Viaje a las profundidades del cañón humano
Es evidente que al irregular director británico de origen irlandés Danny Boyle le gusta cambiar de registro con cada proyecto y que disfruta enfrentándose a todo tipo de retos. Tras el enorme éxito de Slumdog Millionaire (2008), apenas tres páginas de las memorias de Aron Ralston le empujaron a su nueva aventura.
Escrita junto a Simon Beaufoy, 127 horas está basada en la historia real del montañista Aron Ralston, atrapado en un cañón de Utah durante 5 días cuando una roca le aplastó el brazo derecho. Sabiendo que nadie iría a rescatarlo, Aron (interpretado magníficamente por James Franco) se enfrentó a su propia muerte, rememoró su niñez, sus amigos y aventuras románticas, reconectó con su familia y creció como persona.
127 horas aprovecha el vibrante colorido y las texturas del paisaje desértico y pone los recursos tecnológicos al servicio de una historia muy bien contada que cuenta con momentos duros, pero también con humor y ternura.
Aviso para incautos: suelo destripar inmisericorde el argumento de las películas que analizo. Los que no estén familiarizados con la historia del montañista y quieran mantenerse en feliz ignorancia hasta ver la película, que no sigan leyendo.
En mayo de 2003, Aron Ralston, un ingeniero de 27 años, amante de la naturaleza y familiarizado con situaciones extremas, se prepara, algo descuidadamente, para explorar el aislado cañón Blue John en el sur de Utah, Estados Unidos. No le dice a nadie adónde se dirige.
En medio del magnífico paraje desértico encuentra a dos chicas practicando el senderismo y comparten unos momentos de diversión, disfrutando como niños mientras se arrojan a una escondida piscina natural.
De nuevo a solas con la inmensidad de la naturaleza, un pequeño resbalón, una roca que se desprende y un antebrazo derecho aplastado.

Durante cinco días Aron intenta desprender el brazo de todas maneras posibles. Atrapado, con muy pocas provisiones, el agua acabándose, Aron experimenta todo tipo de sentimientos y emociones que recoge en su cámara de vídeo.
Es la muerte segura o tomar una decisión drástica que el espectador, en caso de no conocer todavía la historia de “el hombre que se cortó el brazo para sobrevivir”, se ha estado temiendo, o esperando, todo el tiempo.
¿Cómo puede uno amputar su propio brazo en semejantes circunstancias? Permíteme que te lo describa (nunca se sabe cuándo te puede serte útil esta información): primero te golpeas el brazo con una piedra para romper los huesos. Después, armado con una navaja multiusos, te vas abriendo paso entre la carne y los músculos. Finalmente, con las tijerillas de la navaja cortas los tendones. Y voilà, ya estás libre.
Pero eso no es todo. Todavía tienes que aplicarte un torniquete, escalar un barranco y andar unos trece kilómetros antes de encontrar ayuda.
Aron Ralston narró esta aventura en Between Rock And A Hard Place (Entre la espada y la pared), publicado en septiembre de 2004 y que alcanzó el tercer puesto en la lista del New York Times de libros de no ficción.

Después de rodar entre las multitudes y el estruendo de Bombay, Boyle se concentra en un único actor y un espacio limitado para mostrar el viaje a la madurez de Aron. Al inicio de la película lo vemos escapando de la civilización, de sus amigos, de su familia, de su trabajo, convencido de su superioridad y su independencia. Enfrentado a su propia mortalidad, Aron mira en su interior, descubre su verdadera fortaleza, aprende humildad y lo que significa la interdependencia y la conexión con otros seres humanos y tiene visiones de su futuro.
A pesar de que muchos espectadores ya conocen el desenlace de la historia, el guión de Boyle y Simon Beaufoy está muy bien construido, jugando con nuestras expectativas, alternando momentos de gran tensión con otros llenos de humor, ternura y la increíble belleza natural del cañón.
Boyle vuelve a hacer uso efectista de los recursos cinematográficos, con abundancia de pantallas partidas y otros juegos de artificio visual. A pesar de que esto es algo que se le suele criticar, en este caso diría que sus excesos están bastante justificados. Por la naturaleza misma de la historia (el tedio de un único personaje que pasa ciento veintisiete horas atrapado en un espacio claustrofóbico), estos recursos cercanos al videoclip aportan dinamismo e interés.

Desde luego, esto no es algo que Boyle realiza por sí solo. La muy destacable interpretación de James Franco, la labor de los directores de fotografía Enrique Chediak y Anthony Dod Mantle, y el diseño de sonido tienen mucho que ver.
El director y James Franco tuvieron acceso a las grabaciones realizadas por Aron con el fin de recrear, casi documentalmente, su experiencia, incluyendo alucinaciones y otras medidas extremas. Mucho se ha hablado de la escena de la mutilación, que ha provocado desmayos entre la audiencia. Se trata de un momento crucial y Boyle, huyendo del sensacionalismo, no se regodea en él, pero tampoco lo evita.
127 horas narra, en fin, la historia de un viaje extraordinario. Si salimos de la sala con un sentido renovado de gratitud, de lo que importa realmente en la vida y unas ganas locas de beber agua, es que Boyle y su equipo han logrado su propósito.
Escribe Lucía Solaz Frasquet
| Título | 127 horas |
| Título original | 127 Hours |
| Director | Danny Boyle |
| País y año | Estados Unidos, Reino Unido, 2010 |
| Duración | 94 minutos |
| Guión | Danny Boyle, Simon Beaufoy |
| Fotografía | Anthony Dod Mantle, Enrique Chediak |
| Música | A. R. Rahman |
| Distribución | 20th Century Fox |
| Intérpretes | James Franco, Kate Mara, Amber Tamblyn, Sean Bott |
| Fecha estreno | 04/02/2011 |
| Página web | www.foxsearchlight.com/127hours |