Comedia surrealista, divertida y excelente reparto

La premisa de la película es tan inconsistente, que a los efectos resulta prácticamente irrelevante. Su desarrollo es así: Frank Drebin Jr., hijo del personaje de Leslie Nielsen en las películas originales, está resolviendo un misterioso suicidio.
Hete aquí que se entera de que el multimillonario tecnológico Richard Cane planea contaminar los teléfonos del mundo con un sonido fatal. Quienes lo oigan se agredirán y matarán entre sí, dejando solo unos pocos supervivientes. De esta manera Danny y sus adinerados socios se quedarán con los más «capaces». Este es el tema, aunque nunca se profundiza en él. Ni hace falta.
El singularísimo teniente Frank Drebin Jr. interviene de una manera también singularísima en el robo a un banco. Su intervención es juzgada mal por el ayuntamiento que amenaza con cerrar la unidad policial.
Como es enviado fuera del caso del Banco, Drebin aterriza en la sección de accidentes de tráfico, lo cual le da para investigar el asesinato del hermano de Beth Davenport, la belleza rubia interpretada por Pamela Anderson, una mujer escultural que lo embelesa, más allá de las reticencias al amor por su reciente y dolida viudez.
Frank se une en diversas ocasiones a su compañero, el capitán Ed Hocken Jr., hijo de otro policía famoso (todos los policías de esta comisaría son parientes de un querido y fallecido agente).
Además, los encantos de Beth hacen que Frank descubra una conspiración mayor que involucra al multimillonario tecnológico Richard Cane (una aparente fusión del magnate norteamericano Elon Musk y el empresario alemán Peter Thiel). Con la ayuda de Beth, a la sazón afamada escritora de novelas de crímenes, Frank se verá envuelto en situaciones tan absurdas como explosivas.
Las primeras escenas del filme capturan con gran habilidad momentos frenéticos y desenfrenados; la cosa es que uno acaba relajándose y disponiéndose a pasar un rato de diversión, que es justamente lo que consigue.
Esta cinta es un reboot de la popular franquicia de comedia Agárralo como puedas (1988, 1991, 1994), y de la serie de televisión Police Squad (1982), una digna sucesora de sus predecesoras.
Dirección y guion y otros
Una meritoria dirección de Akiva Schaffer que incorpora los postulados del género dando protagonismo al gag físico, a la parodia, a los clichés del cine de género y la complicidad con el público, rompiendo la cuarta pared.
Imprime también un estilo visual dinámico, con una edición ágil y una puesta en escena que favorece el slapstick. A la vez, aporta una energía desbordante que resulta electrizante y contagiosa. La película no baja el ritmo ni un segundo, revitalizando una franquicia inactiva y que ahora parece resucitar.
Pero también incorpora Schaffer el ideario de lo ya aprendido con entregas anteriores, lo cual le da un tinte de humor y entusiasmo a todo el metraje. Vertebrando, un guion de Jim Abrahams, Dan Gregor, Mark Hentemann, Doug Mand y cinco nombres más, adaptan la historia del escritor Seth MacFarlane.
Los coguionistas Gregor y Mand son principales en un libreto para reírse con ganas, repleto de gags visuales, incongruencias, juegos de palabras, acontecimientos y diálogos surrealistas, en una parodia policial próxima al género de la comedia. Bien es cierto que el libreto presenta algún que otro altibajo, con segmentos que tienen un ritmo cómico sostenido, y otros que caen en la repetición o en el exceso de referencias. Fotografía excelente de Brandon Trost, música sugerente de Noel McNeely y buen montaje de Brian Scott.

