Con tanto sexo de por medio
En tiempos de crisis, cuando parece que el cine tiene que usar sus mejores artes para llenar salas, cuando todo está inventado y poco nos sorprende, Emilio Martínez Lázaro estrena La montaña rusa, un caramelo jugoso para los detractores del cine español que se frotan las manos al ver que películas como ésta alimentan sus argumentos.
¡Ojo!, no quiero decir que Emilio Martínez haya querido hacer nada aposta, nadie duda de sus buenas intenciones, es más, yo no comparto la opinión sobre esta obra con la de muchos críticos que he leído por ahí, pero entiendo que ha puesto difícil el hacer un análisis a su favor con tanta escena de sexo de por medio.
La película cuenta la historia de Ada (Verónica Sánchez) una curiosa del amor y del sexo, violinista, que desde siempre ha estado ansiosa por encontrar esa media naranja con la que estar plenamente satisfecha en todos los sentidos. Las primeras conversaciones en el colegio y los gemidos de su madre en la habitación de al lado, le llevaron a comparar el sexo con una montaña rusa; ahora busca al hombre que le haga sentir eso.
En su camino se cruzan Luis y Lorenzo, dos compañeros del colegio a los que había perdido la pista. Primero se encuentra a Luis (Alberto San Juan) a quien la vida le ha sonreído y tras ser pareja cómica de Lorenzo decidió dejar el mundillo y pasarse a la televisión, donde las cosas le han ido muy bien. Es el propio Luis quien lleva a Ada hasta Lorenzo (Ernesto Alterio), quien fiel a sus principios trabaja en diversos espectáculos y cumpleaños como payaso. Cada uno aporta a Ada varios gajos de esa naranja pero ninguno en su totalidad.
Es esta una historia sencilla, contada de forma lineal pero amena. No aburre en ninguno de sus cien minutos, en ninguna de sus escenas. No es tampoco original en sus temas, ni lo pretende. Creo que simplemente son tratados desde el punto de vista particular de su autor, sin más.Temas, por otro lado, que nunca pasan de moda: las relaciones de pareja y la sexualidad.
Para la que aquí escribe, su mejor baza es ser transgresora y coherente. Se atreve con todo. Es fiel a sus principios desde el planteamiento hasta el final, no engaña a nadie. No juega con el espectador, ni promociona lo que luego no es, como lo han hecho otras.

Podría citar unos cuantos títulos falsos espejismo de liberalidad, que plantean una cosa para llegar a lo de siempre, a la parejita feliz y el amor perfecto para toda la vida, algunos de ellos son: Lo contrario al amor, Dieta mediterránea, Con derecho a roce o Sin compromiso. Está muy de moda ir de progre pero pocos se atreven a plasmarlo con todas sus consecuencias.
Aunque si bien es cierto, que a Martínez Lázaro se le ha ido la mano con las escenas de sexo. Demasiado explícitas. Ha sido poco elegante y con ello sólo ha cosechado malas críticas. Siempre hay que dar cabida a la imaginación aunque los actores estén dispuestos a lo contrario.
Frases como que si el cine español es lo de siempre, destape; que si nunca nos valorarán en el resto del mundo con películas como esta; que si este director sigue anclado en la época del landismo; que si ya se le han acabado las ideas originales después de Al otro lado de la cama y Los dos lados de la cama… se pueden leer en diferentes páginas de la red.
Una lástima que el bonito cuerpo de Verónica haya distraído tanto a la crítica y no haya dejado ver a una gran mayoría el atrevimiento del director, metiendo el dedo en la llaga.
Allá ellos. Yo pienso que todo depende del cristal por el que se mire. Quien estÉ en contra del cine español usará este filme como argumento y quien sea amante de él, lo seguirá siendo a pesar de esta película y de su sexo de por medio. Hay más cosas.

