F1: La película (3)

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Un espectáculo de velocidad y verismo

Sonny Hayes (Brad Pitt) fue uno de los corredores más grandes de todos los tiempos, el fenómeno más prometedor de la Fórmula 1 en la década de 1990, hasta que un accidente en la pista casi acaba con su vida y con su carrera. Pero Sonny sigue siendo un piloto competitivo, acaba de ganar las 24 Horas de Daytona.

El asunto es que, transcurridas tres décadas, Hayes es un piloto que trabaja a sueldo, mercenario del volante, ludópata y nómada, al que consigue contactar su antiguo compañero de equipo Rubén Cervantes (Javier Bardem), a la sazón propietario de un equipo de Fórmula 1 en apuros, al borde de la quiebra.

Rubén convence a Sonny, no sin esfuerzo, para volver a la F1 y tener una última oportunidad para salvar al equipo; además, su piloto segundo está lesionado. Su compañero de escudería es un piloto novato, Joshua Noah Pearce (Damson Idris), la estrella del equipo, que peca por su bisoñez y comete errores que supuestamente Sonny tiene que limar haciendo de tutor.

En fin, que el amigo Cervantes lo tienta, le insiste para que vuelva a su equipo, a ver si puede salvar a su malogrado grupo APXGP de venta inminente, a no ser que gane algo importante antes de finalizar la temporada. Están en el último lugar de la clasificación y su novato Noah necesita claramente un maestro de mano dura que enderece y canalice productivamente la savia joven.

Al principio se pelean con toda suerte de enfrentamientos y reproches. No tarda en darse cuenta la directora técnica del equipo, Kate McKenna (Kerry Condon), que Sonny es un lobo solitario con posibilidades a todo nivel, incluido hacer pódium.

Sonny es ante todo una persona libre y poco sujeta a las normas, al establishment e incluso la prensa le repele. Es un tipo inteligente, descarado y con unas competencias para la F1 por demostrar después de tantos años fuera del circuito, aunque él ha seguido cosechando premios importantes en otras competiciones.

Es también un piloto experimentado y con mucho recorrido, refractario a los embelecos del dinero y a la adulación, pero quiere ganar, claro, aunque para ello tenga que cometer alguna irregularidad, pues, aunque es buena gente, es un auténtico zorro de las pistas de alta velocidad.

Además, nuestro piloto, curtido en mil batallas, se toma en serio, aunque sin extravagancias, su entrenamiento diario para estar en forma y llegar a manejar su monoplaza con las máximas garantías y el mejor estado física, mental y de training con los simuladores de conducción y repasando una y otra vez cada circuito que pisa.

Sonny, a pesar de ser más bien un hombre maduro, experimentado e incluso sabio, el filme lo intensifica en el metraje; no hay más que escuchar la partitura de Hans Zimmer que colabora a esta acentuación, como si Sonny fuera un héroe de cómic, acompañando con sus notas cada vez que aparece en escena el personaje.

Durante dos horas hemos viajado de Reino Unido a Italia, a Japón, etc., y la película llega hasta el último gran premio en Abu Dabi para dejar que el público absorba, disfrute y se interiorice de unas llamativas y emocionantes competiciones de F1. Según me consta, hay 90 minutos de documentales, pero tan bien conseguidos y montados que no se nota que son añadidos de escenas reales.

La Fórmula 1 en vivo

Aunque no soy aficionado ni muy entendido, me consta que en la F1 los pilotos no solo compiten con pilotos de otros equipos; luchan también con sus propios compañeros por apenas una décima de segundo.El director Joseph Kosinski ha comprendido la emoción de esta tensión y ansia por el milisegundo en la pista, y eso, entre otras, es lo que hace que esta cinta sea tan insólita y emocionante.

