Intensa y profunda revisión

Robin Hood es un héroe y forajido del folklore inglés del medioevo, el mejor arquero, defensor de pobres y oprimidos y, según la leyenda, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan sin Tierra, que usaban el poder para enriquecerse ilegítimamente, haciendo acopio de las riquezas de los nobles que se les oponían.
El texto sobre aquel ladrón en plan Curro Jiménez, sobre el famoso arquero, es la balada de Robin Hood y el Monje, probablemente del siglo XIII, y ya muchos de los elementos que asociamos con Robin Hood estaban presentes: los Hombres Alegres, Juanito y la antipatía hacia el sheriff de Nottingham.
Robin roba a los ricos, pero no está claro si lo hace para su propio beneficio o para el de alguien más. Además, cuando el monje del título de la balada hace arrestar a Hood, Juanito y sus hombres responden ejecutando al fraile y a su paje, decapitándolos. Una visión sombría de la Edad Media.
Un trabajo sólido de Sarnoski
El guionista y director Michael Sarnoski busca plasmar con verosimilitud aquel mundo oscuro y violento en esta nueva película. Dado su título y la severa y poblada barba gris de Hugh Jackman, la extrema violencia no sorprende. A cambio, la sutil y asombrosa elegancia de la película podría ser reveladora y gratificante, aunque desde luego hay que soportar la carnicería medieval.
La película de Sarnoski no tiene apenas semejanzas a los dramas sencillos, pero a menudo conmovedores y entretenidos del siglo pasado. Recuerdo Las aventuras de Robin de los Bosques (1932), de Michael Curtiz, Errol Flynn y Olivia de Havilland; o la versión protagonizada por Sean Connery y Audrey Hepburn: Robin y Marian (1976), de Richard Lester.
Este producto es algo muy distinto. Un estudio de personaje directo, dividido en dos partes. La primera trata sobre la realidad que se esconde tras el mito del Robin Hood que interpreta de Hugh Jackman; la segunda narra la redención de este monstruo a manos de una auténtica heroína y cuasi santa: la hermana Brigid (Jodie Comer) y su priorato en el mar de Irlanda.
Arranca la historia cuando un viejo barbudo y canoso Robin, sobrevive a algún intento de matarlo. Su amigo Pequeño John (un Bill Skarsgård, apenas reconocible, empleando otra de sus características voces guturales) no tarda en encontrar a su viejo compañero viviendo solo en el desierto gélido y de ventisca irlandés. John es más joven, y no parece probable que haya otros amigos de Hood. Además, las leyendas ya han comenzado a transmitirse de boca en boca por los campos y entre la gente, para bien y para mal.
John hace un recuerdo romántico de su pasado, sobre todo cuando encontró cierta paz y fe en el futuro con una esposa y una hija pequeña, Margaret (una Faith Delaney cautivadora), en su granja. Pero unos parientes con los que litigó hace algunos años han tomado a su familia como rehén, y John quiere que Robin emprenda una última aventura para liberarlos, una aventura que —afirma— será épica para la gloria de Hood.

El camino de le redención y la paz
Las consecuencias de esa esa aventura y del enfrentamiento son tan catastróficas y violentas que nuestro popular personaje, muy malherido, se ve obligado a refugiarse en el priorato de una isla, al cual lo conduce John en una barca, en un estado de extrema gravedad por sus heridas. Allí, la priora ha construido un edén bucólico, alejado de las miserias medievales al otro lado del canal.
En ese lugar se acoge a huérfanos, personas solitarias e incluso a un leproso (un entrañable Murray Bartlett). Y ahora acoge a Robin, aunque el leproso le advierte al bandido que no revele su identidad. Las cosas se complican cuando la pequeña Margaret, hija de John, también llega a la isla, reconociendo a Robin como amigo de su padre.
Hugh Jackman interpreta a nuestro héroe/antihéroe/villano legendario con una intensidad y dramatismo encomiable diría yo, con solemne intensidad. Porque en realidad y como se apunta en esta cinta, Hood «no era un héroe». Es difícil pensar en un protagonista reciente (y querido) más desafiante o despreciable que este Robin Hood.
De hecho, el mismo Robin afirma en el metraje que todas las historias sobre él son mitos, la mayoría de los cuales ni siquiera tienen un ápice de verdad. Robaba tanto a ricos como a pobres, y mataba a mujeres y a niños.
Este Hood de Jackman es un asesino curtido, atormentado por un pasado inimaginablemente violento que sigue persiguiéndole. Ha matado a tanta gente a lo largo del tiempo que siempre hay algún familiar que le persigue para vengar a su ser querido caído. Robin está, además, viejo y cansado; la muerte sería un regalo para él, pero sigue matando a quienes le persiguen.
A pesar de los episodios de violencia repentina y a menudo sin sentido, hay un silencio inquietante que impregna toda la película, una soledad audible que captura el aislamiento de Robin respecto a la sociedad a la que ha perjudicado.
De hecho, es la primera película que recuerdo con una escena en la que el protagonista se plantea si asesinar o no a un niño, dependiendo de si Margaret lo reconoce como Robin. El director de fotografía habitual de Sarnoski, Pat Scola, filma la inquietante escena a la luz de una antorcha, proyectando los ominosos ojos rojos en la mirada iracunda de Jackman.

