Agnosia (1)

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Mezcolanza indigesta

Agnosia, de Eugenio MiraNieva. La gente (muy agrupadita) sale de la iglesia. Clímax final. El amante corre hacia su amada, mientras ésta sale del brazo de su marido. El asesino dispuesto a terminar con todo el mundo rompe el silencio (todo con nieve es más silencioso) con los disparos. La gente corre. La música, en tono operístico, sube de tono. Las muertes se prodigan. Marido y amante se funden para dar su abrazo a la mujer. La cámara asciende en majestuosa grúa. Es el final tan rimbombante y absurdo: gratuito e incoherente como todo el filme.

Qué ganas de gastar dinero en producciones tan aparentes pero al mismo tiempo tan vacías. Inútil esfuerzo. ¿Esfuerzo? ¿Quién se ha esforzado para construir tal incongruente historia? Es el problema del cine actual. Dar lo que sea, escribir sin sentido. Esta película es un ejemplo de ello, a no ser que se quiera interpretar que todo es imaginación de la protagonista o del alucinado narrador.

Y el público admite tal descaro, como si tal cosa, sin embargo protesta cuando ve cine bueno que dice no entender, aunque en el fondo sea tan relativamente fácil de comprender (al menos respecto a la simple historia ¿principal?) como Copia certificada. Cosas que pasan. A los espectadores les gusta, al parecer, el ruido, aunque sea tan asincrónico como en este filme.

¿De qué va esta película errática? De una mujer que tiene agnosia, es decir, pérdida de unas determinadas facultades de los sentidos. ¿Y por qué? Simplemente porque el guionista, que está en su derecho, mientras lo plantee desde una lógica narrativa, se saca de la manga un prólogo donde mezcla (en los Pirineos) a un óptico con unos traficantes de armas rusos y a una señora mala (¿espía?, ¿mafiosa?, ¿reina del hampa?), malísima, que va a incordiar el resto del filme. Eso sí, cuando al guionista se le antoja.

En ese prólogo, una niña cae con la citada agnosia al recibir un disparo. Por allí está su padre (el óptico inventor de cristales ultravisionarios para no fallar con ningún arma: apunten y blanco), una especie de socio que, debe ser por ser su socio, será el pretendiente de la hija (ahora niña) y la tal rusa interpretada por una actriz de tronío (Martine Gedeck), que ha actuado en pelis como La vida de los otros y que aquí aparece como una torpe e inexperta actriz. Cosas del realizador.

¿De qué va esta película errática? De una mujer que tiene agnosia, es decir, pérdida de unas determinadas facultades de los sentidos

La citada niña, después del un tanto ridículo prólogo, se convierte en la joven protagonista. O sea Barbara Goenaga, que da pena ver cómo deambula por la casa con su problema de agnosia que le lleva incluso a confundir al bobalicón de su prometido (que aparece por la casa de acuerdo a las necesidades del guión) con el criado enamorado y delator, finalmente redimido por amor. Aquél es Eduardo Noriega —su interpretación deja claro que no sabe qué hace allí—, y éste, con pinta de chulapo madrileño pero en Cataluña (o con toques de chuleta francés en la estela del Serge Reggiani de París bajos fondos), más entonado, es Félix Gómez.

El triángulo amoroso no funciona entre otras cosas porque el filme es un batiburrillo de géneros, de estilos que para nada casan unos con otros. Drama romántico, cine con fantasmas (ruidos y puertas que se abren solas sin saber qué pinta en tal embrollo), de espías, de planteamientos sociales en la Cataluña de principios de siglo con tics a El caso Savolta o La ciudad de los prodigios (sin Eduardo Mendoza por medio) o, lo que es peor, a El viudo Rius o Mariana Rebull.

La película de principio a fin es un puzle mal hilvanado, donde nada tiene una razón de ser. Absolutamente nada. El descalabro quiere evitarse con una foto engolada, de cuaderno preciosista para decir eso de “qué bonita fotografía”.

El descalabro quiere evitarse con una foto engolada, de cuaderno preciosista para decir eso de “qué bonita fotografía”.

Todo juega en contra. Nada hace por remediarlo. De pronto hay una escena misteriosa donde la protagonista se queda sola. Está en el baño. Se asusta; como su visión es defectuosa no puede alcanzar lo que quiere y la bañera se cae del sitio y ella con la bañera. Total, se logra lo pretendido: Barbara Goenaga aparece desnuda. Claro, por exigencias del guión. Como en una escena posterior desabrochándose el vestido para vivir su primera noche de amor… con el criado. Sí, el maligno, el pagado por los malos, pero luego arrepentido y rendido por amor.

Que pase lo que pase da igual. No se entiende nada de lo que allí ocurre. Para hacer más digerible tal descontrol se juega a mezclar pasado y presente. Cuenta, vivo, recuerdo. Y pasamos a otra cosa. La cuestión es no dar la sensación que detrás de tal ropaje no hay absolutamente nada. Tan sólo, si se quiere, un folletón mal estructurado, peor contado, propio, como mucho, para llenar las tardes desde un televisor y una serie televisiva de tres al cuarto.

Es la segunda película de su director, Eugenio Mira. La anterior, The Birthday (2004), se ocultó desde el propio título para dar el pego, que no engañó a nadie. Ésta… menos

Es la segunda película de su director, Eugenio Mira. La anterior, The Birthday (2004), se ocultó desde el propio título para dar el pego, que no engañó a nadie. Ésta… menos.

Mira, que gusta de relamerse con una planificación rebuscada y falsa en su preciosismo, es también autor de la música grandilocuente. Entre los guionistas aparece algún (antiguo) sesudo crítico, productor y guionista que alterna Campamento Flippy con El espinazo del diablo. Probablemente para salvar lo insalvable se pidió ayuda a otro director, Gonzalo López Gallego (El rey de la montaña) para que pusiera orden ayudando a montar lo rodado. Que a raíz de lo visto debería exceder en mucho a lo aquí mostrado.

Sálvese quien pueda de títulos como éste que intentan esconder su nadería en una estética aparente. Si con títulos como esta cosa se piensa que el cine español va a abrir mercados, apañados estamos.

Escribe Mister Arkadin

 Título  Agnosia
 Título original  Agnosia
 Director  Eugenio Mira
 País y año  España, 2010
 Duración  105 minutos
 Guión  Antonio Trashorras
 Fotografía  Unax Mendía
 Distribución  Aurum
 Intérpretes  Eduardo Noriega, Martina Gedeck, Bárbara Goenaga, Jack Taylor, Luis Zahera, Félix Gómez, Sergi Mateu, Miranda Makaroff
 Fecha estreno  05/11/2010
 Página web  www.agnosialapelicula.com