Mafia naturalista y antiglamour

La película se desarrolla en la isla francesa de Córcega, año 1995. Es el primer verano de Lesia como adolescente. Un día, un hombre llega a casa de su tía con quien vive y la lleva a una villa aislada donde se encuentra a su padre, escondido, rodeado por su clan.
En los bajos fondos ha estallado una guerra. El círculo se estrecha a su alrededor y la muerte golpea. Obligados a huir, padre e hija aprenderán a enfrentarse, a comprenderse y a amarse.
Como es sabido Córcega y Sicilia tienen un serio problema con el crimen organizado, que se intensificó drásticamente en la década de 1990, que es la época en que se ambienta esta película. Era una época en la que la isla se veía asolada por la guerra entre grupos nacionalistas y familias mafiosas. La película se centra en un clan mafioso asediado por enemigos por todas partes y que busca sobrevivir a toda costa.
Córcega es, amén de la patria de Napoleón Bonaparte, una isla peculiar: técnicamente parte de Francia (aunque conserva una clara cultura italiana), pero demasiado independiente, lo bastante como para dejar que sean los extranjeros quienes gestionen sus asuntos. Los foráneos deben andarse con cuidado.
Primera película de Colonna
Estamos ante un escalofriante filme que es el primero que dirige el cineasta corso Julien Colonna, con guion de él mismo junto a Jeanne Henry, donde se toma un tiempo del metraje hasta llegar al thriller policial, pues sólo se escucha un disparo en el segundo acto. De hecho, cuando conocemos a Lesia, la muchacha vive la vida despreocupada de una adolescente normal de vacaciones: va a la playa, sale con sus amigos y se abraza con un chico de su pueblo que trabaja en el supermercado.
Posteriormente se analiza el coste personal del estilo de vida del gánster/mafioso. Un estilo de estar en el mundo en el cual la vida pende de un hilo cada día. Deben pasar borrando las huellas cada jornada para no dejar rastro y vigilando sus espaldas en forma permanente. Un filme llevado con precisión naturalista y ambientado en un sofocante verano, junto a impresionantes vistas mediterráneas que sirven de telón de fondo a las sangrientas venganzas que veremos.
No es una de gánsteres al estilo clásico, o sea, lleva al mínimo el espectáculo asociado al género, manteniendo la violencia fuera de la pantalla hasta avanzada la cinta, y con unos recursos narrativos que resultan muy eficientes.
Colonna, corso y criado en Córcega, conocedor a la perfección el terreno, en su debut como director utiliza un estilo naturalista que captura la belleza y también la tensión en el marco de la Córcega profunda, isla mediterránea de enorme belleza, por cierto, belleza que no escapa a la atención del director.
La fotografía de Antoine Cormier es sensacional y acompaña una música ad hoc de Audrey Ismael que complementa perfectamente la atmósfera de la película. A lo que se une dos actores autóctonos y sembrados para los roles principales: Ghjuvanna Benedetti como Lesia y un imponente Saveriu Santucci como Pierre-Paul, el padre y capo jefe. Ambos no profesionales.
El paso a la adultez
De manera subrayada es una película sobre el tránsito a la adultez. En la obra tenemos la perspectiva al comienzo de una quinceañera ingenua, que va evolucionando a una mayor consciencia, la joven Lesia, interpretada magníficamente por la recién llegada Ghjuvanna Benedetti, muchacha bronceada cuya mirada penetrante y perfil afilado apuntan buenas perspectivas de futuro en el cine.
El hecho es que la película se centra en la relación íntima entre padre e hija que, en las escenas de acción y venganza, sitúa la cinta en un terreno intermedio entre el drama familiar y el thriller criminal, pues ambas partes de la ecuación coexisten.
Lesia es la hija de un gánster corso que vive escondido. Ella sólo puede visitarlo clandestinamente, casi siempre rodeado de su pandilla exclusivamente masculina, como suele ser habitual en este tipo de comunidad gansteril.

Los protagonistas y avatares
En pantalla, la presencia de la joven es penetrante, llama a la cámara. Julien Colonna no se equivocó al elegir a la Benedetti casi desde el primer encuentro. El mismo Colonna ha declarado que «Ghjuvanna es una naturaleza fascinante de filmar, su intensidad, su mirada, sus silencios. También su compromiso, su serenidad y su determinación».
Colonna se esforzó en elegir actores nativos con acentos auténticos y expresiones características de la zona para hacer una película nada artificial. Así es Lesia, adolescente de 15 años: una muchacha asilvestrada que disfruta de sus vacaciones de verano cuando su tía la lleva lejos, donde está su padre. Está que ni pintiparada para este papel, una broncínea joven de gruesos labios, ojos abiertos y mirada atenta.
Aunque la actriz es un poco mayor para interpretar a una adolescente cándida e inocente (en la realidad tiene 22 años), Benedetti es, sin embargo, la joven actriz corsa ideal para encarnar el lado alerta e inquisitivo del personaje. Desde la mirada de Lesia, su padre es una figura honorable.
El otro pilar del reparto es Pierre-Paul, encarnado con entidad por Saveriu Santucci, un hombretón en la cincuentena que hace de sujeto curtido en mil batallas.

