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La primera mujer que sobrevoló el Atlántico
Escribe Eva Cortés
Muchas mujeres han pasado a la historia por sus hazañas demostrando que son capaces de desempeñar su trabajo a la perfección al margen de su sexo; y el cine y los documentales han sabido valerse de ello. La historia de Amelia Earhart es una más, con la diferencia en que ésta además esconde varios misterios; el principal, el de su desaparición durante su último vuelo.
La directora Mira Nair ha centrado la reconstrucción de esta biografía en este hecho pasando por alto todo lo demás (contexto histórico, sentimientos de los personajes, conexiones en el tiempo…) y quizás por ello el resultado es un filme superficial, que no llega; para ser un drama le falta sentimiento.
Que para Mira Nair lo más intrigante de la vida de esta mujer fue la forma en que desapareció, se deduce porque es precisamente este hecho el hilo conductor de la historia.
El filme comienza por el final, mostrándonos a Amelia (Hilary Swank) en su último viaje, para después en flash back retroceder hasta el momento en que conoció a George P. Putnam (Richard Gere). Y así, de una manera aturdida, da saltos en el tiempo entre su último vuelo y diferentes momentos de su vida.
A pesar de que hubiera sido interesante conocer más sobre la infancia de Amelia y de cómo llegó a pilotar a ese nivel, el filme sólo vuelve a su infancia en una única escena. La vemos a ella de niña, en un campo, mirando al cielo enamorada de una avioneta y con su voz adulta en off que nos revela que a su padre le gustaba viajar, y que quizás por eso desde pequeña quiso ser piloto.
El padre de Amelia era alcohólico, un detalle importante que podría haber enriquecido mucho el perfil del personaje. Sin embargo, en su viaje por la superficie, el filme sólo muestra la indignación de la protagonista a medias; primero en una escena cuando ve a su compañero piloto Wilmer Studz (Joe Anderson) con resaca, y otra al final, cuando se entera que su compañero para cruzar el mundo en avión, Fred Noonan (Christopher Eccleston) bebe demasiado.
Y es que Amelia Earhart tuvo que ser una mujer interesante con una mentalidad adelantada para su época, eso nadie lo duda, pero aquí a pesar de los esfuerzos de Hilary, resulta una persona lejana, de personalidad plana, sin evolución en toda la obra. Amelia se nos presenta como un alma libre a quien le gusta volar, desde el principio hasta el final del filme, sin más.
Poco de todo, mucho de nada
Si el personaje protagonista no es capaz de emocionar ni tan siquiera en la última conversación por radio con su marido George P. Putnam, poco más puede hacer durante el resto de la historia. No por Hilary, ya lo hemos dicho, sino porque para su directora la única preocupación es dejar claro que una mujer también puede volar y que fue afortunada en el amor al ser pretendida por dos hombres.
Poco se ve del contexto socio-político de la época y de la reacción de Charles Lindberg -el otro piloto que cruzó en solitario el Atlántico- al conocer que Amelia había superado su hazaña al hacerlo incluso en menor tiempo. Al igual que hay poco del resto de actividades que Amelia llevó a cabo durante su vida. Sí, se la ve escribiendo libros; sí, se la ve dando conferencias; sí, se la ve a la cabeza de una carrera sólo para mujeres; pero es todo tan fugaz, con tan pocos pensamientos y diálogos tan poco trabajados, que parece que era capaz de llegar a todo sin ningún esfuerzo, sin que sus fuerzas fallasen en ningún momento. Y la sensación que nos queda es que algo falta.
Lo peor es que para pasar por todos los aspectos de su vida de puntillas, como con miedo a empequeñecer el mito estadounidense, la película tiene un ritmo demasiado lento. El ver cómo realiza su hazaña o sus escarceos amorosos no son acciones suficientemente interesantes como para que la obra mantenga la tensión narrativa en las más de dos horas que dura.
Además, el uso exagerado de la voz en off que lee sus cartas o fragmentos de sus libros entorpece aún más el ritmo del conjunto.
Se puede decir que hasta que cruza el Atlántico la tensión se mantiene, pero a partir de ahí ya todo resulta repetitivo. Más alegatos por ser libre frente al compromiso, más conferencias, más libros, más presentaciones, más vuelos… Quizás plantear la historia como un documental le hubiera venido mejor a Mira Nair. De está manera habría atraído a otro tipo de publico interesado más en la documentación y el sentido academicista de la historia que en pasar un rato entretenido.
Aunque, como dato para los más cinéfilos, tengo que decir que Mira Nair no ha sido la primera en llevar al cine la vida de Amelia. En 1943, Rosalind Russell y Fred MacMurray protagonizaron Flight for freedom, siendo los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y Amelia una de las implicadas. En 1976, un filme televisivo, Amelia Earhart, volvió a rescatarla con Susan Clark en el papel junto a John Forsythe; y de nuevo en 1994 Amelia Earhart: el vuelo final, con Diane Keaton y Bruce Dern nos acercó a al vida de esta joven piloto.
No hablaré del resto de películas sobre el tema porque no las he visto, pero en ésta, lo que mejor ha conseguido Mira Nair ha sido rodearse de un buen equipo. Tanto la fotografía, como el vestuario y la música son puntos a favor. Añadidos a que Hillary Swank está más que creíble en su papel, además de contar con un leve parecido físico con la real.
Lástima que el guión no dibuje a una Amelia más interesante y compleja, que quizá le hubiera llevado a recoger su tercer Oscar. Por su parte, Richard Gere, que parece ir como una bala en esto de los estrenos ya que presentó hace poco Siempre a tu lado, está correcto en su papel de marido florero, comprensivo y preocupado por el dinero conyugal.
La primera mujer que cruzó el Atlántico es un ejemplo más de que a lo largo de la historia la mujer también ha logrado cosas importantes, pero para decir esto, Mira Nair ha empleado demasiado tiempo fílmico cayendo así en el arte de aburrir.
