Cumbres borrascosas (1)

Published on:

Nadie ha entendido de qué trata

Es bien sabido que el cine de Emerald Fennell vive, en gran parte, de la controversia, del debate y la polémica en redes sociales. Esta fue, de hecho, una de las claves del éxito de trabajos anteriores como Promising Young Woman o Saltburn. Ambas desprendían, además, un absurdo y una sátira con una cierta gracia, que las convertía en productos, como mínimo, disfrutables.

No se puede decir lo mismo de su nueva adaptación de Cumbres borrascosas, toda unatendencia en internetgracias al «fenómeno Elordi», y que, sin embargo, se erige como un filme completamente histriónico y pasado de rosca.

Es cierto que Fennel deja claro desde un principio que la suya no es reinterpretación al uso, y que el amor, el deseo y la prohibición son, para ella, los pilares fundamentales de la historia. No obstante, la superficialidad con la que se tratan el trauma y el abuso e incluso la falta de elementos característicos de la obra original, como la piel oscura de Heathcliff, hacen que la película se convierta en un auténtico sinsentido.

Ni un Jacob Elordi más preocupado en vender su imagen de guaperas que en interiorizar el dolor de Heathcliff, ni una Margot Robbie completamente teatralizada y desfasada son capaces de salvar el papel. La química entre ambos es también inexistente.

De este modo, su relación (y, por ende, la película entera), intenta sostenerse a partir de unas escenas íntimas sosas, que no aportan nada y que alejan el foco de aquello realmente interesante y rico de la historia: el mundo interior de Catherine y Heathcliff.

En ninguno de ambos casos existe una profundidad real de los personajes, cuyo comportamiento solo se puede llegar a entender por inercia. Solo al principio se deja ver lo fantasmagórico del trauma intergeneracional y de la locura que acecha a quien ha habitado en las Cumbres Borrascosas.

Para plasmar correctamente la represión en torno al cual parece que gira la película, es imprescindible dejar minutos para la introspección individual, para el desarrollo lento y silencioso del trauma, para mostrar el peso del contexto social en la relación. El ritmo rápido impide este proceso, y deja, como consecuencia, un resultado superficial y lleno de agujeros.

Los personajes secundarios son otro ejemplo más de los sinsentidos de esta versión. Nellie, pese a la paciencia, la cordura y la transigencia que muestra, es retratada como la antagonista de la historia. Isabella, caracterizada en esta nueva versión como un personaje infantil, aunque ligeramente obsesivo que en alguna secuencia, podía servir como cómico contrapunto al melodrama de la trama principal, acaba convirtiéndose atropelladamente en una extensión de Heathcliff cuyo rol no se acaba de entender.

Parece en todo momento que Fennel pretendía realizar una reinterpretación punk, kitsch, algo similar al sólido Maria Antonieta, de Sofia Coppola. Pero en Cumbres borrascosas, el camp no es camp, sino, simplemente, mal gusto. Así se refleja, por ejemplo, en unos escenarios barrocos, horteras e infantilizados hasta la turbiedad. En este sentido, tampoco se salva la banda sonora de Charli XCX, que en ocasiones carece del carácter ambiental que debería mantener cualquier música de cine.

Es lícito hacer una película de época romántica y sexy: blockbusters como Los Bridgerton demuestran que el género no pasa de moda, y que producciones de este estilo entretenidas y bien ejecutadas son posibles. El error es intentar reducir el clásico de Emily Bronte y la complejidad que lo caracteriza en una película de amor adolescente, no muy alejada de After o Culpa mía, hecha expresamente para ser consumida y comentada en Tik Tok.

Ay, si Bronte levantara cabeza…

Escribe Sara López Casas | Fotos Warner Bros. Pictures