El teniente Drebin y la trama
Se inicia la cosa con el duro Drebin de Liam Neeson, como detective brusco que despacha violentamente a un grupo de ladrones de bancos. Utiliza para ello un recurso (argumental) de pasmo y risa, vestido con un uniforme de colegiala estilo cualquier dibujo animado o escena rocambolesca y tronchante, lo que incluye gran braguita de rojos lunares.
Sus métodos bastante brutales lo ponen en peligro a él y a la Brigada de Policía, y el Ayuntamiento de la ciudad no está contento con este tipo de actuaciones. Obvia decir que toda esta brutalidad, golpes, disparos y otras lindezas, es tan loca que ni siquiera parecen violentos stricto censo, o sea, producen hilaridad.
La trama no es muy convincente, ni puede serlo ni lo pretende. La cinta se pone sensacional cuando se complementa con docenas de chistes, todos interpretados con la mayor sinceridad por un excelente reparto, con un humor inteligente, chispeante y alocado que, pienso, no es para todo el mundo.
Reparto
La elección de Liam Neeson fue una inspirada decisión, según se cuenta, del además productor ejecutivo MacFarlane. Con un humor decidor a lo largo de toda la película, nuestro detective narra en primera persona y al son de música de jazz, cuán extraño le resulta lo que le rodea, o sea, lo extraña que es la realidad (e incluso el propio cine).
Pamela Anderson interpreta con entusiasmo y solvencia absoluta a Beth Davenport, la famosa escritora cuyo interés amoroso es Frank, y llora la misteriosa muerte de su hermano, la mano derecha del gigante tecnológico (la actriz parece dispuesta, del mismo modo que su colega, a reírse a mandíbula batiente de sí misma).
El villano principal de la película es un multimillonario, un fanático de la tecnología, con un proyecto 2025 dirigido a la población en general y que estalle la violencia y queden solo los mejores.

Escenas graciosas y un mensaje contra el viejismo
Hay escenas y episodios de esta cinta que son verdaderamente cómicos. Apunto algunos de ellos.
Hay referencias de Drebin al sexo en un chiste sobre los derechos de Miranda, o lo vemos enloquecido en una escena de apretón-diarrea con cámara corporal, el canto archisensual en la discoteca de Beth o la invitación de Drebin de «tomar asiento», lo cual la señora lo toma literal y acaba por irse de la comisaría con la silla a cuestas.
Resaltan escenas y partes del filme muy cómicas, como una secuencia de amor entre Drebin y Beth que se intensifica hilarantemente cuando un muñeco de nieve encantado cobra vida.
Otra es cuando Drebin y Beth están en el apartamento de este en una velada romántica. Pero están siendo espiados con unos prismáticos por un sicario. Drebin cierra la cortina en un rapto de pudor y a partir de ahí, el gánster debe recurrir a unos prismáticos con Rayos X.
Las cosas que ve en imágenes tipo radiografías, nada tienen que ver con lo que sucede en el interior. El malo ve, escandalizado, una felación de ella e incluso un ménage a trois con un perro que recibe por atrás mientras la lame a Ella. Pero lo que está sucediendo realmente es…
Como esas, otras escenas que son para reír a gusto. Y ocurre también que la película, tanto a lo largo del metraje como, sobre todo al final, en una sugerente canción que canta Liam Neeson ya con los créditos en la pantalla, lo que se ve y oye es una defensa y alabanza de las personas mayores como las más dispuestas, inteligentes, etc., lo cual me parece más que bien y una manera de ir contra los llamados prejuicios «viejistas» (algunos los llaman «edadistas») que tanto abundan socialmente.

Cierre
Es una cinta que provoca risa con su inocencia que, si bien no es cándida ni dulce, tampoco resulta dura ni aversiva. Es más bien una comedia de la vieja escuela; incluso no importa si te pierdes algún chiste durante el metraje.
Curiosamente para el clásico ideario USA, la historia reconoce que la policía ya no goza de la estima del público: «¿Desde cuándo los policías tienen que cumplir la ley?», pregunta un incrédulo Drebin en un momento dado.
Neeson, quien rinde homenaje al trabajo de su antecesor Nielsen (su padre aquí), se atreve a la vez a satirizar la carrera de tipo duro que se ha forjado con tantas películas y no muestra reparo o incomodidad al hacer las cosas más absurdas y tontas.
La Anderson ha sido elegida con inteligencia y picardía para este filme, y ella aprovecha la oportunidad para retocar su imagen de antaño. Pamela y Liam escenifican contentos y jubilosos los chistes más crudos de la película: dos intérpretes completamente diferentes, con química en todo momento, encuentran una disparatada armonía en esta extraña confluencia.
Con un presupuesto de más de cuarenta millones de dólares, cabe desear que esta comedia sin muchas pretensiones aparentemente pueda ser vista en pantalla grande con la suficiente afluencia de público para, al menos, cubrir gastos: es un caso de justicia poética o justo merecimiento, según lo veo.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Paramount Pictures