Soñar a lo grande, luchar contra todo

Jérémy es un joven que trabaja en un videoclub en Amiens, y Bouna, es limpiador en el aeropuerto de Orly. No tienen contactos, tampoco dinero y su nivel de inglés es muy bajo. Nada hacía esperar que estos dos jóvenes acabarían como agentes renombrados en la NBA norteamericana.
Pero estos dos seres marginados, motivados por su pasión incondicional al baloncesto y por su inconmovible amistad, superan todas las trabas y dificultades para alcanzar su sueño: un gran sueño americano.
La historia de años de dificultades los llevó a su primera oportunidad importante: el nuevo contrato de Nicolas Batum con los Portland Trail Blazers en 2012, por 46 millones de dólares durante cuatro años.
Una feel good movie
La expresión inglesa feel good movie, se emplea para referirse a las películas que incitan al optimismo o a la felicidad, tiene equivalentes en español como amable, agradable o de buenos sentimientos, entre otras. En fin, película apreciable, bonita y reconfortante.
Pues bien, en este verano tenemos esta historia sencilla, que tiene las relaciones afectivas y la buena onda como motor. Cuenta para ello, como para que podamos empatizar, con una serie de personajes que, aunque pueden provocar un poquito de angustia durante el trayecto, aseguran el final luminoso y esperanzador que encierra una lección de vida. Además, los protagonistas son personas cercanas con las que el espectador puede identificarse y sintonizar.
La película saca algunas sonrisas y manda mensajes positivos sobre la amistad, la perseverancia, la resiliencia y el trabajo duro. De modo que es una de esas películas para todos los públicos que agrada, de las que uno sale con buen sabor de boca de la sala de cine.
Es probable que no forme parte de grandes campañas publicitarias, que no sea una gran película ni un éxito rutilante, pero tiene su calado y su mensaje. Incluso diría, más que otras que se estrenan con más alharaca. Además, la historia que cuenta parte de hechos y personajes reales. Está, pues, anclada en la realidad.
Cuenta con la dirección con el francés Anthony Marciano, que hace honor a su apellido y a veces no parece de este planeta, simplemente por la forma tan humana de componer a unos personajesentrañables, personajes que el espectador siente afectuosos y buenas personas desde el principio. Seres falibles, de carne y hueso, que derrochan una simpatía singular. Es fácil empatizar con ellos e incluso identificarse con lo que les ocurre.
Causa de la buena onda es que tienen referentes reales y sólidos: Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana, son dos soñadores que pelearon con uñas y dientes para convertirse en los agentes franceses más influyentes de la NBA después de una larga carrera tratando de hacer su negocio viable, para lo cual se endeudaron para lograrlo, poniendo en jaque incluso sus relaciones personales.

Un largo camino con penalidades
Jérémy y Bouna se conocen en una cancha de baloncesto. Ambos son jugadores retirados y tienen una pasión común por el deporte de la cesta, así que pronto empiezan a pensar cómo poner eso al servicio de sus carreras.
La idea es convertirse en agentes deportivos nacientes, que es como comienzan sus carreras. Captando y promoviendo a jugadores de básquet jóvenes en Francia. Son dos desconocidos, aunque pueden aportar dos factores diferenciales y característicos: un trato cercano con los jóvenes jugadores, la misma lengua y el deseo incombustible y la vocación por lo que hacen.
Al principio quieren asociarse a figuras asentadas y ya profesionales, pero se dan cuenta de que en la profesión hay mucha gente aprovechada y sin escrúpulos. Por lo que emprenden el camino más largo: fichan y entrenan jugadores con buena predisposición y habilidades, pues nuestros protagonistas son, además, avezados ojeadores.
Además, aprenden inglés para conseguir apoyos en Norteamérica, se mueven cuanto pueden sin descanso en ese complejo mundo e invierten en su negocio, a pesar de las dificultades y los números rojos.
Las deudas llegan a estrangularlos, pero siempre encuentran la manera de seguir adelante, no rendirse, no tiran la toalla, son incombustibles y refractarios al desaliento, siempre en pos de alcanzar sus objetivos. Incluso deben encajar un duro golpe cuando el jugador por el que más habían apostado y más sueños habían depositado, les da la espalda, haciendo peligrar los planes y proyectos, muchos de ellos en el aire aún.
Estamos ante una película que no edulcora la realidad, al contrario, expone a las claras los enormes problemas y el esfuerzo que supone la labor de estos baloncestistas. Aunque por momentos Marciano trate el cometido con sentido del humor.
Incluso en las fases más dramáticas, la construcción de los personajes es muy buena, tal que la obra consigue mantener un tono agradable y entretenido. Ayuda intuir en todo momento que el final será amable y, además, emocionante a más no poder.
Es cierto que el clímax es efímero, pero satisfactorio a la vez, enlazando todo ello con imágenes reales tanto de la pareja protagonista como de algunos de sus fichajes estrella (muy bueno el punto de las camisas vaqueras).

Guion y reparto
Si la película funciona así de bien es gracias, fundamentalmente, a la escritura de guion, del propio Marciano, inspirada en la historia real de los agentes deportivos Bouna Ndiaye y Jérémy, y a los dos cómicos franceses de culto que lo ponen en pie: Raphaël Quenard y Jean-Pascal Zadi, que hacen sendos trabajos sensacionales, conjuntados y con química entre ambos socios y amigos.
Además de esta química magnífica en pantalla, sus personajes están trazados con esmero para ser complementarios. Uno es cuadriculado, diligente y obstinado; el otro es creativo, intuitivo y extravertido. Juntos forman un tándem ideal, así que en cierta manera estamos ante unabuddy movie deportiva en la que el todo es más que la suma de las partes.
Aunque es una película de superación personal porque ambos tienen por delante una carrera de obstáculos, una empresa en la que no paran de derribar barreras (idiomáticas, protocolarias, financieras, etc.), la cinta no es una película facilona, que busque la lágrima fácil, ni se ampara en estereotipos ajados.
Marciano juega bien con los momentos de micro suspense, con las fechas que vencen, con unos protagonistas cuyos pulsos emocionales van a buena marcha y son intensos, pero sin forzar la máquina ni crear sensaciones límite desagradables.
Cierre
Película que arranca con Jérémy trabajando en un videoclub en Amiens y Bouna limpiando en el aeropuerto de París-Orly.
Su objetivo es ambicioso y no arredran, a pesar de no tener dinero, sin contactos y con un inglés básico, pero la decisión es firme: convertirse en agentes de jugadores franceses para la NBA.
La trama profundiza en la amistad inquebrantable de ambos protagonistas y en el esfuerzo titánico para triunfar al frente de Comsport: Agencia Internacional de Representación de Baloncesto en Élite, fundada en París.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos DeAPlaneta