Dioses y perros (3)

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La suciedad para darle color al cine

dioses-y-perros-1A pesar de que su época más dorada pareciera quedarse atrás hace unos años, con un alejamiento del público ante una tónica general poco destacable (salvo honrosas excepciones) y actores educados para imagen y no en la voz (de nuevo salvo excepciones), el cine español parece estar despegando de nuevo desde hace no demasiado. En ese sentido, Dioses y perros no es una joya, ni una película excelente; de hecho, se tambalea entre el aprobado y el suspenso, y si se lleva el primero es porque supone la confirmación de que el cine español está cambiando de tónica general, y para bien.

Es un cambio que se intuye, pero que todavía hay que confirmar, pues la película que firman David Marqués y Rafa Montesinos tiene sus muchos errores, que aún habrá de subsanar con la experiencia (estamos con Montesinos ante el primer largo de alguien más acostumbrado al formato de cortometrajes y episodios de series de TV, y eso se hace de notar en la influencia a Marqués, que si ha dirigido ya varios largos).

La historia que se nos plantea se ha contado ya muchas veces en el cine, y por ello no puede evitar pecar de tópicos: Pasca es un exboxeador vallecano que vive de mala manera cuidando de un hermano minusválido y un amigo alcohólico, con un sueldo tristísimo como sparring y que, de pronto, conoce a Adela, una profesora que (cómo no) cambiará su vida y le devolverá sus sueños.

El retrato que se hace del día a día de los personajes recuerda enormemente a otra producción de la quinta como es El luchador de Aronofsky, intentando, como ésta, que la sobriedad y la incisión en los personajes reflejados en la rutina sea el mayor garante de realismo de la película. Y, aunque bebe mucho de obras como la mencionada, y de tópicos insalvables, la película de Marqués y Montesinos en general puede funcionar con un hacer que mantiene la atención la mayor parte del tiempo.

La mayor parte, que no todo.

La película comienza en su punto más alto, y poco a poco la calidad va decayendo (sin resultar realmente mala en ningún momento, pero sí bastante floja en varios), a pesar de que el final pueda hacerla ganar de nuevo algunos puntos. Hay escenas (como una lacrimógena y melodramática secuencia entre Pasca y su hermano, muy típica de cualquier telenovela o serie de producción no especialmente destacada) que destruyen por completo el espíritu que encarnan los personajes y la historia, que destruyen el realismo, y que suponen la mayor queja que alzar contra la película.

Aparte de ello, y como se comentaba más arriba, el hacer de Montesinos como director de cortos se nota. Escenas como la inicial de los créditos tienen un montaje y un rodaje ejemplares, pero a medida que tiene que inflar la historia para llenar hora y media en pantalla, ésta se va desinflando en calidad, paradójicamente, y se convierte en relleno poco digerible. A ello hay que añadir que las dirección de las escenas de diálogo, con cambios de plano simples y muy mal llevados, en general queda a un nivel bastante bajo.

Sin embargo, si aprueba es porque constantemente se aprecian los destellos de talento del equipo que hay detrás. Ambos son buenos directores, sí, pero mejorables, y el éxito de la película se lo deberá sobre todo al guión (salvo los momentos ya mencionados, y que firman el mismo Marqués y Jesús Martínez, autor del relato corto en que se basa), y a unas actuaciones bastante destacables. El primero, un sorprendente Hugo Silva (que ya trabajó con David Marqués con En fuera de juego) como Pasca, que realiza una interpretación de primera; y que se ve apoyado por un reparto igualmente competente (Megan Montaner puede resultar una Adela muy insoportable al principio, porque ese es su personaje, pero al fin funciona).

Más allá de ello, hay escenas rodadas con una fuerza demoledora, apoyadas también por la gran música de Mario de Benito. Los puntos de humor que salpican la película hacen que el realismo se haga aún más interesante, y el resultado final, más que decente.

No es excelente, pero es, como comentábamos, una nueva confirmación de que el cine español está en buena forma, y de que aunque tengan cosas que pulir, hay realizadores e intérpretes de mucho talento en nuestro país.

Escribe Jorge Lázaro 

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