La provocación del mercenario lenguaraz
Los más críticos con el cine de superhéroes (que cada día abundan más) estarán un poco hartos de ver cómo las pantallas quedan arrasadas por este tipo de producciones. Y es comprensible: las películas están hechas a gusto de los que somos fans del género, e incluso algunos empezamos a vernos superados por el gran número de títulos que nos asedian.
La calidad de estas cintas llegó probablemente a un punto álgido en la trilogía nolaniana sobre el caballero de Gotham, y pocas películas se han atrevido a recorrer un camino radicalmente distinto del de la acción desmesurada tradicional, o los conflictos morales y la oscuridad crecientes en los últimos años.
Ha habido ejemplos, claro. Lo hizo, por ejemplo, James Gunn con su Guardianes de la galaxia, que demostró que se podía hacer una cinta de superhéroes de gran calidad en su género, satisfaciendo tanto a los fans de la acción constante como a la vertiente más cómica que era capaz de agradar todo tipo de público. Y lo ha hecho de nuevo, aunque siguiendo un camino distinto, Tim Miller con su Deadpool.
El miedo a esta adaptación era enorme desde que se vio el destrozo causado con el personaje al final de X-Men orígenes: Lobezno, con el mismo Ryan Reynolds que le ha dado vida ahora. Muchos fans clamaron contra aquello, con razón, y aunque los trailers fueron disipando el pavor, algo quedaba. Sin embargo, la respuesta por parte del público y la crítica está siendo unánime: Deadpool es la mejor adaptación que se podía realizar del cómic. “Como si hubieras arrancado una página del cómic y la hubieras puesto en pantalla”, decía el actor.
Y no es fácil haberlo conseguido. Deadpool parece una película de superhéroes dirigida por Tarantino. De una historia algo tópica (Wade Wilson es un matón de poca monta tiene una vida bonita con su novia hasta que es diagnosticado con cáncer y se somete a un programa experimental del gobierno que podría salvarle… hasta que todo sale mal, y acaba con unos poderes que le permitirán llevar a cabo su venganza), se construye una película violenta, con un humor muy negro, cargada de acción y, lo más importante, capaz de reírse de sí misma y de todo el género.
Este último apartado es quizás el que esté convirtiendo a la cinta en un gran éxito. Se hace evidente desde los mismos créditos iniciales, donde no aparecen los nombres del reparto o el equipo técnico, sino bromas al respecto (“un cameo esperado”, “una adolescente malhumorada”, “un personaje generado por ordenador”, o “los verdaderos héroes de esta historia”, en referencia a los guionistas), pero continúa con las burlas de Wade Wilson hacia las películas del género y hacia la falta de dinero del estudio para introducir personajes más conocidos de otras cintas, o con las referencias constantes a Hugh Jackman, compañero de reparto de Reynolds en la cinta en que se presentó el personaje de Deadpool.
El aspecto cómico bebe mucho de una de las mayores habilidades del mercenario en los cómics, que es su habilidad para romper la cuarta pared. Deadpool sabe constantemente que es un personaje dentro de una película, lo que le permite dirigirse al público cuando quiere, en un apartado desarrollado con gran inteligencia por los guionistas, a pesar de lo difícil de adaptar que resultaba (algo que se hace notar en el hecho de que esta habilidad podía estar más explotada, pues en los cómics no sirve solamente en el apartado humorístico, como aquí, sino también para hacer avanzar la historia).
Aparte de jugar con la originalidad de ese aspecto, se distingue Deadpool de otras películas del género en la exagerada violencia que la caracteriza, que no resulta demasiado habitual en este tipo de producciones, y que se recibe como un soplo de aire fresco. Tampoco las bromas utilizadas o el lenguaje son demasiado aptos, algo que puede resultar una gran noticia, si otras películas deciden avanzar en este sentido y ayudan a eliminar la percepción del género de superhéroes como algo infantil y poco serio.
Y nada de esto tendría importancia si no fuera por Reynolds, el soporte central de la cinta, mimetizado a la perfección con su personaje. La actuación es soberbia, y al lado de ella palidecen sus compañeros de reparto, a pesar de desarrollar papeles más que decentes: Wilson es el foco de atención, merecidamente, en todo momento. Tanto es así que, incluso en los (esperados) momentos de grandiosidad visual y espectáculo exagerado, buscas a su personaje en la pantalla constantemente, atento al más mínimo detalle.
Son al final esos detalles los que convierten la película en una delicia para los fans. Reitero la definición anterior: imaginen una cinta de superhéroes con un protagonista antiheroico, llena de humor negro y con una violencia propia del cine de Tarantino. Si es lo que se busca, sin duda el espectador quedará satisfecho. Si no, mejor mantenerse alejado. Que empiece el juego.
Escribe Jorge Lázaro
