Lejos de casa

En este drama fragmentado, cada uno de los episodios individuales se superponen en todo momento. Así, personajes que aparecen solo al margen de la trama se convierten con posterioridad en el centro de la misma. La película retrocede repetidamente en el tiempo, mostrando ciertos eventos desde nuevas perspectivas.
A pesar de esta estructura partida, La última travesía (I was a stranger en su versión original) mantiene una narrativa sorprendentemente sencilla. Todas las historias convergen en la misma noche fatídica en el Mediterráneo, cuando los destinos de todos los personajes finalmente se cruzan.
La doctora Amira Homsi (Yasmine Al Massri) trabaja como pediatra en Alepo, Siria, intentando mantener su vida cotidiana a pesar de la guerra civil. Cuando una bomba destruye su casa durante una celebración familiar, matando a casi toda su familia, no tiene más remedio que huir con su hija Rasha (Massa Daoud).
A partir de este suceso, el director Brandt Andersen desarrolla su historia en cinco capítulos, cada uno centrado en un personaje diferente: el soldado sirio Mustafa (Yahya Mahayni), dividido entre la obediencia y la conciencia; el contrabandista Marwan (Omar Sy), que justifica sus actividades ilegales con la preocupación por su hijo enfermo; el poeta Fathi (Ziad Bakri), que busca un nuevo hogar con su familia; y el guardacostas griego Stavros (Constantine Markoulakis), quien se enfrenta a diario a las consecuencias de la crisis de refugiados.
Con este filme Andersen presenta su debut en el terreno del largometraje, basado a su vez en su cortometraje titulado Refugiado (Refugee), que no hemos tenido oportunidad de visionar y que fue preseleccionado para los Oscar en 2020. La película transita la delgada línea entre un drama humanitario sobre refugiados y un thriller de suspense.
El cineasta norteamericano busca desglosar el debate abstracto en torno a la huida y la migración en destinos individuales. Y así logra generar empatía por personajes de condiciones muy bien diferenciados. La decisión de dedicar capítulos separados no solo a los refugiados, sino también a un soldado, un traficante y un capitán de la guardia costera griega, le otorga a la película una perspectiva multifacética que le hace mucho bien al conjunto.
Desde luego, la estructura episódica de la película también contribuye a ello. Los encuentros recurrentes y las superposiciones crean una dinámica que recuerda a otras propuestas corales semejantes como pudieran ser Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006) o Traffic (Steven Soderbergh, 2000).
Si bien algunas conexiones parecen algo forzadas, Andersen logra, en última instancia, entrelazar de forma coherente los distintos hilos narrativos. Los cambios de perspectiva, en particular, aseguran que situaciones familiares adquieran en repetidas ocasiones un nuevo significado.
El director de fotografía Jonathan Sela desempeña un papel crucial en el impacto de la película. Este operador israelí, uno de los más reconocidos de Hollywood, fue responsable del diseño visual de películas como John Wick, Deadpool 2 y Bullet Train. Su experiencia en el cine de acción queda claramente patente aquí. Las escenas en Alepo tienen un impacto inmediato, mientras que las secuencias nocturnas en el Mediterráneo están filmadas con una tensión impresionante. Sela logra un equilibrio convincente entre el realismo y una estilización del género de gran profesionalidad. Las imágenes del barco abarrotado y el mar oscuro se encuentran entre las escenas más impactantes del filme.
El reparto coral también contribuye significativamente al éxito de la película. Yasmine Al Massri dota a Amira de una convincente mezcla de fortaleza y vulnerabilidad, conformando el núcleo emocional de la historia. Omar Sy utiliza con habilidad manifiesta su presencia natural en pantalla para mantener la ambigüedad moral de Marwan como un personaje fascinante. Yahya Mahayni resulta convincente como el soldado con conflictos internos, mientras que Constantine Markoulakis dota al guardacostas Stavros de una sutil paleta trágica.

En el debe de la función hay que hacer notar que la obra no está exenta de defectos. Andersen a veces tiende a expresar sus mensajes de forma demasiado explícita. Como resultado, algunos personajes se convierten más en meras representaciones de ciertas posturas que en individuos plenamente desarrollados.
Los clímax dramáticos también resultan, en ocasiones, algo forzados. Mientras que otros dramas sobre refugiados se basan más en la observación y la ambivalencia, aquí se opta por el impacto emocional. Esto suele funcionar bien, pero a veces puede resultar un tanto intrusivo.
Sin embargo, sus puntos fuertes superan claramente a sus debilidades. La última travesía es una película comprometida y técnicamente apabullante que busca conectar emocionalmente con el público, y en gran medida lo consigue. La narrativa con múltiples perspectivas, el sólido reparto y, en particular, la impresionante cinematografía de Jonathan Sela, aseguran que la película trascienda el mero drama de sufrimiento.
Aunque no todas las decisiones narrativas funcionan a la perfección, el director demuestra en su ópera prima cómo se pueden combinar el cine político y la narrativa de suspense.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Selecta Vision films