Película documental naturalista y poética

En un pase especial de los premios Goya, para el teatro Isabel la Católica de Granada, pude visionar este mediometraje, con gran afluencia de público, en una noche de frío polar. Lástima que los asientos, antiguos y de madera labrada, son muy incómodos. Pero pronto la pantalla acaparó mi atención y me olvidé de las apreturas para centrarme con gran deleite en las imágenes.
En los 71 minutos, una historia luminosa y poética tan bien rodada como interesante, de la directora y guionista valenciana Laura García Andreu.
Domingo y su plan
Estamos en Alquerías del Niño Perdido, pequeño pueblo mediterráneo (Castellón), situado en la región que más naranjas produce de toda España y a su vez la mayor exportadora de cítricos del mundo. Un vecino del pueblo comenta: «En este pueblo, hace treinta años todos vivían de la naranja». Pero los tiempos cambian y las naranjas ya no pertenecen a los agricultores. Las multinacionales han empezado a patentar las mejores variedades de naranjas y obligan a los naranjeros a pagar por ellas para subsistir.
En laboratorios de Israel y otros, se desarrollan nuevas variedades que no son las más sabrosas o las mejores, pero tienen características que las hacen más rentables en el mercado. A propósito, se cuentan anécdotas entre hilarantes y dramáticas de intentos, por parte de algunos camperos en visitas guiadas a estos huertos experimentales, de hurtar alguna yema que, bien metieron en el bocadillo o en la boca para que mantuvieran la humedad, para poder luego injertarlas en sus árboles. Que finalmente fueron cazados para vergüenza de los interfectos.
Domingo Domingo, el personaje, es primo de la pareja de la directora, de modo que quedaba la cosa en familia. Creo que es una gran suerte contar con un personaje tan espectacular en pantalla, extrovertido y perseverante, que puso todas las facilidades para colaborar en el proyecto. La cosa es que Domingo acaba prontamente atrayendo la atención y los afectos del público.
Domingo, el protagonista de esta cinta, es un activo, entusiasta y avispado agricultor a quien le gustan los naranjos, que cultiva y cuida desde niño. Ha hecho de su vocación casi una obsesión, como otras que declara tener (o haber tenido), como fue la de comprar una bicicleta.
Domingo declara que si le tocara un buen «porrazo»en la lotería, lo que haría es comprar más naranjos. O sea, no se iría a vivir la vida o de veraneo, no: más naranjos, tal es su incondicionalidad.
Domingo está orgulloso de su oficio, pero temeroso de perderlo y no poder dedicarse a lo que más le gusta: cuidar de sus mandarinas. Por eso le anda por las mientes un plan de lucha.
Domingo no se acobarda ante los cambios que se vienen produciendo en el sector. Ya al principio de la cinta le vemos haciendo injertos en los árboles de su huerto, pues tiene un plan: un árbol secreto con una nueva y mejorada variedad de naranja que sueña con patentar. Si gana la partida vencerá a las multinacionales, se forrará y todos los días de su vida serán domingo.
David contra Goliat
No solo nuestro protagonista se crio entre naranjas y en el campo, Laura García, la directora también. Laura declara que pasó sus primeros años correteando por el huerto de su abuelo, un hombre extrovertido y jovial, y que quedó fascinada por la manera de vivir alegre e irónica de los hombres de la huerta como él; su yayo fue labrador y fue un referente para ella.
Y afirma Laura: «Ya de adulta conocí a Domingo Domingo, un agricultor excéntrico y seductor. Al principio pensé que era un kamikaze contra las multinacionales, pero pronto descubrí que estaba frente a un auténtico David contra Goliat». Sí, el mismo Domingo relata esta idea cuando se imagina batallando frente a las multinacionales y grandes empresas del sector naranjero. Pues no es fácil tener la fuerza y el ánimo necesarios para enfrentarse al sistema de la industria alimentaria que cada vez más, controla lo que comemos.
En la cinta, alrededor de Domingo gira un grupo de personajes hilarantes que llenan su historia de toques berlanguianos y tiernos al mismo tiempo. Uno de ellos es su padre, con quien mantiene jugosos intercambios dialécticos sobre la felicidad, el matrimonio y la necesidad de hacer el propio camino, aunque sea, como dice su padre, no en línea recta, sino haciendo curvas como su hijo hace.