Aunque hay más
Además de tratar el eterno dilema entre la física y la química, la búsqueda de esa persona a quien ves como el padre de sus hijos, con quien serías capaz de compartir el resto de tu vida, y de esa otra búsqueda vital de alguien que levante tus instintos más animales, que te haga vibrar en el terreno sexual, trata también el tema de la infidelidad.
De cómo cada vez más la estadística nos demuestra que aumenta. De cÓmo se hace difícil resistirse a la tentación por parte de ambos sexos. La película aboga por las segundas oportunidades y está narrada desde la comprensión: el leitmotiv de cada persona es comprensible y se puede perdonar. Ninguno es libre de culpa.
El guión muestra claramente el perfil de los tres personajes. Su pasado, su presente y sus objetivos de futuro. Ambos varones, Luis y Lorenzo, tienen claro lo que buscan en la vida y es Ada la que se encuentra perdida en dicho dilema amoroso. En este aspecto el guión está bien dentro de su sencillez. Como dice el propio director, “los triángulos nunca salen equiláteros”.
Además entremezcla las escenas sexuales con escenas puramente humorísticas bien conseguidas como las actuaciones del payaso o la escena en el estanque, con lo que la trama resulta entretenida y simpática.
Y bueno, como Luis y Lorenzo son amigos de toda la vida entra en juego otra gran premisa: la lealtad en la amistad. ¿Hasta dónde se puede llegar cuando tu contrincante en el amor es un amigo de la infancia? ¿Se cumple también en ese caso el “todo vale en el amor”? ¿Es válido entonces aquello de que “el amor no entiende de reglas”?

Emilio Martínez Lázaro plantea estos dilemas que acaban todos en un mismo sentimiento, la culpa: “Lo que más nos costó encajar en el guión fue la culpabilidad de Ada que fue surgiendo poco a poco hasta dar sentido a la segunda parte de la película y ayudar a terminarla”, dice en una entrevista para los cines Renoir.
Como ya hizo para otra película, aunque no llegó a estrenarse, esta vez también ha trabajado el guión junto a Daniela Fejerman, quien cuenta entre sus trabajos con A mi madre le gustan las mujeres o 7 minutos.
Así pues puede decirse que el equipo entero, actores y autores, está acostumbrado a este tipo de género. Es por ello también que se le pedía más a su director y por lo que se le recrimina no haber sacado a relucir más su ingenio para la comedia.
Los actores por su parte, están correctos. Sin ser unos papeles estelares, todos encajan a la perfección con sus personajes, destacando Ernesto Alterio en las escenas que aparece vestido de payaso por su profesión. Y es que como apunta el director: “Todo el que leía el guión pensaba que interpretaba al otro. Lo hice conscientemente. No hay como dar el papel al que parece que no le va para que el personaje se enriquezca”.
En resumen, con tanto sexo de por medio quizás Martínez Lázaro haya empobrecido el conjunto final de curvas de esta montaña rusa, pero me atrevo asegurar que aún con todo gustará a los amantes del cine español de mente desinhibida y con escasa capacidad para ruborizarse.
Escribe Eva Cortés

| Título | La montaña rusa |
| Título original | La montaña rusa |
| Director | Emilio Martínez-Lázaro |
| País y año | España, 2012 |
| Duración | 112 minutos |
| Guión | Daniela Fejerman y Emilio Martínez-Lázaro |
| Fotografía | Teo Delgado |
| Música | Roque Baños |
| Distribución | Alta Classics |
| Intérpretes | Ernesto Alterio (Lorenzo), Verónica Sánchez (Ada), Alberto San Juan (Luis), Ara Malikian (Matías), Luis Bermejo (Álex), Sara Martín (Carmen), Cristina Zapata (Remedios), Marisa Zapata (Dolores), Gabriel Chamé (Abel Merino) |
| Fecha estreno | 16/03/2012 |
| Página web | http://www.altafilms.com/site/sinopsis/la_montana_rusa |