Resulta difícil explicar cómo una película que lo tiene todo para ser histórica acaba resultando desilusionante. Intentemos situar la penúltima producción de Steven Spielberg en el contexto en el que por fin se realiza para comprender mejor lo mucho que se esperaba de ella y lo que realmente acaba ofreciendo.
Todos los medios se han apresurado a recordar que adaptar las aventuras de Hergé es un proyecto que Spielberg ya se planteó en los años 80, precisamente cuando el éxito de En busca del arca perdida (Raiders of the lost ark, 1981), producida por su amigo George Lucas, le devolvía al primer plano de la actualidad tras el fracaso de 1941 dos años antes.
Entonces el proyecto no se concretó, en parte por la muerte del propio creador de Tintin, en parte por no tener clara la fórmula para rodar sus aventuras: ¿animación?, ¿personajes reales?, ¿mezcla de ambos?
Distintos guiones y, sobre todo, una imparable evolución tecnológica han permitido finalmente concretar la primera película de lo que será al menos un díptico: la unión de Peter Jackson y Spielberg ha sido la clave para conseguir llevar adelante el proyecto.
Y no es una unión en absoluto casual.
Peter Jackson, que en aquellos años 80 comenzaba a ser conocido fuera de su Nueva Zelanda natal por productos gore como Mal gusto (Bad taste, 1987), se ha convertido hoy en el nuevo Midas del cine: su trilogía sobre El señor de los anillos ha abierto nuevas líneas de trabajo, sobre todo en los efectos especiales, y su empresa Weta Digital ha desplazado a la todopoderosa Industrial Light and Magic, precisamente la empresa de George Lucas.
En definitiva, Spielberg ha cambiado de productor y de empresa de efectos especiales.
Y la unión Spielberg-Jackson ofrece algunas curiosidades.

Por ejemplo, Jackson parece un rendido admirador de Spielberg, de ahí que incluso físicamente el director de King Kong hoy por hoy se parezca físicamente al joven Spielberg de hace unas décadas… simple casualidad, supongo.
Por ejemplo, Jackson está dispuesto a colaborar con su ídolo Spielberg ayudándole en todo lo que haga falta… precisamente Jackson, conocido por su meticulosidad y exigencia, acepta el papel de secundario.
Por ejemplo, Spielberg rueda unos cuantos planos y el resto queda en manos de los chicos de los efectos especiales, mientras él se dedica a rodar una producción más personal que le permita aspirar al Oscar.
Y esto último no es una suposición, es la repetición de una historia que ya se produjo en 1993. Recordémosla.

En 1991, fracasó un proyecto muy querido por Spielberg, que le iba como anillo al dedo: una adaptación sobre la aventuras de Peter Pan titulada Hook. Y decimos fracaso sobre todo de crítica, porque comercialmente funcionó bien en todo el mundo.
Su reacción fue centrarse en dos proyectos paralelos: uno que garantizara su éxito comercial, Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993); el otro centrado en sus ambiciones digamos más artísticas, La lista de Schindler (Schindler’s list, 1993). El procedimiento para poder acometer dos proyectos tan ambiciosos en el mismo año fue sencillo: rodó las imágenes con personajes reales de la primera y se marchó a rodar su proyecto más querido, sobre los judíos en la segunda guerra mundial. Se dijo que el seguimiento de las tomas restantes y de los efectos especiales lo realizó por teléfono, por Internet, por videoconferencia… En definitiva, los chicos de los efectos especiales se ocupaban del buen acabado técnico del producto comercial mientras Spielberg se centraba en el producto “de prestigio”.
El resultado todos lo sabemos: Parque Jurásico se convirtió en una de las películas más taquilleras de todos los tiempos y, al mismo tiempo, La lista de Schindler le proporcionó a Spielberg ese Oscar al mejor director y a la mejor película que tanto ansiaba, y al que había aspirado con producciones “serias” y de prestigio como la propia Hook (Hook, 1991), El imperio del sol (Empire of the Sun, 1987) o El color púrpura (The color purple, 1985).
Y ahora la historia se repite tal cual.

Tras el fracaso crítico, que no comercial, de Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal (2008), Spielberg aborda dos producciones simultáneas: una de claro corte comercial (Las aventuras de Tintín) y la otra con claras aspiraciones artísticas, Caballo de batalla (War horse, 2011), precisamente ambientada en una guerra mundial, aunque en este caso la primera.
Y, efectivamente, tras rodar las imágenes con actores reales, con el procedimiento de captura de movimiento (ya sabéis: sensores por todo el cuerpo de los intérpretes, rodaje sobre pantallas verdes y luego ya se insertarán las imágenes “reales” en fondos creados digitalmente), Spielberg se desentiende del proyecto comercial y se dedica a su producción más ambiciosa, que estará lista para estrenarse a finales de 2011 y, por tanto, para competir en la próxima edición del Oscar.
¿Casualidad?
Lo dudamos. Parece un plan premeditado para repetir los éxitos de 1993, a nivel comercial y a nivel artístico. Que lo consiga o no es algo de lo que saldremos de dudas en unos meses. De todas formas, Las aventuras de Tintín ya es un fenómeno de taquilla allá por donde pasa… aunque falta ver qué sucede en Estados Unidos, donde todavía no se ha estrenado, quizá porque allí el personaje de Hergé es menos conocido y apreciado que en Europa.

