Familia patriarcal: drama y socioantropología

Haider y Mumtaz son un matrimonio de clase media baja que vive en Lahore, Pakistán. No tienen hijos. Comparten la amplia vivienda con otros miembros de la familia, que incluye al padre y al hermano de Haider, a la esposa de este y a sus tres hijas pequeñas. Haider es bondadoso pero pusilánime y sensible, es el cuidador del padre y de las nietas.
Acostumbrado a vivir bajo la bota paterna, la sensibilidad de Haider ha desarrollado inclinaciones heterodoxas, o sea, es gay. Su mujer, con la que se casó por conveniencia, padece esas preferencias de su esposo con una vida marital insatisfactoria a todo nivel, incluido el sexual.
La situación acentúa y complica cuando Haider consigue trabajo de bailarín en un espectáculo de reputación dudosa, pues él se sentirá intensamente atraído por su jefa Biba, una mujer transexual que lo tomará como su mano derecha. Biba es una diva, pero revela igualmente los mecanismos de defensa necesarios para sobrevivir como trans en una sociedad intransigente, severamente patriarcal y ligada a la religión.
Mientras los Rana —una familia patriarcal y felizmente unida— esperan el nacimiento de un niño para continuar con el linaje familiar, su hijo más joven se está uniendo en secreto a una compañía teatral de danza erótica y se enamora de una joven y ambiciosa estrella transgénero. Su historia de amor imposible terminará por avivar de alguna manera las ansias de rebeldía sexual de toda la familia Rana.
Esta película paquistaní tiene su sello cultural e incluso un valor fuera de lo común, sobre todo desde cierta socioantropología interesada en abordar el retrato y descarnado de una familia, de la sociedad local y de las situaciones de género dentro de ella. Es la primera que dirige Saim Sadiq y ganó con ella un premio en Cannes, que no es poco.
Saim Sadiq se adentra con su cámara en las circunstancias y detalles de esa familia pakistaní tradicional, para centrarse sobre todo en el hijo menor, un joven casado, en paro, que encuentra un trabajo como bailarían en una compañía de danza sensual y erótica cuya cabeza visible y directora es una transexual. Esta participación del joven en esta compañía es llevada de manera secreta o muy camuflada en la familia, para no provocar la ira del patriarca.
La cinta dosifica las tramas y subtramas, los dramas, los traumas y otros asuntos ocultos o silenciados, como la homosexualidad del hijo menor. Es una obra que sirve como corte transversal a un hogar cargado de prejuicios, tensiones, secretos a voces, amores y triángulos amorosos, temores y pasiones cruzadas.
Es también el desastre de la mujer que debe abandonar un trabajo como esteticien que le gusta y satisface, una vez el marido ha encontrado el suyo, sencillamente porque debe ocuparse de los asuntos domésticos y de crianza. También el drama del hermano pequeño, persona sensible, delicada, homosexual, un muchacho tibio, delicado y amedrentado, que debe hacer lo imposible para ubicarse correctamente en el rol que le corresponde, que no puede ser el de marido que debe atender a su esposa, lo cual incluye el sexo y procrear.
El valor de Sadiq
Sadiq es un director valeroso que se atreve con esta película en un país severo, rígido y tóxico en el que su proyección llegó a estar prohibida, debido a las críticas de los sectores religiosos por su temática LGTBI.
Pero no tardaría mucho, vista la aceptación en el extranjero, en obtener el permiso para su estreno por el comité de revisión del órgano de censura formado por instrucción del primer ministro, Shehbaz Sharif. Según el director del programa de reformas estratégicas del mandatario, Salman Sufi:«La libertad de expresión es un derecho fundamental dentro del ámbito de la ley». Y es que el cine mueve dinero y éxito para un país, fuera de sus fronteras.
Nuestro director se arriesga, permitiendo que los personajes de su filme muestren su complejo mundo interno y su vida en un entorno asfixiante y riguroso. Aunque es preciso añadir que también es algo reservado cuando rueda la rebeldía, la disidencia con el Staff familiar y la creación de respiraderos para que esos personajes inspiren aire limpio en un mundo tan oprimido y temeroso.
Desde lo visual y narrativo tiene gran interés por las argucias y enredos que va contando; también por lo mucho que esconde, pero que se intuye en un plano latente a poco atento que se esté, por cómo trata el mundo de los afectos y el amor, la conmoción y la intriga que se esconde dentro de una maraña familiar llena de vados, barreras y subterfugios.
El principal trío protagonista traslada al espectador con claridad sus amargas verdades. Especialmente destaca Alina Khan en el papel transgénero: magnífica actriz pakistaní que es la primera persona transgénero en tener un rol principal en una película importante en su país (en mayo de 2023, fue coronada Miss Trans Pakistan en Lahore).

