Como en innumerables ocasiones, no parece haber concordancia entre el entusiasmo con que el público ha acogido este filme y la tibieza, en ocasiones rayana en el menosprecio, con que ha sido evaluado por la crítica.
No es, aunque verosímil, oportuno decir que alguno de los supremos intérpretes se equivoca: más bien podría sugerirse que cada cual ha tirado por su camino, desentendiéndose del criterio del otro para no dejarse llevar por una poco deseable melancolía, ya demasiado presente en otros ámbitos en estos tiempos de crisis.
Parte de la crítica se ha esforzado por subrayar no sin acierto, que John Carter partía con la seria desventaja de sus altas expectativas: dirigida por Andrew Stanton, el responsable de ese clásico contemporáneo, maravilloso y sutil que es Wall·E (2008) y avalada por la fantástica obra literaria de Edgar Rice Burroughs, cabía esperar que pudiéramos hallarnos frente a un fenómeno cinematográfico parejo a El señor de los anillos de Peter Jackson.
Sin embargo, y a pesar de contar con esos mimbres y un presupuesto desorbitado (bastante por encima de los 200 millones de dólares), Stanton no habría conseguido estar a la altura de aquéllas, elaborando un producto infantil y carente del espíritu crítico y socarrón de alguna de sus obras precedentes.
Se argumenta en su descargo que, siendo la obra de Burroughs sobre Barsoom muy conocida, contaría con una legión de fans dispuestos a no dejar pasar la mínima infidelidad literaria sin alzar una voz ofendida. Ese hubiera sido el argumento para que otros pseudoadaptadores de Burroughs, como el George Lucas de La guerra de las galaxias, no se hubieran atrevido a versionar directamente los libros del literato y se hubieran lanzado a crear su propio universo, indudablemente influenciado por aquél, en el que Marte/ Barsoom habría sido trocado por el también desértico Tatooine.
Por otro lado, también se ha acusado a John Carter de ser muy poco respetuosa con la evidencia científica respecto de Marte, como si hubiera de redundar en su descrédito el hecho de seguir afirmando que el planeta rojo es habitable.
Sin embargo esas consideraciones chocan con dos elementos atenuantes: el primero es que contra la adaptación de J. R. R Tolkien se han alzado igualmente las voces de los recalcitrantes, y ello no ha sido óbice para que obtuviera un éxito clamoroso de crítica y público a un tiempo. El segundo, que ya se han hecho numerosas adaptaciones de otra parte de la obra de Burroughs, como son las de Tarzán, y no puede decirse que a pesar de su, en ocasiones más que discutible calidad cinematográfica y sus inconsistencias científicas, no se hayan convertido en clásicos de éxito. Paralelamente, parece absurdo reprocharle a una película que suponga la habitabilidad marciana cuando en

No, creo que lo que molesta particularmente a la crítica es que esperaba muchísima más profundidad argumental de Stanton, y lo que se puede observar en pantalla a todas luces decepciona a los incondicionales de Buscando a Nemo o Wall·E.
Quizá fuera justo reconocer que es precisamente la obra de Burroughs la que no se presta a solemnidades, pero también que se suponía a Stanton un talento lo suficientemente acerado como para saber sacar jugo de esas historias, por lo demás, sólo en apariencia triviales.
La pregunta sería: ¿lo ha conseguido, a pesar de la (repito, sólo aparente) banalidad del sustrato, o se ha quedado en la superficie de los espectaculares decorados y la recreación de un mundo que se nutre del western, el peplum y las historias de dragones, magos y princesas?
La sensación que deja John Carter es la de estar más pendiente de las concesiones a la espectacularidad que de la enjundia de un argumento estratificado según la edad y las necesidades de un público muy diverso. Cumple en el aspecto técnico, con unas tres dimensiones que si bien dan sensación de profundidad no pueden igualarse a la categoría que alcanza La invención de Hugo de Scorsese o la mismísima Avatar de Cameron.
En contrapartida, los colores aparecen un tanto apagados y la nitidez es muy mejorable. Los recursos técnicos que mejor hacen su papel son ya clásicos: los paisajes del western fordiano y los apoteósicos triunfos del peplum.

Es por el lado argumental, como hemos sugerido, por donde pueden aparecer los peros. A pesar de sus leves intentos de someter a crítica el sangriento y desaforado belicismo de los colonos americanos, descubrimos que las apelaciones al séptimo de caballería como salvador in extremis de los protagonistas siguen formando parte de la mística extraterrestre en Barsoom.
Los desmanes civilizatorios de Roma, hallan igualmente un poso de simpatía en un guiño a todas luces intencionado: la elección de los actores que dieron vida a los personajes de Julio César (Ciarán Hinds) y Marco Antonio (James Purefoy) en la magnífica serie de la HBO. Así mismo, la crítica económico/teológica que subyace a la identificación de dioses antropomórficos con villanos que gestionan la extinción de las grandes civilizaciones, está poco más que sugerida y con ello insuficientemente aprovechada.
Con todo, no puede eludirse la cuestión de si a pesar de todo logra entretener.
Y la respuesta es que sí, sin entusiasmo, pero tampoco con decepción. John Carter no deja un respiro, contiene todos los ingredientes de una cinta pensada como mero agente descongestionante, como evasión inocente y honesta. Reprocharle su falta de seriedad o de compromiso quizá no sea del todo coherente, en la medida en que puede que nunca haya tenido semejante propósito.
Uno no puede dejar de pensar en qué medida resulta tan huera si la compara con el Episodio I de Star Wars, con cuya reposición coincide en cartel. Y consecuentemente, nos damos cuenta de que John Carter resulta superior a ella en todos los aspectos. Quizá lo único que sucedió es que Lucas supo adaptar mucho antes las historias de Burroughs, dotándolas de una mística propia que aún pervive en el inconsciente colectivo, pero que ya no consigue encantarnos como antes.
Ello no sería óbice para retomar las historias de aquél, para ver si aún son capaces de hacernos creer que en Marte puede haber vida y que hasta al más decepcionado y pobre de los confederados puede esperarle una princesa allá arriba.
Escribe Ángel Vallejo
| Título | John Carter |
| Título original | John Carter |
| Director | Andrew Stanton |
| País y año | Estados Unidos, 2012 |
| Duración | 132 minutos |
| Guión | Andrew Stanton, Mark Andrews y Michael Chabon |
| Fotografía | Dan Mindel |
| Música | Michael Giacchino |
| Distribución | The Walt Disney Company |
| Intérpretes | Taylor Kitsch (John Carter), Willem Dafoe (voz original de Tars Tarkas), Lynn Collins (Dejah Thoris), Samantha Morton (Sola), Mark Strong (Matai Shang), Ciarán Hinds (Tardos Mors), Dominic West (Sab Than), James Purefoy (Kantos Kan), Daryl Sabara (Edgar Rice Burroughs), Polly Walker (Sarkoja), Bryan Cranston (Powell), Thomas Haden Church (voz original de Tal Hajus) |
| Fecha estreno | 09/03/2012 |
| Página web | http://www.disney.es/john-carter/ |