A LA DERIVA (3)

Published on:

A la deriva
Título original: A la deriva
País, año: España, 2009
Dirección: Ventura Pons
Producción: Ventura Pons
Guión: Ventura Pons, basado en la novela Àrea de servei de Lluís Anton Baulenas
Fotografía: Joan Minguell
Música: Carles Cases
Montaje: Pere Abadal
Intérpretes: Maria Molins, Roger Coma, Fernando Guillén, Albert Pérez, Anna Azcona, Marc Cartes, Mercè Pons, Boris Izaguirre
Duración: 98 minutos
Distribuidora:  Baditri
Estreno: 6 noviembre 2009
Página web: 

Angustia al cuadrado
Escribe Gloria Benito

Sigue Ventura Pons con su trayectoria como adaptador al cine de obras literarias. El año pasado estrenó Forasters, basada en la obra de teatro de Sergi Belbel, y en esta ocasión completa la adaptación de la última novela de su amigo Lluis-Antón Baulenas, Àrea de servei, tras haber llevado al cine otras dos obras del mismo autor: Amor idiota y Anita no pierde el tren.

De nuevo Ventura Pons escribe un guión lleno de personajes corrientes que muestran el dolor cotidiano de sus vidas, en el límite de la tensión por tener que tomar decisiones en la encrucijada de la existencia.

De nuevo Ventura Pons escribe un guión lleno de personajes corrientes

El argumento gira alrededor de la vuelta a Barcelona de Anna (Maria Molins: Cobardes, 2008), miembro veterano de una ONG ubicada en África. El desengaño del trabajo de estas organizaciones y la conciencia de su incapacidad para transformar un mundo injusto y cruel dificultan la adaptación de Anna a la vida urbana y a las relaciones amorosas y sociales que tenía establecidas antes de su aventura africana. Su trabajo como agente de seguridad en una clínica para cuidar la salud y la belleza de clientes ricos le pone en contacto con Giró (Roger Coma: El Greco, 2007), un paciente enigmático y conflictivo, con el que mantiene una compulsiva relación que desembocará en un final sorprendente.

En ese contexto profesional cuenta con la complicidad de su compañero Carducci (Albert Pérez: Sing for Darfur, 2008) que le proporciona una caravana para que viva el tiempo necesario para organizar su vida tras la ruptura con su pareja y el alejamiento de su familia. En esa forzada y deseada soledad, Anna buscará una respuesta a sus dudas sobre el lugar y modo de orientar su trabajo y su vida en el futuro. Y en medio, los personajes típicos de estos establecimientos para ricachones encarnados en la actriz que no quiere envejecer, Eufe Pavon (Anna Azcona: Ecos, 2006) y el extravagante millonario representado por Boris Izaguirre.

Épica de intensas y angustiadas actitudes existenciales frente a narración de sencillas secuencias habitadas por personajes que aceptan con sencillez su adocenado destino

En este conjunto de actores de calidad procedentes de las Escuelas de Arte dramático y Cinematografía de Barcelona, destaca la participación muda de Fernando Guillén en el papel de Arcadi, un enfermo condenado a un silencio forzoso y a ser testigo y parte de la trama.

La película cumple todos los requisitos del cine de Ventura Pons: personajes que viven con intensidad sus mediocres existencias, unas veces enfrentados a las dificultades de elegir, y otras, conformadas con la sencillez de sus vidas. De ese modo en el filme se enfrentan dos mundos: el tenso universo de la clínica en la que los personajes vierten su ansiedad y sus pasiones, y el relajado espacio social de los que habitan el área de servicio donde Anna ha decidido aparcar su caravana.

Épica de intensas y angustiadas actitudes existenciales frente a narración de sencillas secuencias habitadas por personajes que aceptan con sencillez su adocenado destino. Película en la que se alternan de forma artificiosa secuencias de la actual vida de Anna  con recuerdos en flash-back de una África, unas veces masacrada por el crimen y la guerra, y otras representada por idílicos atardeceres reflejados en la superficie plateada de los ríos.

Película en la que se alternan de forma artificiosa secuencias de la actual vida de Anna  con recuerdos en flash-back

Una historia demasiado ambiciosa por querer contar demasiado: el agobio de la vida en las ciudades modernas, el dolor y el atractivo africanos, el sexo y la homosexualidad, el egoísmo de los ricos y el oportunismo de los pobres, la brutalidad de los inadaptados, el mundo cotidiano en las áreas de las autopistas, etc. y etc.

La cámara y la mirada de Ventura Pons se mueven con la naturalidad que da la experiencia, pero falla la historia de los sentimientos, demasiado enfatizados y melodramáticos para un medio como el cine testimonial que pretende hacer. El exceso y la amplitud desdibujan una historia que parece no conocer sus límites.

Entre lo lírico y lo narrativo, el guión desarrolla el argumento con una lentitud desesperante que no compensa la sorpresa de los minutos finales. Un filme en el que el equilibrio y la coherencia de la historia no sostienen la atención del espectador que seguramente se revolverá en su asiento buscando la comodidad de la postura. Lo que no es buena señal.

Entre lo lírico y lo narrativo, el guión desarrolla el argumento con una lentitud desesperante