Pero hay algo que distingue a esta cinta de otras ofertas de este género: la manera impresionante en que Kosinski entrelaza la realidad de la F1, con su narrativa ficticia. Colaborando (de nuevo) con su guionista Ehren Kruger, y el director de fotografía Claudio Miranda, el director da forma a una aventura de alto octanaje sobre el regreso a la parrilla de salida, ya al final de su carrera, de un piloto de primer nivel, otrora prometedor.

La cinta es una apología en defensa de los hombres (y mujeres) ya maduros

Las ventajas de la madurez

La cinta es una apología en defensa de los hombres (y mujeres) ya maduros, se podría decir que trata sobre un piloto de la tercera edad, o casi. Una persona con larga práctica en la vida y en las pistas de competición que sabe más por viejo que por diablo, y es que tiene también un poco de malillo.

El filme también es una defensa de las segundas oportunidades. De no descartar los valores que la veteranía encierra. De modo que a una parte importante de los espectadores creo que estos mensajes les gustarán.

Como me gustaron a mí, porque socialmente se ignora o se conocen mal las posibilidades de la vida adulta mayor (prejuicios viejistas), porque han oído mil veces que los mayores son decadentes o poco capaces. Pero también, por eso de «segundas partes nunca fueron buenas», refrán español que sugiere que la continuación o repetición de algo, generalmente no alcanza la calidad o el éxito de la primera parte.

Sin embargo, existen bastantes excepciones a esta regla, y la película lleva a la pantalla la idea de que algunas segundas partes logran superar a sus predecesoras. Dato curioso es el cameo de Fernando Alonso en la película, el piloto asturiano de 43 años, bicampeón del mundo, y que continúa puntuando para su equipo Aston Martin.

Reparto y verismo

Formidable elenco, liderado por un excelente Brad Pitt, junto a un estupendo Javier Bardem, un convincente Damson Idris, una eficiente Kerry Condon, y más: Tobias Menzies, Sarah Niles, Kim Bodria, Samson Kayo, Lewis Hamilton, Will Buxton, Gianni Calchetti, Callie Cooke o Will Merrick.

La dirección consigue que su reparto se compenetre con una química que hace que no te importe lo demás, en especial Pitt-Idris, que juegan bien la baza de la trama buddy movie.

Todos filmaron durante 18 meses en más de una docena de Grandes Premios de F1 reales, pistas como Silverstone, Spa-Francorchamps, Hungaroring, Las Vegas o Yas Marina, en Abu Dabi, y no solo se filma en el circuito, sino que se aprovecha el ambiente real de cada gran premio.

Todos filmaron durante 18 meses en más de una docena de Grandes Premios de F1 reales

Y para dar más verosimilitud hay una gran cantidad de cameos en esta producción, algunos muy evidentes, pues intervienen directamente, y otros más sutiles. Pilotos de talla como Lewis Hamilton (que es también productor), Carlos Sainz o Max Verstappen.

Para más, los protagonistas condujeron autos de carrera de F1 reales y el dúo Kosinski-Miranda (director de fotografía) pudo experimentar hasta dónde podían llevar la cámara para capturar con precisión la energía adictiva de vivir al límite.

Hay escenas en F1 que coloca a los espectadores en el auto para traducir los sentimientos evocados por la proximidad a la ultra velocidad de más de trescientos Km/h en curvas o cambios de rasante imposibles, a unos milisegundos de la muerte. 

En medio de la F1

Es obra de pura velocidad, de F1 a través de un realismo absoluto. Cumplido es, pues, el objetivo de ser un retrato frenético del adrenalínico deporte. Lo cual se ha trabajado desde la propia preproducción, hasta la puesta en escena de un rodaje que aprovechó el propio calendario de varios grandes premios para sus filmaciones, y que incluso construyó un coche desde cero para la cinta.

El equipo de la película tuvo que amoldarse a las rutinas de la competición real, trabajando con la presión añadida de no entorpecer las previsiones de la competición. «Es una locura. Pero aporta una energía a la película en sí, que es como una carrera para asegurarnos de que tengamos estas escenas», aseguró Pitt.

