¡Adivina quién llama!

Escribir es una profesión que requiere paz y tranquilidad. Nadie lo sabe mejor que el novelista Pierre Chozène en esta comedia francesa que nos ocupa. El problema de Pierre: recibe llamadas constantes de familiares y conocidos. Si no es su ex, es su hija, o la siguiente ex. ¡Qué bien le vendría que alguien se hiciera pasar por él para contestar todas esas llamadas molestas!
El segundo personaje principal de la función es Baptiste Mendy, un joven comediante que imita las voces de famosos franceses en un club de comedia por las noches. Baptiste es el imitador que Pierre busca, el que acepta el trabajo de contestador automático, el que no sabe realmente en lo que se está metiendo. Y que tampoco sabe que la hija de Pierre es una artista atractiva, lo que a su vez genera complicaciones.
En manos del actor y a la sazón humorista Salif Cissé, a quien uno tuvo la suerte de descubrir en la muy recomendable ¡Al abordaje! (Guillaume Brac, 2020), el personaje de Baptiste inventa toda una serie de situaciones cómicas, armado únicamente con su voz, imitando a diversas figuras públicas.
El actor convertido en comediante utiliza su arte principal para transformar la cámara, viéndola no solo como un instrumento, sino como el público mismo: una fuerza de la naturaleza que lo impulsa a trascender sus limitaciones. Además, mantiene un estilo único y distintivo en su interpretación.
Por supuesto, antes de su particular relación profesional con el otro personaje importante, Pierre Chozène, un escritor que como hemos dicho está harto de que lo interrumpan en su trabajo y a quien el excelente (como siempre) Denis Podalydès, —de padre griego, lo que explica su nombre— interpreta admirablemente bien, Baptiste trabaja en una empresa de telemarketing y algunas noches, en un club de comedia, un fenómeno mundial importado de Estados Unidos.
Una idea de guion arriesgada pero ejecutada con sinceridad, con gracia y sutileza. Entre la comedia de enredos y una breve reflexión sobre la amistad y las apariencias, esta es una comedia vivaz e inesperada, una verdadera sorpresa en estos tiempos que reconforta el alma, reduce el estrés y, por lo tanto, la presión, y, durante toda la película, nos hace sentir que las buenas intenciones siempre son honorables, incluso si a veces tenemos que fingir.
La sinopsis y el póster de Un amigo inesperado (traducción algo extraña del original Le repondeur) sugieren una mezcla de comedia y de la inevitable Intocable (y sus numerosas imitaciones). Nada más lejos de la realidad. Nos hallamos, fundamentalmente, ante una comedia que lleva la sobriedad por bandera, desenfadada y humana. Naturalmente, no faltan las complicaciones necesarias —inevitables en una trama así—, pero nunca llega a ser demasiado extravagante ni ridícula.
Además, la película aborda temas interesantes: los roles que desempeñamos en nuestra vida diaria, el deseo de ser invisibles frente al de ser vistos, y el poder del arte y la literatura. La historia se desarrolla en un atractivo ambiente parisino, lejos de los clichés cursis de series como Emily en París y los suburbios del cine de autor francés, pero con la atmósfera de los apartamentos, cafés y círculos sociales del sofisticado parisino.
Puede que muchos la vean como un ejemplo más de teatro de bulevar, pero visto a través de los ojos de Fabienne Godent, quien posee una visión diferente, una brillantez pocas veces alcanzada y, en definitiva, un enfoque cinematográfico tan ingenioso y perspicaz como redefine algunas de las convenciones asociadas al género: la comedia, nada menos.
Y una vez más, Cissé está soberbio, demostrando que el atractivo no reside en la apariencia, sino en tener un rostro amable, una mirada acogedora y buenas intenciones, incluso si a veces conllevan errores.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Surtsey films