Una ballerina en forma: acción que no decae

Eve Macarro es una muchacha que está siendo entrenada en las tradiciones asesinas de los Ruska Roma desde su infancia, la misma organización criminal encargada del adiestramiento de John Wick. Su entrenadora, Nogi, le lanza una mirada furiosa y le dice: «¡Pelea como una niña!».
Lo que le quiere decir es que los hombres poseen una fuerza bruta que Eve no necesariamente puede igualar; a cambio, debería desarrollar un estilo de combate a partir de su esencia femenina. O sea, no enfrentar fuerza contra fuerza, sino maña-agilidad contra la fuerza bruta del varón, lo cual aprende pronto.
Pero he aquí que este mensaje no deja de ser sarcástico porque vemos que Eve no pelea como una niña ni como una mujer, sino invocando la misma crueldad y la brutalidad y con cualquier técnica o arma, como si estuviera en la mano de un hombre. Dispara pistolas y ametralladoras, utiliza katanas y lanza el cuchillo con la destreza de un indio sioux; los golpes son certeros y mortales, rompe piernas y brazos, ahoga gargantas o saca los ojos de sus contrincantes.
Y ataca a los enemigos con todo tipo de utensilios, los acuchilla con una espada samurái, los machaca con un picahielo o un mazo e incluso un mando a distancia, les lanza granadas de mano a puñados o usa patines de hielo como Tomahawk, y en lo más elevado de la cinta, la vemos en un insólito duelo con lanzallamas, un cañón de gas monstruoso que escupe infierno contra otro que echa líquido anti-incendio, un duelo sensacional y que no había visto antes en el cine. Por lo tanto, el mensaje más bien podría ser: así es como pelean las chicas de ahora.
En esta violenta historia de venganza, Eve indaga quién está detrás del asesinato de su padre. En su lucha por conocer la verdad, tendrá que atenerse a las normas de la Alta Mesa, una secta criminal y maléfica que lleva una X en la muñeca interior, y, por supuesto, a las del Hotel Continental, donde descubrirá que existen secretos ocultos sobre su pasado.
La actriz Ana de Armas, en el centro de este caos-torbellino, irradia la calma que habla del batallar por la verdad y la justicia. De Armas, una actriz expresiva que en Ballerina nunca pierde, anticipándose siempre a cualquier acción hostil del enemigo. Una joven que logra transmitir una mezcla de vulnerabilidad y ferocidad en pantalla.
Es incluso divertido, por la cosa del contraste de géneros, ver a una mujer en el centro de tanta muerte y destrucción. Siempre que entra a un establecimiento, Eve deja un gran desconcierto y un montón de cadáveres a su paso. Especialmente notable es cuando visita el sofisticado emporio del traficante de armas Frank (un divertido Abraham Popoola), y más aún en un restaurante kitsch de Hallstatt, donde Eve aprende a no confiar nunca en una camarera de cervecería.
De Armas no comete el error de parecer incauta, ni hacer que las enérgicas palizas parezcan fáciles. Suda, gruñe, reniega y se estremece de dolor, y es asombroso cuántos golpes violentos o heridas incisivas puede aguantar ella sin romperse la espalda y sin resentirse en forma significativa.
La trama no vale mucho, lo cual no está mal en una peli de estas características. En la secuencia de apertura, la jovencita Eve (interpretada por Victoria Comte) ve cómo matan a su padre luchadores que han sido enviados por el Canciller, el que manda entre los muy tenebrosos malos.
Eve es rescatada por Winston Scott, su salvador. La pone bajo el cuidado de la Directora, quien dirige la Ruska Roma con mano de hierro, convirtiendo la clase de ballet en una forma de violencia y escenificando la danza como entrenamiento de lucha.
Pero la Ruska Roma y el culto del Canciller tienen un pacto de siglos de mantenerse alejados el uno del otro, pacto de no intervención que será roto por Eve. Así, cuando Eve es enviada al mundo, mata a un secuaz que tiene la X delatora marcada en su muñeca. Será el punto en que la protagonista altere el equilibrio del Pacto con Ruska Roma, al decidir vengarse de los que mataron a su padre.
Esa X grabada en la muñeca de un asesino frustrado evoca recuerdos de la muerte de su padre y Eve acude al Director en busca de más información. Descubre que la marca identifica a miembros de una secta que mata por negocios y por deporte, y que ha mantenido una tregua con los Ruska Roma durante siglos. Pero Eve no se dejará disuadir, ni por las órdenes del Director ni por los consejos de Winston.