La locura se refiere al caos y la intensidad del entorno de las carreras, mientras que la energía y la carrera resaltan la necesidad de estar constantemente alerta y preparado para grabar las escenas.

Referido a Alonso, tras haber sido invitado a su primer visionado, elogió lo fiel que se siente la F1 de Kosinski, destacando el trabajo de apreciación y verosimilitud de la ficción con la realidad de la competencia. «Fue una película muy buena y en realidad representa bastante bien lo que tenemos dentro del paddock, los equipos y los pilotos».

El desarrollo sin interrupciones de las carreras, al mismo tiempo en el que se rodaba el filme, marca un hito sin precedentes en este tipo de empresas. Una exigencia milimétrica en la planificación que llevó a una adaptación total de Pitt y del equipo con los competidores y las vicisitudes de los diferentes grandes premios.

Kosinski ya es conocido por su dominio del lenguaje visual (Top Gun: Maverick) y vuelve a apostar por la acción y el impacto visual

Algunas conclusiones

Sé que no estamos ante una joya de la cinematografía. Esta película, eso sí, es un excelente blockbuster vibrante, visualmente genial y diseñado para entretener,en el cual se han gastado trescientos millones de dólares y que pretende recaudar al menos seiscientos para que den los números. Para conseguirlo es necesario que sea una obra consistente, convincente, creíble y atractiva. En suma, que sea un largometraje tan bizarro como caro. Lo cual es así.

Claudio Miranda se ve que tiene hambre de Oscar con una fotografía impecable que transmite toda la velocidad de la competición, sin sacrificar la épica de cada momento y transmitiendo, en la medida de lo posible, la sensación de estar en un monoplaza de cien millones de más. O sea, realismo brutal.

Sin olvidar a Hans Zimmer, con una sensacional banda sonora que envuelve y lleva la acción, que también, me parece, busca una estatuilla. La película incluye, además, temas rockeros (Led Zeppelin y otros) y de rap asociados a los protagonistas, que funcionan muy bien.

Es poco probable que el espectador promedio se interese en las discusiones sobre la suavidad de los neumáticos y la aerodinámica. Pero la belleza de la cinta, el buen guion de Ehren Kruger (con historia de Kosinski) y la buena dirección de Kosinski atraen lo suficiente para salir con la sensación de que podríamos subirnos a un coche y correr en algún circuito de F1.

La cinta es una experiencia sensorial. Kosinski ya es conocido por su dominio del lenguaje visual (Top Gun: Maverick) y vuelve a apostar por una narrativa centrada en la acción y el impacto visual, quedando en segundo plano la complejidad dramática. La historia de Sonny Hayes y el joven talento Joshua Pearce, no son sino un pretexto para desplegar un arsenal técnico de primer nivel.

Es un logro principal de la cinta su inmersión visual y sonora. Las secuencias de carreras, filmadas con cámaras montadas en monoplazas reales, son de una fuerza apabullante. La fotografía y el montaje de Stephen Mirrione logran que el espectador sienta cada curva, cada adelantamiento, como si estuviera dentro del coche. Y la música de Zimmer, con toques electrónicos y épicos, refuerza la tensión y la emoción en cada vuelta.

Además, el diseño de producción recrea con fidelidad el mundo de la F1, con rodajes en circuitos reales, como ya he dicho, y los cameos de pilotos números uno como Hamilton, Alonso o Verstappen, lo cual aporta un plus de autenticidad y atractivo para los fans de este deporte.

A quien le guste este espectáculo, querrá ver esta película en un buen cine; y, si es una sala IMAX, mejor, pues Kosinski ha filmado buena parte de la película, especialmente las secuencias de carrera, con esa tecnología. Lo cual es un aliciente para que el público vaya a una sala de cine y deje, al menos por unos minutos, las plataformas formato TV en casa. Nada como la magia de ir al cine.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Warner Bros