Por cierto, hay una escena clave del filme que recoge el intento de relación sexual entre Biba y Haider, frustrada por la confusión de roles del joven que pide la parte varón de Biba colocándose en cuclillas, lo cual provoca la ira de ella que lo repudia y echa de su casa para siempre.
Tiene de singular cuán bien nos muestra las relaciones interpersonales, que pueden llegar a ser extremadamente complejas cuando la presión social, la autoridad de un padre poderoso o la propia vacilación incitan a vivir de una forma que no es quizá la que desean los protagonistas, sobre todo las mujeres.
Sadiq consigue que sus personajes más sobresalientes —Haider, Biba, Mumtaz— no parezcan ni forzados ni bufos, pues su historia resulta veraz. Esto ayuda a que, dentro de situaciones oscuras y procederes rebeldes, veamos a personas reales de carne y hueso, que viven como pueden, que intentan tirar adelante, aunque infelizmente, y que en ocasiones sufren mucho.
Además, nuestro director acierta a hacernos ver que la vida nunca se vive sola, sino que tiene derivaciones en nuestro entorno, en las personas queridas, en la familia, derivaciones que muchas veces son muy injustas.
Desde esta premisa la película amplía su visión crítica de la sociedad que refleja, hacia una concepción feminista, podríamos decir, en que la mujer es madre, esposa o hermana hacendosa, pero que siempre quedan ninguneadas por el varón. Las féminas deben aceptar ciertas reglas y su voz es silenciada, sus afanes frustrados y su libertad degradada.
Joyland es un título sarcástico (en realidad es el nombre de un parque de atracciones) pues lo que cuenta Sadiq, más que alegre o jovial, tiene forma de drama o de tragedia (sobre todo al final). No es con mucho una película alegre, todo lo contrario.
Está ambientada y fotografiada con esmero en las calles de Lahore (hermosa fotografía de Joe Saade), incluye algunas partes sexuales, pero evitando siempre ser explícito, para no detenerse en lo superficial. En este filme lo que cuenta es lo profundo, lo interior, por eso la escena final en el cuarto de baño resulta, a la vez que cotidiana, terrorífica. Todo ello acompañado de una estupenda banda sonora del cantante, compositor y productor paquistaní Abbdullah Siddiqui.
Tiene un reparto con excelentes actores donde destacan Ali Junejo y Rasti Farooq (marido y mujer en la ficción); Junejo, un novato sensacional. Alina Khan, es el personaje transgénero. También destacan Salmaan Peerzada (como patriarca) y Sania Saeed (Fayyaz, viudo y amigo de la familia). Acompañan Sameer Sohad (como Kaleem, hermano mayor, un macho alfa), Sarwat Gilani (muy bien como la esposa de este), Ramiz Law, Honey Albela o Prysa Usman Khan. Es un grupo de actores desconocidos en occidente pero que dan la talla sobradamente, a veces de manera soberbia.

Premios y reconocimientos
Joyland se estrenó en el Festival de Cine de Cannes, 2022, convirtiéndose en la primera película paquistaní en estrenarse en este festival. Se proyectó en la sección Un certain Regard, donde pugnó por la Caméra d’Or. La película fue ovacionada con el público en pie tras de su proyección y ganó el Premio del Jurado.
También obtuvo el premio Queer Palm a la mejor película de temática LGBTQ, lo cual ocurre en un momento en que los derechos de las personas transgénero están muy presentes en el discurso público. Esta película ha caído muy bien al jurado en Cannes con su perspectiva cultural fresca y comprensiva sobre el tema. También, en los Premios Independent Spirit, fue declarada Mejor película extranjera.
Fue invitada al Festival Internacional de Cine de Toronto de 2022 en la sección Presentaciones especiales. También fue seleccionada como parte del 27º Festival Internacional de Cine de Busan, en la sección A Window on Asian Cinema. Posteriormente fue invitada al 28º Festival Internacional de Cine de Calcuta; también al Spotlight del Festival de Cine de Sundance 2023.
Como vemos, se trata de una ópera prima bien surtida de premios y reconocimientos, para un director que hasta entonces apenas había realizado algún corto poco conocido.
Y es que realmente es una obra muy meritoria, con todos los requisitos para convertirse en película de calado, pues su preciosismo no enturbia el vigor de su denuncia. Tiene una estructura radial en cuyo centro está Haider, hijo menor de una familia conservadora, que abandona su condición de niñera de sobrinos, de cuidador de inválido y de amo de casa mantenido por su esposa, para convertirse en secreto en un bailarín en el grupo que lidera Biba, la diva trans, que por fin saca fuera su condición homosexual.

Película intensa con final al mar
Sadiq es habilidoso al utilizar a Haider y su viaje de autodescubrimiento como un precipitador de la disolución de su familia. Pone el foco sobre la propia mentira que vive cada uno de sus miembros para, finalmente, sucumbir a los efectos colaterales de su mutismo o su obediencia cultural, religiosa y sexual que veta cualquier desviación de plan patriarcal. Pero Haider abre su corazón y puede al fin salir de ese círculo vicioso.
La película termina con discusiones familiares provocadas por los trágicos acontecimientos acaecidos. También por vez primera se da voz a componentes que acusan a la familia como culpable de cuanto está sucediendo de desgracias. No en vano esta obra es un retrato sobre las diferentes opresiones y disidencias que se dan bajo un sistema heteropatriarcal.
Porque en esa casa, en esa familia, se han ido cociendo asuntos muy dolorosos y sobre ella caen truenos y centellas en forma de infortunios y desventuras que habrían podido ser evitados de no ser porque en ese grupo —el patriarca, los hijos, las mujeres o la tía— se cierne un manto de falsedad, hipocresía y mala hiel sin límite.
El final nos presenta a Haider abandonando su pueblo de Lahore para visitar y conocer por vez primera el océano, algo que ya había hablado anteriormente con su esposa. Al llegar se adentra en el agua por una zona de costa donde abundan las rocas, imagen muy simbólica… y un final abierto a las cábalas.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Surtsey films