La segunda mitad de la película transcurre en un invernal pueblo montañoso de Europa Central donde la secta del Canciller vive oculta y en secreto. A partir de aquí será, básicamente, Eva contra todos ellos, con un factor que complica la situación: la llegada de un asesino a sangre fría cuya identidad no revelo.
El asesino ha sido enviado para detener a Eva, aunque su simpatía podría flaquear. Al final, Eve demuestra que luchar como una chica y luchar como un chico no tiene por qué ser muy diferente, sobre todo si luchan, como en la cinta, en plan videojuego.
El libreto de la obra plantea conflictos familiares, con relaciones inesperadas que surgen de la nada, y Eve siente una afinidad con Daniel Pine, un fugitivo de la secta X quien, como su padre, quería también darle a su hija preadolescente Ella (Ava McCarthy), su hermana, una vida normal, lo cual no fue posible en este caso, como vemos en el transcurso de la historia.
Diría yo que el vertiginoso crescendo de escenas de lucha intrincadas y coreografiadas al milímetro es la principal atracción de esta cinta, donde hay momentos ocasionales de humor seco que la convierten en una venturosa extensión del universo de John Wick.
En fin, el director Len Wiseman y el guionista Shay Hatten (personajes de Derek Kolstad, creador de la franquicia John Wick) no inventan nada nuevo, más bien redescubren el Mediterráneo con cierta solvencia escénica, alardes acrobáticos y con mucho ímpetu de golpes, cuchilladas o disparos.
Se hacen acompañar de una vistosa fotografía de Romain Lacourbas y en una discoteca la vibrante música tecno, hábilmente interpretada por la palpitante banda sonora de sintetizador de Tyler Bates y Joel J. Richard (junto con algún susurro ocasional de El lago de los cisnes de Chaikovski), hacen a una estética oscura y elegante.
Además, según he podido averiguar, dirección de Wiseman ha sido sometida a debate pues al parecer necesitó múltiples reshoots (filmación adicional de escenas que ya se habían grabado previamente) para mejorar su calidad, con la intervención de Chad Stahelski, director de la saga principal. Esto habría generado cierta inconsistencia en el tono y la ejecución de la historia.

En el reparto destaca una De Armas como solvente luchadora, diría yo que, en fémina, el doble de Statham como mínimo, con muchas cualidades para este tipo de rol de ultra acción violenta, encarnando a Eve Macarro.
Muy bien retratado e interpretado el sospechoso Canciller por Gabriel Byrne, el líder del culto guerrero oscuro al que pertenece la secta de los muy tenebrosos y malévolos; Ian McShane muy eficiente como el Winston Scott, el salvador, quien logra rescatar a Eve del peor de los destinos.
Sharon Duncan-Brewster muy bien como su entrenadora principal Nogi, que mantiene a la protagonista ocupada con adiestramiento de tiro y artes marciales, hasta que acaba con tipos que la doblan en tamaño en el tatami; Javier Castañeda, como el padre; o el one Keanu Reeves, como John Wick, vestido negro sobre negro y sin abrigo en un pueblo gélido.
Y hay que sentir cierta adoración por la veterana Anjelica Huston luciendo joyas de poderío y maquillaje del muy denso, cual reina del crimen de Ruska Roma, conocida meramente como la Directora, la cual le dice a una joven estudiante de ballet que siga ensayando hasta que sus dedos de los pies sangren a través de sus zapatillas de punta de satén: «Cuida tus heridas antes de que te dé una sepsis y tengamos que cortarte los pies» (demasié).
Acompaña un elenco extenso donde destacan Norman Reedus, Lance Reddick (su último papel en pantalla), Anne Parillaud, Abraham Popoola, David Castaneda o Robert Maaser, todos conjuntados y corales.
Esta película es el primer spin-off cinematográfico de la franquicia John Wick, ultraviolenta y entretenida. Sin embargo, la trama es convencional y la película no aporta demasiado al universo John Wick, repitiendo fórmulas ya vistas.
Historia de venganza simple pero efectiva, aunque no profundiza demasiado en la psicología de los personajes. Cinta entretenida, con una protagonista carismática y escenas de acción impactantes.
Ritmo implacable que nunca decae, estopa y disparos a gogó, lo propio para crear una película de acción veraniega y desenfrenada, con cierto estilillo.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Diamond Films