¿Qué ofrece realmente este Tintín?
Más allá de obedecer a un planificado proyecto de marketing, Las aventuras de Tintín cuenta con unos títulos de crédito ejemplares, donde las imágenes animadas en dos dimensiones recogen lo mejor del estilo de Hergé: las líneas puras, los colores planos, la simplificación del diseño, el dinamismo visual y una historia de gran intensidad.
Sí, son unos créditos iniciales modélicos, acompañados por la incansable música de John Williams, que no abandonará las imágenes en gran parte del metraje, como en los mejores tiempos del maestro: anoten, un gran trabajo del creador de tantas bandas sonoras de Spielberg.
Pero luego la película no tiene nada que ver con estos créditos, ni con el estilo visual de Hergé.
Se adaptan tres libros, al menos, simultáneamente: El secreto del Unicornio, El tesoro de Rackham el rojo y El cangrejo de las pinzas de oro. Se añade algún personaje más conocido por otras aventuras, como la cantante de ópera de Las joyas de la Castafiore. Se agita todo y se pone en manos de los efectos digitales.
Y estos se comen la historia y el mundo de Hergé.
Técnicamente impecables quién lo iba a dudar. Pero un mundo oscuro, tridimensional, lleno de “cámaras a mano”, de movimientos de cámara imposibles, de planos empeñados en epatar al espectador, en abrumarle… Y esto después de quince minutos de metraje ya deja de interesar.
Por lo que hay que centrarse en una historia que, desde luego, es difícil de seguir por los más pequeños. Y tampoco acaba de entusiasmar a los adultos. Jugar en todos los terrenos tiene eso: a veces no acaba uno de llegar a ninguno.
Hay dinamismo, hay aventura, hay misterio, hay humor… pero todo suena algo artificial. Como las propias imágenes.

¿Qué sentido tiene contratar a los mejores intérpretes si luego no los vamos a ver en pantalla?
Vale, lo de Andy Serkis lo entendemos. Fue el personaje detrás de Gollum en la trilogía de El señor de los anillos y aquí repite como el capitán Haddock. Pero ¿y el resto?
Sólo se nos ocurre un motivo para el uso de la captura de movimiento: tener el control total de la producción. El actor aquí definitivamente es carne de cañón, como más o menos decía Hitchcock. Basta con tener un buen story-board y poner la peli en manos de los técnicos de efectos especiales.
Y eso es lo que ha sucedido. Quizá por ello la película carece de alma.
Es perfecta técnicamente, pero detrás sólo hay eso, tecnología.
Spielberg debía andar muy ocupado poniendo todo su corazón en su ansiada Caballo de batalla y, al igual que sucediera con Parque Jurásico, estas aventuras de Tintín son un prodigio de las nuevas tecnologías, pero igualmente un film frío, mecánico, desapasionado.
Desilusionante.
Pero funciona en taquilla y es posible que devuelva al primer plano a este sistema de captura de movimiento que tantos desengaños ha dado a Robert Zemeckis, empeñado durante la última década en rodar con este sistema… pese a los sucesivos fracasos de taquilla: Polar Express (2004), Beowulf (2007), Un cuento de Navidad (2009) y Marte necesita mujeres (2011).

Este cronista tiene la sensación de que el dichoso método de captura de movimiento es más bien una reafirmación del ego del director como autor absoluto, un autor capaz de prescindir incluso de los intérpretes (aunque contrate a los mejores para luego “ocultarlos” tras una imagen digital), algo que en parte ya había demostrado James Cameron con el éxito de Avatar, donde sí funcionaban las imágenes digitales mezcladas con otras “reales” y la tecnología de las 3D.
Parece que llegamos a un punto en que los grandes nombres del cine actual a nivel comercial con pretensiones artísticas (Spielberg, Jackson, Cameron… puede que Zemeckis), quieren ser el sello único que garantice la viabilidad del proyecto y, sobre todo, la autoría del mismo.
Una vieja aspiración de Orson Welles.
Claro que Welles era un autor total y estos son hábiles mercaderes que saben ante todo cómo vender su producto.
Pero cuando quieren hacer algo “serio” se buscan un proyecto paralelo de prestigio.
Como Spielberg y su Caballo de batalla.
Los ingresos en taquilla ya los ha garantizado Tintín. Confiemos en que su visión de la primera guerra mundial haya justificado este producto que en absoluto hace justicia al mundo de Hergé.
Por más que sus herederos estén encantados con los ingresos que van a recibir por una franquicia tan comercial.
Escribe Sabín
Más información sobre Spielberg:
La conexión Williams – Spielberg (libro)
Crítica de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal
Steven Spielberg, por José Luis Barrera
Monográfico dedicado a Steven Spielberg (primera etapa de Encadenados)

| Título | Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio |
| Título original | The adventures of Tintin: The secret of the Unicorn |
| Director | Steven Spielberg |
| País y año | Estados Unidos, 2011 |
| Duración | 109 minutos |
| Guión | Steven Moffat, Edgar Wright y Joe Cornish |
| Montaje | Michael Kahn |
| Música | John Williams |
| Distribución | Sony Pictures Releasing de España |
| Intérpretes | Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Simon Pegg, Nick Frost, Toby Jones, Mackenzie Crook, Daniel Mays, Gad Elmaleh, Joe Starr |
| Fecha estreno | 28/10/2011 |
| Página web | http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/tintin_site/ |