La comedia nos salvará

Desde hace casi cuatro décadas, José Mota ha consolidado a través de sus trabajos en televisión un estilo de humor muy particular.
Su trayectoria, marcada por su etapa en el dúo Cruz y Raya, su posterior carrera en solitario y sus especiales televisivos –especialmente los emitidos en Navidad–, se completa con una extensa labor en el teatro y su faceta como actor. Un recorrido que le ha convertido en una figura especialmente versátil dentro del mundo de la comedia.
Ahora presenta Arriba tutto, su primera película como director y guionista. Un largometraje que, si bien no supone la culminación de su trayectoria, sí funciona como una suerte de compendio de su discurso creativo: una visión personal de la comedia como herramienta para interpretar y traducir el mundo que nos rodea.
La película comienza a principios del siglo XX, donde un cómico ambulante enseña a su hijo pequeño, Michi, el valor de la magia y el humor. Años más tarde, Michi es un hombre amargado que se verá inmerso en conflictos bélicos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, aunque un inesperado encuentro con Conchita, su amor de la niñez, le ayudará a recuperar la fe en las personas y los valores que le inculcó su padre.
El primer tercio del filme funciona como un homenaje a los cómicos ambulantes y a la figura paterna como transmisora de aquellos valores esenciales que permitirán a Michi desenvolverse en la vida. La magia, el teatro, la comedia y el humor, junto con la vida errante, configuran un universo feliz y optimista, pese a las dificultades que lo atraviesan. La caravana y el escenario –ese Teatro Montiel que funciona como un guiño al lugar de nacimiento de Mota– constituyen los elementos esenciales del microcosmos en el que crece Michi y que se convierte en su verdadera escuela.
Sin embargo, ese mundo se desmorona cuando acontece una tragedia tras la que asistimos a un salto temporal: el niño se ha convertido en Miguel, un adulto resentido. A partir de ahí el relato se traslada al contexto histórico del final de la Guerra Civil Española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Siempre desde los códigos de la comedia, la tesis del filme pasa por reivindicar el humor como vacuna contra el odio y el enfrentamiento. Sobre ese trasfondo trágico, el guion articula un enredo basado en equívocos y suplantaciones, del que surgen situaciones disparatadas que el guion hilvana con mayor o menor fortuna.
Sin embargo, el escenario bélico no deja de ser un marco en el que desarrollar el verdadero conflicto de la película: la necesidad de que Miguel recupere aquellos valores que su padre le inculcó y que ha terminado perdiendo. El humor y la fantasía, entendidos como antídotos contra la brutalidad de la violencia, deberán abrirse paso entre el rencor y la barbarie de una guerra que amenaza con sepultarlos.
La película reivindica la importancia de la infancia como una etapa que nos acompaña incluso en la edad adulta. Lo hace a través de un trampantojo narrativo que permite que el niño y el adulto dialoguen de manera natural, propiciando que Miguel emprenda un camino de regreso hacia la inocencia perdida, facilitado por una brillante interpretación de Pablo Cabello.
De hecho, una de las claves para acercarse a Arriba tutto pasa por entender el relato como un cuento, como una fábula en la que la mirada infantil se enfrenta a un mundo de adultos. La película renuncia así a cualquier planteamiento realista para dejarse llevar por la ingenuidad del niño, que determina tanto la forma de narrar como la manera de interpretar cuanto sucede a su alrededor.
En esta comedia, a veces dramática, Mota abandona la estructura del sketch –más anárquica– para apostar por una continuidad narrativa que mantiene la coherencia a lo largo de todo el filme.

Eso sí, este planteamiento no oculta las debilidades del guion –y eso que hay un buen puñado de nombres– que afectan en algún caso a la construcción de los personajes, siendo el más evidente el personaje que interpreta Olivia Molina, o incluso una coda final excesivamente alargada. El discurso también incurre en cierta reiteración y, en ocasiones, la emoción parece buscarse menos a través del juego de los personajes que mediante el recurso a la banda sonora. Una partitura orquestal de gran belleza, pero cuya presencia excesiva termina por subrayar en demasía aquello que la propia narración podría transmitir por sí misma.
José Mota reivindica su pasión por el cine a través de un amplio repertorio de referencias que dialogan con la propia naturaleza de Arriba tutto. Desde El viaje a ninguna parte, cuyo eco resuena en el protagonismo inicial de los cómicos ambulantes, hasta aquellas películas que han sabido hibridar la guerra y la comedia. Es el caso de Ser o no ser, con sus equívocos y suplantaciones de identidad; Cinema Paradiso y La vida es bella, en la importancia que adquiere la mirada infantil; o El gran dictador, tanto por la sátira de los tiranos –con Miguel imitando al Duce– como por el discurso de la escena final, aquí reformulado en clave epistolar.
A estas referencias se suma la presencia de numerosos iconos de la comedia universal en la escena de la representación teatral, desde el Gordo y el Flaco hasta los hermanos Marx y Charlot. Un recorrido que tampoco olvida la tradición española y que encuentra en la figura de Don Quijote otro de sus referentes junto a un eco berlanguiano que se manifiesta en ese reparto con numerosos personajes secundarios que retratan la realidad de la época.
El uso del humor como forma de afrontar la vida y atemperar el odio adquiere también una lectura contemporánea. La película llega en un contexto, tanto nacional como internacional, en el que la confrontación parece haberse convertido en moneda de cambio ante cualquier situación, la película reivindica la capacidad de la comedia para rebajar las tensiones y abrir espacios de entendimiento.
La película, pese a su ingenuidad y a su deseo de llegar a todos los públicos, encuentra su principal fortaleza en las relaciones entre el mundo infantil y el adulto. A través de estas, articula un discurso que reivindica el humor y la comedia como herramientas para construir una sociedad mejor.
Escribe Luis Tormo