Sobre la directora y su obra
Laura, Licenciada en Comunicación Audiovisual y en Antropología, fue codirectora y coguionista del documental Motherhood (2018), Mejor Cortometraje Documental en los Premios de la Academia del Cine Valenciano (2019) y Premio al Mejor Guion en el Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina (2018).
Con Domingo Domingo (cuyo estreno mundial tuvo lugar en el 25º Festival Internacional de Documental de Tesalónica) ha ganado el premio al mejor proyecto documental en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2021. También fue seleccionado en DocsValencia 2019 donde recibió el Premio À Punt y el Premio MAFIZ. La película participó en MAFIZ Festival de Málaga (2020) y también ha sido seleccionado en el programa europeo ESoDoc, y ahora a los Premios Goya, a ver qué pasa.
Mercado y amenazas a la tradición naranjera
Este documental nos plantea cómo nuestra soberanía alimentaria está en peligro. «Este hecho y las resonancias globales del tema de fondo, que afecta a todas las frutas y verduras que comemos, son los ingredientes fundamentales de esta comedia documental» (García Andreu).
Las grandes corporaciones dominan, minando la independencia de los agricultores, su derecho al justiprecio por su trabajo y su producto, mientras adviene la amenaza del latifundismo, la monopolización de los cultivos y las patentes de las variantes de la naranja, para ahogar la economía tradicional.
Además, acechan al campo otros competidores desleales que tienen que ver con el mercado y las preferencias del consumidor. Por ejemplo, llegan a Europa naranjas de otros lares del norte de África, que venden sus frutos sin pasar los mismos controles sanitarios.
Siendo España el país que más cítricos exporta (la Comunidad Valenciana representa el 14% de las exportaciones mundiales), está cercada de países como Chipre, Marruecos o Sudáfrica, que por su clima pueden producir naranjas en momentos del año distintos a los de aquí.
Los salarios de la recolección constituyen igualmente un hándicap, pues son muy bajos y, además, son labores de temporada, por lo que luego estos recolectores deben trasladarse a otros puntos del país para recolectar otros frutos como la pera de Lleida. La precariedad y el erratismo laboral (el propio personaje se ve obligado a hacer chapuzas para subsistir) es lo que hace soñar a Domingo con dar un golpe y encontrar una nueva variedad para poder dedicarse a trabajar el campo y vivir tranquilo.

Los inconvenientes de la fauna silvestre
También hay ecología de sistemas y de especies pues, claro, quienes hemos conocido el campo de cerca, sabemos que, en un determinado entorno de cultivo, la tierra está superpoblada de otras especies vegetales y animales que a veces conviven plácidamente y otras se convierten en inoportunos vecinos que van desde los levemente molestos a los muy engorrosos.
Pues bien, en pantalla podemos ver también dos poblaciones, concretamente de mamíferos, y de los muy perjudiciales: la superpoblación de conejos y la abundancia de jabalíes silvestres.
Los primeros destruyen el hábitat con su voracidad, las madrigueras y el riesgo de la mixomatosis. Los segundos, la plaga de jabalíes, que son también muy voraces, se comen las naranjas, horadan el suelo buscando bulbos, destrozan raíces y desnivelan la tierra con los tremendos túneles que hacen.
Escenas y escenarios: la Feria de Berlín
Podemos ver en pantalla escenas de los vecinos de Alquerías celebrando o preparando una paella, a los viejos del lugar hablando y discutiendo sobre el negocio, gente de apariencia humilde pero que tienen un conocimiento impresionante de su actividad naranjera. Que, con la misma charla de toda la vida, siempre tienen algo que añadir. Ello en un microcosmos cuyo tema se puede deslocalizar, pues sus preocupaciones son globales, a nivel mundial.
Hay una parte en la que Domingo viaja a Berlín, a la Feria Agroalimentaria que allí se celebra. Se ha preparado su viaje poniendo en su celular la manera para que traduzca al alemán en mensaje de voz: «Soy Domingo y quiero que pruebes mis mandarinas», ello para ver de vender y encontrar financiación para su patente en la feria germana.
Este es un momento especial, entre tenso y simpático, entre hilarante y dramático. Y muy candoroso pues, para hacernos una idea, lo que lleva Domingo es una mochila pequeña cargada de sus mandarinas y, además, casi nadie entiende lo que dice su móvil. Pero él, tranquilo, aprovecha los momentos de asueto para comer uno de sus bocadillos.

