónde camina actualmente la obra del siempre joven y sorprendente realizador salmantino.
Este último ensayo patiniano fue complementado, en este homenaje del certamen, por títulos tan importantes como Madrid, Ojos verdes y Casas Viejas (dos capítulos procedentes de Andalucía, un siglo de fascinación), Queridísimos verdugos o el corto que recientemente ha complementado esa historia de los verdugos españoles, A la sombra de La Alhambra.
Los que han seguido estas películas, se han podido afianzar en el verdadero significado de la obra de Patino, el gran realizador, por desgracia, desconocido por muchos aficionados al cine. Después de visionar sus juegos, de aceptar sus retos, de reflexionar sobre la mentira y la verdad de sus imágenes, me figuro que nadie en Huesca podrá preguntarse algo tan peregrino como suponer que Patino no tiene la suficiente categoría para ser homenajeado en Huesca. A no ser que tal retórica termine por volver la pregunta a la inversa.
Con muy buen acierto, el certamen ha editado un libro centrado casi en su totalidad en su último trabajo audiovisual (el título del libro es Espejos en la niebla, un ensayo audiovisual de Basilio Martín Patino) y que contiene además un DVD del filme. Los autores de los trabajos que conforman la publicación son Aurora Fernández Polanco (Patino, un calidoscopio dotado de conciencia), Francisco Javier Frutos Esteban (Constelación Patino), y dos críticos de esta nuestra casa, Encadenados: Milagros López Morales (que aporta dos trabajos, Basilio Martín Patino o el castillo de la pureza y Espejos en la niebla) y quién esto escribe (Reflejos del pasado). El libro se complementa con la biofilmografía de Patino y con una amplia ficha sobre el ensayo audiovisual objeto de análisis.
El libro lo presentamos Milagros y yo al mediodía del día del cierre del certamen (sábado 13) y con anterioridad a la rueda de prensa de Patino. Actos que acogieron a una gran cantidad de periodistas y de público en general.
Entrañable Patino en sus contestaciones ante las numerosas preguntas que se le hicieron, se mostró humilde, claro, certero e irónico en sus palabras. Se expresó así, con la verdad de un castellano viejo, al igual que lo haría luego por en la noche, en el acto de clausura del certamen donde se le hizo entrega del premio Ciudad de Huesca, antes de la entrega de los diferentes premios oficiales del certamen. Lastima que la clausura fuera un acto un tanto desvaído y presuroso, donde además falló parte del vídeo montado como recuerdo a su obra. Patino se emocionó ante los aplausos de un público entusiasta que llenaba el teatro Olimpia. Sus palabras de recuerdo, agradecimiento, justas y elocuentes, supieron a poco en su brevedad, aderezada con despistes reales o intencionados. Y es que, como él dice siempre, tiene flaca memoria. Insólito que eso le pase al gran buscador de memorias. Por eso, cuanto lo dice, o se equivoca, no podemos más que sonreír, al ver reflejado un cierto brillo en su pícara mirada.
Días antes, en el mismo escenario, el teatro Olimpia, Angelopoulos había recibido el premio Luis Buñuel por su obra. Una buena forma de emparentar, en el mismo año, a dos autores que hablan de la memoria, del paso del tiempo, de la Historia de sus respectivos países (Grecia y España) a través de las historias que cuentan en imágenes. Supongo que el director de La mirada de Ulises quedaría sorprendido al llegar a ese gran teatro y comprobar que su entrada que simula una edificación de la Grecia clásica.
De Angelopuolos se proyectaron, como en el caso de Patino, algunas de sus importantes películas. Faltó la que quizás es su obra por excelencia,. El viaje de los comediantes. Tampoco se pudo ver, probablemente por problemas inherentes a la distribución, su último filme, El polvo del tiempo, presentado en el último festival de Berlín.
El Festival de Huesca publicó también un libro sobre el director griego. Una interesante aproximación a su obra, escrita por Manuel Vidal Estévez y de título Poemas de la desolación. El libro, como en el caso del de Patino, también se complementa con un DVD, Un lugar en el cine de Alberto Morais.
El palmarés
Los cortos, en su mayor parte, se adscriben a unas determinadas formas de exposición y narración. No todos claro, pero si una gran parte. Es como si para realizarlos se siguieran unas normas establecidas y casi rígidas, contagiando a unos y otros. Pocos se adscriben a un proyecto consistente en contar en escasos minutos una historia o una idea.
