La tragedia de un hombre ridículo

Aunque Robin Campillo dirigió Enzo, en los créditos iniciales la película aparece acreditada a Laurent Cantet, fallecido en 2024; esto resulta inusual, pero sin duda lógico.
Cantet había desarrollado la historia junto con Gilles Marchand antes de que un cáncer agresivo le impidiera llevarla a cabo. En estrecha colaboración con la productora Marie-Ange Luciani y el círculo de Cantet, Campillo asumió la dirección con el objetivo expreso de plasmar la película en el espíritu de su colaborador de toda la vida.
Esta doble autoría da forma a Enzo de manera productiva. El sello distintivo de Cantet es inconfundible: desde Recursos humanos (1999), su obra ha girado en torno a cuestiones de trabajo, educación y jerarquías sociales. Aquí también, la yuxtaposición de una obra en construcción y una villa burguesa estructura la narrativa: dos espacios entre los que Enzo se mueve sin llegar a establecerse realmente en ninguno. Al igual que en El empleo del tiempo (2001) o en La clase (2008), ganadora de la Palma de Oro, Cantet se interesa por los personajes en transición, por los movimientos exploratorios que trascienden las etiquetas ideológicas claras.
Enzo (Eloy Pohu), de dieciséis años, crece en una villa con piscina en la Riviera Francesa, hijo de una adinerada familia de académicos. Mientras su hermano mayor, Victor (Nathan Japy), sigue el camino tradicional de la educación, Enzo desafía las expectativas familiares y sociales. En contra de los deseos de sus padres (Pierfrancesco Favino, Elodie Bouchez), abandona la escuela y comienza un aprendizaje como albañil, aunque claramente el oficio no le conviene.
En la obra, conoce a Vlad (Maksym Slivinskyi), un obrero ucraniano mucho mayor que él, que alardea de su éxito con las mujeres y encarna una imagen decididamente masculina. Sin embargo, o quizás precisamente por eso, Enzo se siente atraído por él. Se desarrolla una relación ambivalente, una mezcla de admiración, proyección y deseo tácito, mientras Enzo se debate cada vez más entre el mundo de sus orígenes y la realidad que él mismo ha elegido.
No podemos negar que la influencia de Campillo es claramente evidente. El director de 120 pulsaciones por minuto, quien previamente había trabajado como montador en las películas de Cantet, aporta una sensibilidad hacia la fisicidad y el deseo que impregna sutilmente a Enzo. Sin embargo, a diferencia de la furia colectiva de 120 pulsaciones por minuto, esta perspectiva se centra por completo en el mundo interior del individuo. La disidencia sexual no se presenta como un programa político, sino como una experiencia tentativa y a menudo contradictoria.
Si bien Enzo puede describirse como un drama de iniciación, la película sin duda subvierte las convenciones habituales del género. La rebeldía de Enzo se dirige contra sus padres, quienes lo tratan con notable paciencia y afecto. Su rechazo a sus propios privilegios parece tan sincero como contradictorio, ya que al mismo tiempo los da por sentados. Incluso en la obra, sigue siendo un marginado, irritado por el machismo ostentoso de sus compañeros e incapaz de integrarse en su mundo.
La relación con Vlad también desafía una interpretación sencilla. Es plausible que Enzo busque en él una imagen alternativa de masculinidad, una que trascienda la de su padre intelectual y burgués. Sin embargo, la película no reduce esta dinámica a una simple cuestión de identidad sexual. Más bien, Vlad permanece como una pantalla de proyección, un catalizador y un enigma a la vez. El hecho de que su comportamiento hacia Enzo sea siempre correcto no hace sino intensificar la inquietud: los conflictos surgen menos de las circunstancias externas que de la agitación interna de Enzo.
A nivel social, la película también recurre a la sugerencia en lugar de a las afirmaciones explícitas. Temas como la migración laboral, la guerra en Ucrania o la difusa sensación de inseguridad entre la generación joven no se abordan directamente, sino que se entretejen en las dinámicas de los personajes y en situaciones cotidianas.
Vlad y su amigo Miroslav (Vladyslav Holyk) representan una realidad precaria, al igual que el círculo de amigos de Victor representa un entorno acomodado.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Reverso Films