Cinco metros cuadrados (3)

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España ¿va bien? 

5-metros-cuadrados-0La España de no hace tanto tiempo pasará a la historia por haber cobijado a un buen número de chorizos especuladores que hacían trizas las esperanzas de progreso de los españolitos de a pie a base de pelotazos de muy diversa índole. Uno de los más importantes fue el que tuvo a la burbuja inmobiliaria como protagonista.

Para el que todavía no se haya percatado (y si no que eche un vistazo a su cartilla de ahorros) muchos de los males que ahora sufrimos son el resultado de un sinfín de operaciones financieras donde como se suele decir hasta el más tonto hacía relojes. Palabras como soborno, comisiones, estafas o dinero negro las conocían hasta los más tiernos infantes… hasta que todo estalló y nos vimos abocados a una crisis galopante que a día de hoy aún sufrimos en nuestras carnes.

El nuevo trabajo del director madrileño Max Lemcke, especialista en hurgar en estos universos turbios que se mueven en los grandes centros de poder y en cómo los tejemenejes de los mandamases acaban afectando de manera directa al que menos culpa tiene, nos sitúa en el caso concreto de una inocente pareja, Álex y Virginia, que están a punto de casarse y se verán embaucados por uno de estos supuestos chollos en los que había mucho que ganar y muy poco que perder.

A partir del momento en que descubran que no todo el monte es orégano, comenzarán una caída imparable hacia los infiernos del beneficio ajeno. Lemcke pone el dedo en la llaga en una situación que, por desgracia, nos toca más cerca de lo que nos pensamos. Si ya en Casual day, el film que le dio renombre dentro de nuestro mundillo cinematográfico, había ejercido de minucioso entomólogo para acercarnos al trasfondo de la presión que sufre quien está dentro de una estructura empresarial, ahora le toca el turno a la corrupción en la compra-venta de bienes inmuebles denunciando a aquéllos que mataron nuestra economía a ladrillazos.

Amparándose en el humor negro soterrado que tuvo a Berlanga y Azcona como máximos exponentes (El pisito, de Marco Ferreri, con guión de Rafael Azcona es un claro referente del film) y con un un guión más condescendiente y con menos acidez que en su predecesora, el realizador coloca a dos caras muy conocidas de la pequeña pantalla, Fernando Tejero y Malena Alterio, en el ojo del huracán de un problema enquistado en nuestra maltrecha sociedad. Por la pantalla veremos desfilar a alcaldes, concejales, ministros, constructores, vendedores de pisos (o de humo, según se mire): toda una jauría de depredadores en busca de los ahorros del más incauto.

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Estamos ante una comedia porque nos gusta reírnos de la desgracia ajena, pero podemos hablar perfectamente de que Cinco metros cuadrados es un verídico drama de situación. El progresivo deterioro en la relación de pareja de los protagonistas será inversamente proporcional a la decisión de ambos por luchar contra lo que consideran injusto. En este aspecto el film se asemeja bastante a aquel dirigido en 2003 por nuestra flamante y polémica ministra de cultura Ángeles González Sinde que llevaba por título La suerte dormida. Ambas obras se plantean hasta qué punto el ser humano puede llegar para poder recuperar lo que le han arrebatado impúdicamente. Si en el caso del film de Sinde llegaba un momento en el que la realidad se imponía a la utopía en Cinco metros cuadrados (título que por cierto hace referencia a lo que mide la terrazita que se vende como complemento al piso en adquisición) se opta por llevar el asunto hacia un colofón más visceral y desgarrador que aquí no desvelaremos.

El conjunto se beneficia, y de qué manera, de un elenco actoral en estado de gracia. Fernando Tejero acomete la que es sin duda su interpretación más ajustada, muy en la linea de otros cómicos, como el Alfredo Landa de Los santos inocentes o el Andrés Pajares de Ay, Carmela, quienes tuvieron la oportunidad de demostrar en el cine su faceta más seria. Lejos de estos histerismos y saineteos, nos hallamos ante un actor como la copa de un pino, alguien que es capaz de transmitir con su mirada la amargura del que lo ha perdido todo y de representar de manera perfecta a esa clase media ninguneada que ahora se las ve y se las desea para llegar a fin de mes.Este año, si nadie lo remedia, será serio candidato a ganar el Goya a mejor actor junto anombres ilustres como el Luis Tosar de Mientras duermes o el José Coronado de No habrá paz para los malvados.

A su lado, Malena Alterio actúa como complemento ideal con su prudencia y sobriedad, aparte de regalarnos uno de los mejores momentos del film, aquel en el que discuten en el lecho conyugal (en casa de sus padres, al no tener ni un céntimo para poder independizarse) y ella revienta de pura desesperación y toma una decisión que desencadenará todo el tramo final.

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Y si los protagonistas de la historia están estupendos, qué decir de los actores secundarios que los acompañan: Emilio Gutiérrez Caba y Manuel Morón representan de manera estelar todo ese universo de buitres corruptos y putrefactos que, como bien dice uno de ellos, venderían a su abuela por cuatro duros. El primero se pone en la piel del arribista sin final, mientras que el segundo, uno de los retratos más interesantes del film, interpreta a un concejal cansado, abatido por tener que lidiar entre el oprimido y el opresor.

A su lado, pequeñas pero no menos importantes intervenciones de actores como Secun de la Rosa, en la piel de un promotor inmobiliario que lanzará la piedra y luego esconderá la mano, o Jorge Bosch (otra gran revelación que consiguió el premio al mejor actor secundario en el pasado festival de Cine Español de Màlaga, al igual que Fernando tejero, que hizo lo propio en el apartado a mejor actor).

Max Lemcke, sin llegar a la altura de otros realizadores europeos que han maravillado por su acertada crítica social ante lo establecido (Ken Loach o Bernard Tavernier) tiene la valentía y el arrojo de denunciar en una gran pantalla lo que otros callan por miedo a que sus subvenciones se vean menguadas.

España es uno de los países europeos donde se rueda menos cine de temàtica social, y países como Francia o el Reino Unido están a años luz de ventaja. ¿O es que películas como La clase, La ola, Los edukadores, Un juego de inteligencia u Hoy empieza todo se podrían llegar a rodar en nuestro atrasado país? Pues rotundamente no. Por eso es imprescindible aplaudir cualquier acercamiento por mínimo que sea a radiografiar nuestra sociedad habida cuenta del vacío crítico-social existente en nuestro apoltronado cine, mecido entre comedias insustanciales y episodios de la guerra civil; y Max Lemcke, hay que reconocerlo, se ha convertido en uno de su máximos exponentes; con concesiones al gran público, eso sí (hay menos mala leche que en Casual day y se aplican demasiados paños calientes a asuntos terribles), pero invitando a la platea a reflexionar sobre cómo hemos llegado a la situación inverosímil en la que nos encontramos en la actualidad.

Escribe Francisco Nieto

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Título 5 metros cuadrados
Título original 5 metros cuadrados
Director Max Lemcke
País y año España, 2011
Duración 103 minutos
Guión Pablo Remón y Daniel Remón
Fotografía José David Montero
Producción Isabel García Peralta
Distribución A Contracorriente Films
Intérpretes Fernando Tejero, Malena Alterio, Manuel Morón
Fecha estreno 11/11/2011
Página web http://www.cincometroscuadrados.es/