Una gran parte sólo parecen tener el objetivo claro de conducirnos a una sorpresa final o de ofrecer un chiste (pequeño o alargado) logrado o más o menos forzado. Otro tipo, género, o como se prefiera llamar, parece ser una secuencia (o secuencias) sacadas de un largometraje. En fin, los hay incluso que simplemente presentan una breve ocurrencia, mientras otros son disparatadas muestras donde todo es posible dentro de una (normalmente vacua) originalidad tan absurda como inútil.
No pueden confundirse estas producciones, ni mucho menos, con los verdaderos cortos innovadores o vanguardistas que también los hay. Muy socorrido es el presentar cortos de animación (ordenador, muñecos de plastilina, dibujo tradicional), sin olvidar los denunciatorios o expositivos de una realidad. Varios son equivalentes a una simple frase (del estilo de los cuentos brevísimos de Monterroso), otros se asemejan a un cuento normal, mientras que algunos se extienden como si de un capítulo interminable de una novela se tratase, sin saber ya si buceamos en el campo del mediometraje.
En Huesca se pueden encontrar, entre los numerosos cortos proyectados, esos modelos y muchos otros. En su momento dimos cuenta de los premios del Concurso iberoamericano de cortos, pues bien los premiados en ese concurso, como se sabe, pasan a competir en el concurso internacional. Uno de esos títulos galardonados ha recibido el primer premio del concurso internacional de cortos. Concretamente la película que recibiera el tercer premio en el Concurso iberoamericano. Un corto, pequeño en duración (9 minutos) pero grande en exposición y logros. Se trata de Tierra y pan del mexicano Carlos Armelia, que ha conseguido, además del primer premio del Concurso internacional, el premio de la critica.
Tierra y pan llegó a Huesca avalada por varios premios recibidos en distintos festivales. Es un excelente corto rodado en un plano secuencia, que habla sobre la soledad, el hambre, la negación y el abrazo de una tierra a veces fértil, a veces hosca.
El segundo premio fue para un filme también ampliamente premiado en festivales de allá o más allá. Sin duda seguirá siendo premiado por lo original, ameno y disparatado de una propuesta que bebe en el mundo del absurdo y del cartoon. Se trata de This way up de los ingleses Smith y Foulkes. Un corto de animación, que cuenta el viaje de unos empleados de pompas fúnebres para lograr llevar a su lugar de descanso a la mujer que acaba de fallecer. Un largo camino hacia el enterramiento mostrado por medio de una aventura sazonada de mil peligros e impedimentos donde todo es posible. Una bocanada de aire fresco entre tanto corto con aires de suficiencia o (falso) compromiso.
El tercer premio fue para la película iraní Panjereh (La ventana) de Medhi Jarafi. Un corto de tempo lento que muestra la soledad de una mujer encerrada en la nueva casa a la que ha sido trasladada por su hijo. Soledad acrecentada por el ajetreo que se vive en la vivienda pegada a la suya, habitada por un estudiante, de movimiento constante, con entradas y salidas de la vivienda, que la anciana puede observar por la mirilla de su puerta. Vidas muy diferentes reducidas a un único espacio que nos hace partícipe del encerramiento de la protagonista. Historias, la de la mujer (vista) y su vecino (entrevista a través de los ojos y de los oídos de la anciana), que van girando alrededor de un elemento aparentemente secundario, pero de gran importancia para la hermosa conclusión del relato: la construcción de un muro que servirá para aislar la casa de la escuela que hay enfrente.
Existe en el corto iraní otro dato aparentemente sin importancia, pero que se descubre como primordial: el estudiante proyecta películas a sus amigos. El sonido de esos filmes llegan a la anciana. La música de uno de los que proyecta corresponde a Cinema Paradiso. No es un título utilizado de forma casual. Al final, el estudiante, es abandonado por su compañera, por lo que decide hacer participe de las películas que ve a sus vecinos. Y sobre el muro recientemente terminado proyecta Tiempos modernos. Una secuencia que recuerda otra pareja del citado filme de Tornatore. La anciana mujer queda hipnotizada por la película. Ya no se siente sola. Su hijo, que la tiene abandonada desde que la llevó a la casa, la llama por teléfono pero la mujer no se interesa por esa llamada. Su mirada sigue pendiente de la historia chaplinesca, a la que, probablemente, seguirán muchas otras.