Pobres pero adinerados
Este filme está hecho de cara a la ciudad, a la urbe, más que a lo rural. Y es entrometido, pues la historia abre un hueco en el imaginario del campo. Es curioso ver las filtraciones de la vida moderna en espacios rurales, que alguna gente puede suponer erróneamente aislados y al margen del mundo. Nada más lejos de la realidad. El paleto clásico no existe ya prácticamente.
Es también llamativo que, mientras algunos de los participantes refieren perder dinero o estar mayormente quebrados y sin blanca, este es un lamento tan tópico como falso, pues los de allí saben que muchas de esas personas mayores que hablan, sobre todo las que salen en pantalla, tienen bastante dinero.
Prueba de ello son las escenas cuando Domingo, en sus cavilaciones, decide ir a un concesionario de coches Lexus de la zona y le muestran un modelo de alta gama que se sube por encima de los cien mil euros. Y él sueña tenerlo y se regodea en sus fantasías.
Humor, suspense y ventana al mundo
El relato se cuenta en clave de humor, rayando también el suspense, en relación con el hallazgo de Domingo, los injertos, la nueva variedad y todo eso.
Domingo suele estar acompañado de los vecinos del pueblo y compañeros de profesión. Pues, aunque haya denuncia por la crudeza las circunstancias del mercado a que me he referido, el cuento está contado con la soltura de quien convive con los hechos cotidianos y con los naranjales. De modo que mientras el espectador puede sorprenderse, a sus protagonistas se les ve muy acostumbrados a su medio, a sus avatares, rutinas e incluso a sus actividades de ocio.
En su estreno, Laura García habló de la conexión del público con el relato: «No es un problema exclusivo de la huerta valenciana, sino que se replica en toda la huerta de Europa. Lo que sucede aquí, sucede en otras partes del mundo». De modo que se cumple el propósito del género documental: abrir las ventanas del mundo, para descubrirnos y reconocernos en contextos foráneos.

Documental que es película
Asimismo, quiero decir que imaginando yo con ir a ver un documental, me encontré con una película. Como comenta la directora. «El género documental es mucho más que el reportaje audiovisual. Es un relato creativo que se apoya en una realidad concreta».
De manera que no nos tenemos que dejar llevar por los estereotipos, Domingo Domingo relata una historia escrita en forma de cuento, tiene un protagonista y tiene también sus personajes secundarios que giran a su alrededor. O sea, una película.
Para más, hay un guion muy bien llevado de la propia Laura junto a Arunas Matelis, una música que casa perfectamente de Alberto Lucendo, y una sensacional y esplendente fotografía de José Luís González, que acierta a captar con eficiencia los paisajes valencianos con sus naranjales.
En el reparto destaca un expresivo y natural Domingo Domingo Vilar, junto a otros paisanos, figurantes como Vicent Molés García, Juan Rafael Grau, Carles Peris Ramos y José Silvestre Vilar.
Cierre
Salí del cine sin reparar siquiera en el frío, estaba más bien recordando escenas, gestos, detalles de la película, mensajes, anécdotas e imágenes de los naranjos, los enormes jabalíes, a Domingo bañándose en una pila de riego o las ricas naranjas que saborean los parroquianos.
Estoy convencido que esta obra no defraudará al espectador que vaya a verla. No sé si será premiada con un Goya, o no. Pero de serlo, sería por propios méritos
Laura Andreu, mujer que ha conocido los naranjales valencianos, se ve que entiende bien de qué habla. Mira por dónde me ha recordado a Rocío Mesa, quien con su filme Secaderos (2022): nos trajo la realidad del cultivo del tabaco en la vega de Granada. Ambas son creativas mujeres de cine que nos han deleitado con las imágenes del mundo rural y agrario de sus respectivas comunidades o regiones.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Suica Films