Bailando a través del tiempo

No es ningún secreto que el realizador especializado en cine de género Mike Flanagan siente una gran debilidad por las historias de Stephen King. Con The Game (2017) y Doctor Sleep (2019), el director ya ha realizado dos películas basadas en las obras del legendario autor de terror.
Con La vida de Chuck llega una tercera adaptación. Sin embargo, quien espere una obra al estilo de las dos anteriores se llevará una decepción. Si bien existen elementos ocasionales que acercan la propuesta a los lindes del fantástico y del terror, la adaptación cinematográfica de la novela corta, publicada en 2020, abarca otro tipo de géneros distintos, razón por la que existen tantas categorías diferentes. Pero si tuviera que elegir una que encajara mejor, sería el drama.
Al principio, parece que nos hallamos en un panorama donde conviven al unísono misterio y ciencia ficción. ¿Cómo ocurren todas estas catástrofes que se van sucediendo? ¿Por qué deja de funcionar internet? ¿Cómo es que la tecnología en general se descontrola?
Pero, a medida que avanza la historia, cobra mayor protagonismo todo lo que tiene que ver con el personaje de Chuck, a quien todos agradecen los servicios prestados, pero nadie parece conocer en persona. ¿Qué tiene que ver él con estos inexplicables sucesos?
El título ya nos sugiere parte de la solución: King narra la vida del misterioso desconocido. Solo que no lo hace de la forma habitual, sino que opta por una estructura narrativa diferente que anticipa el desenlace antes de que llegue la explicación.
Probablemente sea mejor no saber mucho más, y, por supuesto, si se puede llegar al cine sin haber visto el tráiler oficial pues tanto mejor. Aunque King no ha incluido grandes sorpresas en su historia, algunas cosas son bastante predecibles. Pero hay escenas cuyo impacto emocional es particularmente evidente una vez que se establecen las conexiones y se comprende el significado de estos breves fragmentos.
Cada uno de los tres capítulos en que se divide la película merece la pena verlo por sí mismo, independiente del resto. Pero es la interacción de estos tres episodios lo que hace que La vida de Chuck sea tan poderosa, ya que el ambiente se aligera tras el inicio oscuro y misterioso, antes de que la sección intermedia, estimulante y llena de vida, dé paso a un final que lo une todo, un desenlace hermoso y optimista, profundamente triste y reconfortante.
Catalogar a La vida de Chuck como una fantasía sería tan erróneo como categorizarla simplemente como un drama puro y duro. Pero es una película de Mike Flanagan. Se ganó el título de experto de Stephen King en terror y ahora brilla con una película que no podría estar más lejos de su propio género y del autor.
No es una obra que roce lo kitsch o la idealización. Es conmovedora, pero nunca sentimental. Te hace reflexionar sin sermonear. Consigue sacarte una media sonrisa sin recurrir a frases ingeniosas. Sí que es cierto que vamos a encontrar derivas fantasiosas, pero nada que raye lo sobrenatural. Es puro cine comercial, pero con muchos ribetes de cine de autor.
«Soy maravilloso, merezco serlo y contengo muchísimas cosas». Es lo que se dice poco antes del final, cuando se celebra la vida del hombre. Cuando se brinda por la vida misma, por terrible y brutal que a veces pueda ser.

Con un elenco excepcional, capitaneado por los mediáticos Tom Hiddleston (quien brilla con luz propia) y Chiwetel Ejiofor, a quienes a lo largo de las cerca de dos horas de metraje se unirán Jacob Tremblay y Mark Hamill, La vida de Chuck nos permite bailar a través del tiempo, soportar las heridas formativas y, al final, agradecer con asombro el milagro de la vida.
El filme, que se estrenó mundialmente en el Festival Internacional de Cine de Toronto en 2024, no solo es una de las mejores adaptaciones cinematográficas de Stephen King, también es una de las obras más conmovedoras que se podrán ver en las pantallas este año 2025.
En definitiva, una obra de rompecabezas que desconcierta al principio y donde cada escena posterior aporta su cuota de pistas… y sorpresas. Nos estremecemos, reímos, nos conmovemos y nos maravillamos a lo largo de esta asombrosa y poética oda a la existencia. Un poco de melodrama al estilo de Spielberg, un poco de fantasía al estilo de Shyamalan, pero sobre todo un trabajo original con una auténtica dimensión cósmica, repleta de momentos de valentía.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Diamond Films España