Un corto que realmente posee (al igual que los dos anteriores) todo el sentido que puede tener un cortometraje. Aunque en este caso, y por la lentitud propia del cine iraní, pueda resultar algo cansino. De todas maneras, es una buena descripción de un ambiente, de unos personajes. Incluso las numerosas trampas del guión (muro, soledad, películas, proyección) están muy bien integradas en una historia que tiene un comienzo, un desarrollo y un final.
Más discutible es el primer premio de la juventud concedido a la película de Taiwan, Séance Familiale de Chui Kuo, que, curiosamente, también ha recibido una mención de la crítica. Una historia con final sorpresa que desea describir a una familia que cree ser grabada por un cámara durante varios días como forma de optar al premio de la familia televisiva. No hay tal y el operador no es sino el amante del hijo de la familia que hace tiempo marchó de la casa, y que (algo que la familia ignora) ha muerto. El personaje se introduce en la familia como forma de conocer a los padres y a la hermana de su amante. En ese mundo no encuentra ninguna seña de identidad del personaje que amó. Ha sido totalmente ignorado, rechazado, por la familia, que no puede admitir ni su marcha, ni su condición de homosexual.
Mezcla de comedia, de docudrama y de cine costumbrista, el filme no sabe por dónde caminar, resintiéndose de su misma indefinición, en un caminar hacia ninguna parte. El final se presenta como una especie de catarsis familiar, cuando padres e hija, ante la marcha del personaje que ha pasado a ser parte de la familia (como lo fue el hijo), escuchan la cruda verdad, rebobinando un tiempo ficcional que han intentado recomponer. Los dos premios suenan a excesivos, sobre todo la mención de la crítica.
Las otras dos menciones del jurado de juventud aparecían también desproporcionadas. El filme de animación francés Skhizein de Jérémy Claplin, al menos era divertido en su historia (absurda) de un hombre bajo el influjo de un asteroide, que le obliga a ser él pero a 19 centímetro de sí mismo. Tan ocurrente como repetitivo, se quedaba en sus buenos gags pero sin encontrar el final adecuado.
El segundo filme mencionado por los jóvenes era el casi inexistente (otro título francés) L’anne de l’Algerie de May Bouhada, que cuenta cómo se elegirán (pero siempre desde una historia de ficción) a los dos protagonistas de un nuevo filme que va a rodar un importante realizador argelino. Da igual lo que se cuenta. Todo parece formar parte de una secuencia (alargada) de un largometraje.
A su vez, el premio de de la sección de documentales se concedió a Virginity (Rusia) de Vitali Mansky, obteniendo una mención Escrito en el cuerpo de Javier Estella y José Manuel Fandos, por cierto la única película española premiada en el apartado internacional. En cortos documentales el premio fue para 10 minutos (Bélgica) de Jorge León, obteniendo una mención Wagah (Alemania) de Suprimo Sem.
Sección de cine europeo
Como hemos indicado en anteriores artículos, hay en Huesca una sección de preestrenos o de películas de reciente estreno presentadas en versión original. Se trata de títulos ofrecidos o rescatados para un público que de otra manera difícilmente podría conocer esas películas, al menos en la ciudad.
El premio, concedido por votación del público, fue para Cerezos en flor de Doris Dorrie. Lógico premio, ya que era la película más elemental y, digamos, placentera de todas las proyectadas. Fácil de ver, positiva en su mensaje, sencilla en su desarrollo. Poco más, pero suficiente para que los espectadores se sintieran encantados con ella. Nada menos que la media de puntuación fue de 9,4 (sobre 10). O sea que las calificaciones otorgadas fueron muy altas. Excesivamente altas, sobre todo si tenemos en cuenta que se proyectaron películas de más entidad como, por ejemplo, Il divo, Vals con Bashir o Un cuento de Navidad, sin olvidar la española 25 kilates.
Como preestrenos absolutos en España, Huesca presentó tres títulos, dos dentro de la sección de cine europeo, el otro en la sesión de clausura. Se trataba respectivamente de Lady Jane de Guediguian, Anticristo de Lars von Trier y de 3 monos de Ceylan.