La revisión de personaje de Hood
Puede que haya espectadores que se escandalicen ante la perspectiva de tal representación de un héroe clásico. Otros no desearán ver ninguna historia con un héroe tan quebrantado y con tantos defectos. Pero para quienes estén dispuestos a aceptar el reto, la resonancia emocional del filme extiende la profunda belleza de quien ha sobrevivido en los contextos más peligrosos y terribles. Como una flor que ha florecido en el gris y la aridez de la misma roca.
Parte de esto se debe al innegable carisma de Jackman como intérprete. Un actor nato con una marcada sensibilidad, que irradia una inteligencia que se esconde tras la impasible expresión de una bestia. Es difícil imaginar a este Robin redimiéndose, pero sí puede expiar sus culpas, y ahí está la esencia de la película.
Con una interpretación profunda y a menudo sutil, la hermana Brigid (Jodie Comer) demuestra ser la otra esencia del filme. A pesar de que Robin no está a la altura de las leyendas que los extraños cuentan sobre él, el personaje de Jackman es, en muchos sentidos, un libro abierto, un ser franco y natural como un animal herido.
La priora, es cálida y empática, paciente y comprensiva. Comer dota a la mujer del misterio justo para insinuar capas y motivaciones ocultas, y quizás un viaje mucho más grandioso que el del propio Hood. El suyo es un mundo gris con espantosos recuerdos.
Brigid, la hijita de John, bañada en luz natural, ofrece el único y auténtico verde de la película. La suya es la verdadera historia de redención para una tierra, incluso para un hombre.
La evidente inversión de la leyenda, donde Robin es el villano y la priora la heroína, es todo un revisionismo de lo que solía ser habitual en Hollywood. Hay algo de herético en una película tan dispuesta a sumergirse en las sombras y a regodearse en la complejidad de la experiencia humana en lugar de edulcorarla.
El hecho de que Sarnoski logre esto con lo que es esencialmente propiedad intelectual a través de Robin Hood es algo original y tiene su carga de astucia. Al adaptar a uno de los personajes más famosos de la lengua inglesa, Sarnoski crea un escenario mítico y presenta un espectáculo tan conmovedor como inocente.

Sarnoski en su primera media hora roza el cine snuff medieval, con Robin y Pequeño John revolcándose en el lodo de sus atacantes, a quienes pronto asesinarán. O sea, casi como si presenciáramos imágenes mediante grabación de asesinatos reales, torturas y agresiones, con fines comerciales.
En fin, imágenes sombrías, asesinatos sangrientos y actuaciones hiperviolentas impresionan, el drama de Michael Sarnoski atraerá más a los estudiosos del folclore y la época medieval, y a los fans de las películas duras de época, que al público general que quizá espera una película más tradicional y de entretenimiento sobre Robin Hood.
Por acabar
El vínculo de Robin con la hermana Brigid y la niña traumatizada Margaret es el núcleo emocional de la película y su aspecto más efectivo y gratificante, aportando una humanidad muy necesaria a un Hood salvaje y aparentemente irredimible.
Robin también mantiene una amistad convincente con un enigmático leproso que apenas muestra su rostro, que también ayuda al forajido a acercarse poco a poco a la luz.
Esta película mezcla con destreza una empresa por parte de Sarnoski de desmontar mitos y, podría decirse, creando otros, esta vez de manera sorprendente.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos DeAPlaneta