El mohicano (3)

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Cuando la mafia convive con el pueblo

«Te has convertido en una anomalía en el paisaje. Sabes muy bien cómo terminará esto, no te haré un dibujo». Cuando el fundamento de tu ida se ve cuestionada por personajes peligrosos y comprometidos con su banda, la elección es, someterte o enfrentarlos, corriendo riesgos y ateniendo las consecuencias de ello. La segunda opción es la que toma el taciturno y pertinaz protagonista de esta cinta.

Joseph es un vocacional y amante de su profesión, uno de los últimos cabreros con su campo costero en la isla de Córcega, en el Golfo de Santa Manza. Es un hombre solitario, amante de la naturaleza y vive en armonía con la tierra y con sus animales.

Su pastoril vida se ve perturbada cuando es amenazado por la mafia local (Unione Corse), que le presiona para comprar sus tierras. La idea de los sicarios es promover un proyecto inmobiliario, hormigonar, construir, especular y convertir aquel paraíso en bloques de cemento.

La forja de un héroe

Pero el pastor se niega y en un forcejeo fatal, resulta herido de gravedad el hijo del capo principal que había ido hacia él para liquidarlo. A partir de ahí, Joseph se convierte en blanco de una persecución despiadada y brutal, meramente por defender su vida y su causa.

Su sobrina Vannina, una youtuber, inicia una campaña en redes sociales que transforma a Joseph en símbolo de resistencia. El hashtag #ElÚltimoMohicano se viraliza, convirtiendo al pastor en leyenda viva, incluso las carreteras anuncian su figura de resistente, de último mohicano. Progresivamente, Joseph se convierte en héroe gracias a la cámara de resonancia del mundo digital.

Nuestro protagonista, sin quererlo, de convierte en un símbolo de firmeza y tenacidad frente a la opresión mafiosa que habita su isla. Su desesperada huida, del sur al norte de la isla, es por un lado una búsqueda de supervivencia, para que no lo maten, pero también es un grito de alarma ante la desaparición de un modo de vida ancestral.

Aspectos técnicos

La dirección inmersiva de Frédéric Farrucci captura con maestría los paisajes corsos, que se convierten en personajes por derecho propio, testigos silenciosos de una lucha desigual. Farrucci explora el enfrentamiento entre el individuo y un sistema corrupto.

Tiene el filme un estilo que combina el realismo social con una estética de thriller sobrio y tensión constante, una meritoria fotografía de Jeanne Lapoirie, los sugerentes silencios y el uso de la música como importante elemento narrativo.

Alexis Manenti hace un trabajo actoral contenido, pero también poderoso, y consigue transmitir la dignidad, el orgullo y el dolor de un hombre que no busca ser héroe, pero que se ve convertido en uno, gracias a su resistencia al límite y a las redes sociales que divulgan su hazaña.

Mara Taquin interpreta eficientemente el personaje de Vannina que, además de sobrina, cuida el rebaño durante la ausencia de su tío; es la representante de una generación que lucha desde la honestidad con recursos digitales.

La ambientación en Córcega no es casual: la isla representa históricamente la resistencia frente al colonialismo y la imposición externa

La mafia corsa

La ambientación en Córcega no es casual: la isla representa históricamente la resistencia frente al colonialismo y la imposición externa. Pero es también una región donde los grupos mafiosos y la extorsión se mezclan con el turismo de la isla. Farrucci aprovecha estos elementos para construir un relato que mezcla western moderno con drama político.

Es llamativo cómo el capítulo de la mafia en la isla se siente como algo propio. Vemos gente disfrutando de chiringuitos o de la playa, y aunque los mafiosos forman parte del paisaje, están entre los turistas y el pueblo buscando al pastor para matarlo, sin embargo, en ocasiones se niega esa realidad: que nada interrumpa la diversión estival.

Pero como espectador, se vive la desazón y la angustia que se debe sentir en una sociedad así, una sociedad enferma que prefiere avenirse a lo que dicten los sicarios autóctonos, vender sus tierras a los especuladores y guardar silencio para no provocar la cólera de esta gente maligna y asesina.

No hace mucho visioné otra cinta sobre la mafia corsa que está en línea con esta obra. Me refiero a: El reino de la mafia (2024), de Julien Colonna, que desde otra panorámica y con otra historia, desde dentro de uno de los diversos grupúsculos mafiosos de la zona, cuenta y desvela igualmente la presencia de estas organizaciones que tiñen el tejido social y político insular.

El mohicano no es solo una historia de persecución, con su carga de tensión, de maquinaciones, de suspense incluso por cómo acabará la historia de Joseph, es sobre todo una invitación a reflexionar sobre el precio de la libertad y el menguado poder de la comunidad ante este tipo de grupos.

Aunque hay que decir que en el mundo hay otros estamentos que sin ser sensu stricto mafia, puede ser una corruptela política cualquiera, una concejalía de urbanismo X, también tergiversan la calificación de terrenos y construyen donde había pinares o zonas con valor ecológico: cosas veredes…

Llama la atención ver cómo un humilde individuo, un modesto cabrero, puede transformarse en un mito

David y Goliat

Llama la atención ver cómo un humilde individuo, un modesto cabrero, puede transformarse en un mito, sobre todo con la ayuda de ciudadanos, mayormente jóvenes, que se mueven raudos, veloces y certeros por las redes sociales. Pues Joseph encarna la lucha por preservar un modo de vida frente a la especulación urbanística y la corrupción. La película denuncia la complicidad entre mafia, gobierno e instituciones.

Si antaño los mitos y los héroes tardaban años en construirse, en esta cinta vemos que la imagen del pastor y su leyenda de valiente y audaz pronto se hacen virales e incluso un logo con su imagen está bien visible en los márgenes de las carreteras y caminos de la isla. Farrucci logra que una historia local se sienta universal, y que el espectador se cuestione sobre qué hay que hacer para defender lo propio, lo que se ama.

La película no hace una observación desesperanzada pues, gracias al personaje de Vannina, la película introduce una nota de ilusión y también de insurrección. La chica se niega a permanecer en silencio ante la injusticia, y es el motor principal que moviliza las redes sociales, para transformar a su tío en una figura de leyenda y despertar a la juventud corsa, cansada del silencio y de la falta de compromiso.

Esta elección narrativa le otorga a la película una dimensión contemporánea y universal, recordándonos que las luchas locales pueden convertirse en movimientos colectivos cuando conectan con las nuevas generaciones.

Farrucci expone los riesgos de una lucha desigual, especie de David contra Goliat, de cuyo desenlace depende el futuro de la isla y de sus habitantes, bajo la influencia del hormigonado del litoral por el hiperturismo y el crimen organizado. Excelente película que rinde homenaje al western.

Cierre

Al combinar cierto suspense hitchcockiano con un drama que implica un compromiso social, la obra va más allá de los códigos del thriller para convertirse en el retrato de una Córcega dividida entre la tradición y la modernidad perversa. En la película cada gesto cuenta, cada silencio pesa, y el individuo, incluso acorralado, puede devenir líder molesto para los especuladores.

El título y el apodo de Joseph evocan El último mohicano, no solo como referencia literaria, sino como símbolo de alguien que se niega a desaparecer ante el avance de la modernidad mal entendida.

El mohicano es un filme cautivador y necesario, que deja huella por su franqueza, por su espíritu de sana rebeldía y la carga emocional que encierra.

Escribe Enrique Fernández Lópiz