En los bordes de la contradicción
Ken Loach define su última película como una comedia con espíritu de contradicción. Un concepto que le ha servido para ganar el Premio Especial del Jurado en la edición de este año del Festival de Cannes.
Es cierto que este espíritu contradictorio de La parte de los ángeles es inconfundible y encaja perfectamente con la personalidad fílmica de Loach así como otorga al resultado final más virtudes que defectos. Pero en el último tramo de la aventura el tono tan sumamente optimista no parece un complemento acertado con lo que la película, sobre todo la primera mitad, ha construido.
Ello no significa que el conjunto no sea enteramente disfrutable. Lo es, y mucho. Sin embargo, no todas las contradicciones por el mero hecho de encontrarse dentro de una película en las que están intencionadamente colocadas, son instantáneamente inteligentes y plausibles. Dicho esto, la película cuenta con sobrada fuerza dramática —y espontánea, punto importante— y suficiente calidez cómica como para acoger esta andanza escocesa que Loach nos sugiere.
Robbie es el personaje que conduce la trama principal de la película. Por un altercado en el que él es el principal implicado, ha estado al borde de pisar la cárcel. Como pena privativa se le ha concedido la oportunidad de realizar un trabajo comunitario. El concepto “rehabilitación” y “reinserción” están presentes desde el primer acto de The Angels’ share. Su delincuencia es lo primero que se nos muestra de los personajes. Una presentación carcelariamente rutinaria y casi teatral de los “malhechores” escoceses que formarán parte del grupo de compañeros de Robbie. Estos personajes no han cumplido la ley. ¿Seremos los espectadores capaces de aceptar darles esta segunda oportunidad?
Al final del primer tercio de la película y en una excursión a una destilería de whiskey —algo que a priori no parece demasiado apropiado— Robbie encuentra su don. Resulta que cuenta con un olfato excelente para la cata de esta emblemática bebida alcohólica. Este nuevo rasgo característico hará que se vea inmerso en una cómica y tensa trama de añejos y carísimos whiskeys, subastas, persecuciones y clandestinas negociaciones.
La elección de los barrios de Glasgow como escenario principal de la película es de todo menos casual. Glasgow es la ciudad con la esperanza de vida más baja del Reino Unido y los problemas sociales y económicos son mucho más acentuados. Glasgow se caracteriza por tratarse de una ciudad de altos contrastes.
Algunos dirían que la visión de los personajes de Loach es caricaturizada y lejana de la realidad, otros en cambio podrían argumentar que Loach utiliza a estos personajes como vehículos de una historia que insufla esperanza y nuevas oportunidades. Incluso podría pecar en ocasiones de excesivo positivismo. El contagioso himno de la película, I’m gonna be (500 miles) de The Proclaimers, es muestra de ello.

La primera parte de la película es estupenda. El oído del espectador se hace pronto a los marcados acentos escoceses que narran un guión que se siente doloroso, divertido y real. La escena en la que la víctima recapitula los hechos de la agresión de Robbie es sumamente poderosa. La identificación casi al instante con la víctima y lo horrendo de los actos de Robbie no anula que se integre la percepción de que el arrepentimiento y el dolor que él siente por ser claramente culpable es genuino.
Puede que una rehabilitación de servicios a la comunidad se queda corta para Robbie y que verdaderamente necesite pisar terreno carcelario. Sin embargo nos lo presentan como el personaje protagonista que el espectador está obligado a acompañar durante toda la película. La secuencia finaliza con la madre de la víctima gritando en la cara de Robbie para instantáneamente pasar a un plano de Robbie sujetando a su bebé, su hijo. ¿Compasión por su verdadero arrepentimiento o indignación de que una persona que ha cometido tan recientemente tal agresión tenga el privilegio de ser padre?
En este sentido, la naturaleza contradictoria de la película es desafiante y excelente. Un ejemplo de que Robbie —más que convincente Paul Brannigan— es el personaje adecuado para ser el protagonista. Las ansias de una vida mejor para su hijo son creíbles y la comprensión de que el quid de la cuestión se encuentra en él mismo y en el control de su temperamento construyen un retrato muy interesante. ¿Se convierte por lo tanto en símbolo de una Glasgow que busca una reinserción, un lavado de cara, una mejora de sus condiciones?
El descubrimiento de la cata de whiskey da paso a una comedia de enredo divertida y en tensión que de alguna forma eclipsa el planteamiento inicial que muestra las relaciones humanas de Robbie con los personajes de su entorno. Especialmente interesante la proyección de su futuro con su pareja, Leonie (Siobhan Reilly) así como las escenas con Harry (John Henshaw) —prácticamente el único que cree en él—.

Esta estructura que la película acoge en su segunda mitad realmente nunca resuelve el conflicto que nace dentro de Robbie. Los gags honestamente graciosos inundan la pantalla. Sin embargo, ¿cuál es su verdadera función? El mero entretenimiento y el no aburrir a los asistentes. Que una botella de whiskey caro se rompa no debería ser el punto álgido de una película que ha construido tanto en su primera mitad, a pesar de lo divertido que es. Y más aún cuando dicho gag no altera en absoluto el comportamiento de sus personajes ni da un giro a la trama. Simplemente evita el bostezo.
Hubiera estado bien ver canalizar las carcajadas en tramas más complejas. El hecho de que el enfoque de la comedia no esté en consonancia con la primera parte de la película se podría definir como contradictorio. Pero una contradicción mucho menos acertada por ejemplo que la expuesta en la presentación de la película.
El resultado es un importante ejercicio de estilo que marca un planteamiento dramático extremadamente interesante que se torna en una entretenida comedia de enredo y que incluso alcanza momentos de tensión dignos de una buena película de atracos.
Sin embargo, que el arco de un personaje protagonista que desarrolla un conflicto interior se quede a medias porque se escuda en el concepto de comedia con espíritu de contradicción connota cierta imprecisión. Una prerrogativa algo injusta. Lo que es seguro es que las dosis justas de provocación y reflexión crearán debate entre sus espectadores más allá del tarareo de una conocida y esperanzadora canción de un popular dúo escocés.
Escribe Juan Bernardo Rodríguez
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| Título | La parte de los ángeles |
| Título original | The angels’ share |
| Director | Ken Loach |
| País y año | Reino Unido, Francia, Bélgica e Italia, 2012 |
| Duración | 101 minutos |
| Guión | Paul Laverty |
| Fotografía | Robbie Ryan |
| Música | compone |
| Distribución | Alta Classics |
| Intérpretes | Paul Brannigan (Robbie), John Henshaw (Harry), Gary Maitland (Albert), Jasmin Riggins (Mo), William Ruane (Rhino), Roger Allam (Thaddeus), Siobhan Reilly (Leonie) |
| Fecha estreno | 16/11/2012 |
| Página web | http://www.altafilms.com/site/sinopsis/la_parte_de_los_angeles |