El hombre menguante (3)

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A la medida de Dujardin

Tras la première española en el último Festival de Cine Fantástico de Sitges, donde cosechó buenas críticas en general, llega ahora a los cines El hombre menguante, en el original francés L’homme qui rétrécit (2025), del director Jan Kounen, y con el oscarizado Jean Dujardin como protagonista principal. Encontramos aquí la historia de Paul, un empresario naval que, después de presenciar un cielo un tanto extraño, encoge un poco cada día hasta quedar de un tamaño diminuto.

El hombre menguante (2025) es un clásico del cine revisitado por el empeño del actor Jean Dujardin: confiesa que adquirió el DVD de la clásica edición de El increíble hombre menguante, de Jack Arnold (1957) en la FNAC, vio la película varias veces y acto seguido llamó al productor para conseguir los derechos de la obra y filmar esta nueva versión.

El actor, en un papel más serio de lo que nos tiene acostumbrado, aunque se guarde algún que otro momento para hacer un poco el payaso (verbigracia el baile en la casa de muñecas). Lo que queda claro es que él es el protagonista absoluto en un papel hecho a su medida.

El filme dice que estamos de paso por este reguero de lágrimas que es nuestro mundo, y que todo lo que damos por seguro puede volatilizarse: esa extraña enfermedad que encoge al protagonista es la metáfora de todo lo que podemos perder: la salud, la fortuna, el patrimonio, las amistades, los amores…

A medida que el hombretón encoge cambian sus prioridades y su repertorio de bienes materiales, pero sigue siendo él, quizás más que antes porque nada puede distraerlo de lo fundamental. Es una advertencia contra la ceguera del día a día, con sus exigencias de atención hacia lo prescindible.

Un segundo mensaje sería «conserva tu dignidad cuando lo pierdes todo»; quizás el devenir de la araña que habita en el sótano tenga que ver con esta convicción. Digamos que en la película en blanco y negro el destino del arácnido (un pedazo de tarántula) que habita en el sótano de la casa es uno y que, en esta nueva entrega de 2025, cambia el tipo de animal y su destino. También en la parte final del filme, más allá del ventanuco del sótano resuena esa llamada a la dignidad.

Si comparamos el clásico de 1957 con esta nueva adaptación de la novela de Richard Matheson (publicada 1956) encontramos algunas diferencias llamativas, más allá del destino de algún personaje trucado:

—En la versión clásica todo empieza con una niebla radiactiva mientras que la versión de 2025 aparece un cielo espectacular al tiempo que extraño y no se da ninguna explicación científica sobre el fenómeno del encogimiento del protagonista. En esta nueva versión, por tanto, desaparece la alerta sobre el peligro nuclear. Después de Chernóbil y Fukushima ya estamos todos enterados de los males potenciales y eso permite cambiar el foco y los puntos de interés.

—En la versión de 1957 el espectador tiene algún respiro en la parte central de la película (un médico hace un diagnóstico preciso de la enfermedad, el protagonista conoce a personas acondroplásicas, también se hace famoso y en un momento dado parece que el encogimiento se ha detenido), pero en la versión de 2025 la angustia del protagonista es constante, aunque con altibajos. Esa falta de respiros puede resultar incómoda o monótona al espectador.

La nueva versión, un proyecto a medida de su protagonista: Jean Dujardin

—Las dos versiones tienen mensajes filosóficos narrados con una voz en off, del propio protagonista, aunque son ligeramente distintos y complementarios.

—Cambian los nombres, los entornos profesionales y familiares de los hombres menguantes.

—La versión de 2025 rinde homenaje a algunas secuencias de la película de 1957 (momento del sillón, momento del gato…).

Los efectos especiales están muy medidos: la película juega con las texturas de los objetos, con las diferentes percepciones del sonido a medida que el protagonista mengua, aunque también hay alguna escena espectacular que merece verse en pantalla grande. Debemos agradecer además a estas películas mantener vivo el verbo «menguar», aunque sea en su forma de participio presente. En inglés shrink y en francés rétrécir equivalen sencillamente «encoger», de amplia aplicación para jerséis de lana.

Escribe Francisco Nieto | Fotos DeAPlaneta