Cómo Lesia abre los ojos
Lesia conoce la situación, su padre es un fugitivo desde que ella tiene uso de razón. Las llamadas telefónicas están prohibidas, no se puede correr el riesgo de que los enemigos o las autoridades estén monitoreando la zona. Si los ubicaran sus vidas podrían correr peligro.
En esta visita la cosa es particularmente tensa y la televisión cubre el intento de asesinato contra un político relacionado con su padre. A los pocos días su padrino es asesinado a tiros. La isla está caldeada por el afán de poder de diferentes facciones.
Pierre-Paul prepara a sus hombres para la batalla. El público televidente conoce sus rostros y el punto de vista de Lesia está determinado por las imágenes de TV, donde los reportajes muestran las fotos de los hombres de su padre junto con imágenes de coches acribillados y viudas llorando.
Pronto descubrimos que la jovencita Lesia no sólo ama a su padre, sino que lo adora, y lo acompaña a pescar y a cazar jabalíes, aunque a ella no le gusta matar animales, por lo que a veces falla el disparo a propósito.
No quita para veamos la gran habilidad de Lesia para descuartizar un cochino jabalí que los hombres acaban de matar y que han colgado de la gruesa rama de un árbol. En la escena, Lesia, cuchillo en mano, se acerca al jabalí y corta diestramente el vientre del animal y vacía sus entrañas sin pestañear. Ya vamos viendo y entendiendo que tiene la capacidad de rajar un cuerpo, tal vez de matar también.
Lo que sucede luego es que, con el trascurso del tiempo, en compañía de su padre y sus amigos mafiosos, la chica dejará atrás las ilusiones y fantasías que al comienzo tenía, para ir cada vez más aceptando las implicaciones de su persona como heredera directa del jefe.
Inicialmente, la orden que le dan cuando llega es que se quede en casa mientras los hombres salen y permanecen fuera todo el día. Pero poco a poco, Pierre-Paul permite a Lesia escuchar conversaciones arriesgadas y comprometedoras, sobre cómo planean atacar antes de que sus rivales puedan atraparlos.
Al principio, Lesia no está contenta de estar en la guarida a la que la han llevado. Extraña a su novio y comete un error fatal al intentar llamarlo desde un teléfono público, mientras que la ubicación de Pierre-Paul debe mantenerse en secreto. Pronto se le aclara la razón de esto cuando un coche bomba casi mata a un político local, quien aparece después en la villa para charlar con los mafiosos.
La joven sigue su proceso de cambio, vemos que va transitando desde la reticencia inicial a la implicación posterior en las actividades del grupo de su padre, en un acertado análisis que quiere entender, sin justificarlo, las dinámicas que forjan los orbitales de violencia transmitidos de generación en generación en estos contextos: Lesia evolucionará de una niña alejada de la mafia a una que se verá envuelta en el corazón de esta.

Padre e hija
La película es lo suficientemente ambigua como para que el grupo pueda parecer de militantes nacionalistas corsos y Pierre-Paul un héroe local; o que sea un delincuente organizado tipo gánster, que es lo más probable y lo que a todas luces es. Pero hay este sesgo de ambigüedad, pues en ningún momento vemos cuál es el negocio del grupo mafioso, si droga, si armas, etc.
Lo que sí vamos viendo conforme avanza la historia, es que este hombre, tan benévolo y amoroso con su hija, es capaz de actos verdaderamente feroces y crueles. Colonna acierta a desvelar los aspectos conflictivos de la personalidad de Pierre-Paul en dos escenas importantes.
Primero, la larga conversación con Lesia en un camping, en la que le cuenta todo lo que le ha costado su estilo de vida y cuánto sufrió la muerte de su padre (el abuelo) a manos de sicarios enemigos. Y cómo, desde entonces, vivió para vengarse.
También asistimos al giro que se produce cuando la hija descubre que la verdadera razón de que Pierre Paul no se avenga a escapar de su isla y de su pueblo, es el inescrutable vínculo, familiaridad y apego radical que tiene por sus raíces y por la tierra de sus ancestros, su padre en primer lugar. La cruel ironía es que una vida familiar normal en la isla jamás será posible para padre e hija, que siempre habrán de estar mirando por el rabillo del ojo.
Conclusión
Comparada con películas como El padrino, este retrato resueltamente anti glamoroso es la antítesis del enfoque de Coppola sobre grupos mafiosos o gánsteres.
Esta obra sobre la matonería en la isla de Córcega nos hace vivir la violencia desde la perspectiva de una niña y muestra sus consecuencias, algo que raramente se ha hecho en un filme: vivir en alerta, amenaza permanente, miedo a la traición, imposible la mínima frivolidad, el precio de la venganza como círculo vicioso, violencia y fuego, dejar atrás la infancia, la tía o al pequeño novio que la espera, fin prematuro de la inocencia.
Es también una película original dentro del género. Debido a su ritmo pausado, la recreación en el paisaje y los silencios que la presiden será más del gusto de aquellos que buscan una experiencia cinematográfica reflexiva y emocional.
Tiene un final tremendo en el cual vemos de qué es realmente capaz Lesia, aunque Colonna deja abierta la posibilidad de que, después de todo, tal vez pueda la muchacha vivir una vida normal. La pregunta que nos hacemos es si realmente quiere hacerlo.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Caramel films