El día de la proyección de la película de Traer, en las oficinas del certamen y en las puertas del cine se colocaron unos carteles advirtiendo a los espectadores que las imágenes del filme podían herir la sensibilidad del espectador. El morbo también atrae lo suyo y el cine prácticamente se llenó para ver la nueva originalidad en la que incurría este director danés que se autoproclama como el mejor director del mundo.
Anticristo o la expulsión del Edén
Trier trata, desde sus primeras películas, de impactar de una y otra manera al espectador, haciéndole creer que sus imágenes son geniales, o que su narración es el colmo de la originalidad.
En su manera de rodar la atosigante Europa, efectista pero vacía, intentar parodiar, por llamarlo de alguna manera, a Bergman o Dreyer; en Rompiendo las olas, negar el poder del cine con el absurdo decálogo del Dogma que llevó a sus extremos en Los idiotas. Posteriormente ha intentado otros estilos, como rodar un melodrama de denuncia musical (Bailar en la oscuridad), plantear dos películas teatrales iniciadas con la pedante Dogville, o realizar comedias sin gracia como El jefe de todos hasta, por ahora, terminar con este Anticristo.
La última película de Trier, al parecer, escandalizó en Cannes. Realmente no es para tanto. Poca gente, aunque los asistentes estaban advertidos, se salió de la proyección en Huesca. Bien es cierto que en la última parte Trier se dedica a golpear al espectador con imágenes fuertes (masturbación que arroja chorros de sangre, corte de clítoris, piernas horadadas, mutilaciones varias, coitos a go-go…) pero no ofrece más, si acaso menos, que lo que se puede encontrar en una película gore…
Anticristo es una especie de esbozo de la gran película de terror, que nunca llega a consolidarse. Al final se muestra un extraño letrero indicado que la película está dedicada a Andrei Tarkosvki. Suena a chiste. La dedicatoria sería menos chirriante si se citase, por ejemplo, a Stanley Kubrick ya que mantiene una más estrecha relación con El resplandor. Ambas películas muestran el caminar de alguien hacia la más absoluta de las locuras.
Una inmersión terrorífica en el mundo de la degradación mental. De eso habla este último filme de Trier, auténtico tour de force entre un hombre y una mujer, los dos únicos actores (excepción breve de un niño) de este largo y pretencioso título, que mezcla leyenda y terrores infantiles con andanadas religiosas contra la libre (y hasta agotadora) sexualidad y contra la naturaleza del mal, encarnado en las mujeres perversas capaces de expulsar del Edén a quien cae bajo su influjo.
Volveremos sobre ella pero aseveremos que no es una película tan mala como se ha dicho, ni como podría pensarse que fuera viniendo de quien viene. Hay en ella planteamientos interesantes, junto a otros demasiados simples, cuando no de una ingenuidad total.
Al final de todo, no se sabe si se ha asistido a una monumental broma o a una vomitiva declaración de principios en contra de las mujeres, al tiempo que se procede a una defensa a ultranza de una religión centrada en la culpabilidad… uno, por cierto, de sus temas preferidos.
3 monos: ni ver, ni oír, ni hablar
El título de clausura fue la nueva obra de Ceylan, 3 monos. Si Lejano era interesante y Los climas ponía interrogante sobre su obra, su último filme, que dividió a los redactores de Encadenados presentes en el certamen, me parece una obra excelente desde el punto de vista estético (minuciosamente preparada, con la imagen retocada, estudiada en su planificación hasta el mínimo detalle), pero pobre en la forma de contar algo coherente: una imposible mezcla de corrupción (con la presencia de un político increíble, casi de opereta) con rupturas familiares, traiciones, acosos…
Demasiado para una película que, por momentos, se decanta hacia un planteamiento típico de melodrama seriado. Personalmente me interesó muy poco tal despliegue de cuidada ornamentación.
Con este filme terminó el Festival de Huesca, donde algunas sombras parecen oscurecer la brillante andadura de un certamen, si se quiere secundario, pero que ha alcanzado con los años un prestigio fuera y dentro de España, al menos, en el campo del cortometraje.
De todas maneras, su balbuceo en la presente edición es lógico. No hay que olvidar que estamos en el año de la crisis. El competente equipo directivo del certamen tiene bastantes recursos para lograr tapar los pequeños huecos que lo afean. Estamos seguros de que lo conseguirán.