CÓMO CELEBRÉ EL FIN DEL MUNDO (2)

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Cum mi-am petrecut sfarsitul lumii
Título original: Cum mi-am petrecut sfarsitul lumii
País, año: Rumania – Francia, 2006
Dirección: Catalin Mitulescu
Producción: Martin Scorsese, Wim Wenders
Guión: Catalin Mitulescu y Andreea Valean
Fotografía: Marius Panduru
Música: Alexander Balanescu
Montaje: Cristina Ionescu
Intérpretes: Doroteea Petre, Timotei Duma, Ionut Becheru, Cristian Vararu, Marius Stan, Marian Stoica
Duración: 106 minutos
Distribuidora:  Pirámide Films
Estreno: 22 mayo 2009
Página web:  http://www.sfarsitullumii.ro

Alegrías y nostalgias
Escribe Carlos Losada

Primer filme de Catalin Mitulescu, sobre la caída del dictador rumano Nicolae CeaucescuNo hay duda que el título de esta película, primer largometraje de Catalin Mitulescu, rodado en 2006, sorprende al estar utilizado para la caída del dictador rumano Nicolae Ceaucescu, porque esta excelente idea oscila continuamente entre una presencia netamente autoritaria y un despegue hacia el sarcasmo, que no siempre Mitulescu consigue.

Tal vez se deba a la maleabilidad propia de un régimen dictatorial que exprimía a sus súbditos, en este caso esclavos, sin importar ni sus sentimientos ni sus ideas, y menos aún qué comerían mañana o el porvenir que les aguardaba. Ceaucescu sólo se preocupaba de sí mismo y del poder omnímodo que el comunismo le daba; vamos, como todos los dictadores que fueron, son y serán en el mundo, incluidos los aprendices de dictadores que se escudan en la democracia.

Lo peor es que la trama argumental esté excesivamente apegada a una pretendida cotidianidadDe ahí que la trama argumental esté excesivamente apegada a una pretendida cotidianidad, que se da de bruces con la realidad del dictador, y cuando el sarcasmo hace acto de presencia -rotura accidental de un busto de Ceaucescu y reacción de sus autores- se nos antoja casi una frivolidad, aunque luego la protagonista, Eva, deba pagar las consecuencias, y aquí el sarcasmo cobra vida, porque el reformatorio a donde la envían posee todas las características de la dictadura.

Como contrapartida, en ese reformatorio siniestro conoce a Andrei, un rebelde, que le propone escapar de Rumanía a través del Danubio, que en este caso no es azul, como pretendían los Strauss. El desarrollo de esta peripecia tiene imágenes que son una alegría para quien desea huir de un país tan terrorífico, incluidos los espectadores, que se percatan tanto de su difícil y comprometida situación como del heroísmo que significa; mas, todo se nos antoja como un extraño juego, al igual que el grupo de mayores que se odian y se aman y hasta se enternecen.

Una larga huida de un país aterrorizado a través de un Danubio que ya no es tan azulEn la parte última de la película nos enteramos que Andrei tuvo suerte, porque al dictador y a su mujer ya los han colgado, y la televisión lo ha difundido por todo el mundo; por tanto, el hermano pequeño de Eva, Lalalilu, ya no tiene que encerrar a su padre en el baño para que imite la voz y los gestos de Ceaucescu -como cuenta Mitulescu que eso hacían en su casa; y se nota, porque son las mejores secuencias de la película-, y todo acaba desdibujado sobre cómo hicieron los rumanos para celebrar el fin de su mundo opresor.

Porque la alegría manifestada, de una forma un tanto soterrada, choca con cierto tufo de nostalgia por unos tiempos ya fenecidos. ¿O no es más que la nostalgia por la infancia perdida y que nunca se podrá recuperar? Probablemente, aunque Catalin Mitulescu debió darnos esta conclusión con imágenes más significativas y elocuentes. Aunque viniendo de ellos mismos, queda como un aceptable testimonio.

¿Fábula política? ¿O no es más que la nostalgia por la infancia perdida y que nunca se podrá recuperar?