El secreto de mi éxito

Existen muchos talentos musicales, pero, como bien sabemos, el sueño de convertirse en una estrella mundialmente famosa se cumple para muy pocos. Rick y Danny pertenecen a generaciones diferentes, pero ambos sueñan con una gran actuación en el Madison Square Garden de Nueva York. Entonces, uno de ellos logra el éxito que lo catapulta al estrellato pop y se olvida de mencionar al otro como autor o incluso como coautor.
Las disputas sobre la autoría son habituales en la ferozmente competitiva industria musical, al igual que la búsqueda, a menudo desesperada, de una idea brillante, una melodía conmovedora. El director irlandés John Carney es músico y explora con frecuencia esta forma de arte en sus largometrajes. Ejemplos conocidos incluyen a las recomendables Once, Begin Again y Sing Street.
Rick (Paul Rudd) es el líder norteamericano de una veterana banda irlandesa. Tocan canciones de rock conocidas de los años 80 y 90 en bodas. En cuanto el estadounidense, que se quedó en Dublín hace quince años por amor y formó una familia, toca una de sus propias canciones, el público se aleja. Las baladas simplemente parece que no son lo suyo. En una de estas performances nupciales, Rick conoce a Danny (Nick Jonas), un antiguo ídolo juvenil que necesita desesperadamente un éxito para su carrera en solitario en Los Ángeles.
Rick y el joven Danny pasan toda la noche tocando juntos sus propias composiciones, perfeccionándolas. Tiempo después, de vuelta en Los Ángeles, Danny tiene un gran éxito con una nueva canción. Su megaéxito, How to Write a Song (Without You), le suena muy familiar a Rick, porque prácticamente la compuso él mismo años atrás.
Peter McDonald, coguionista del nuevo largometraje de Carney, interpreta a Sandy, el peculiar compañero de banda y fiel amigo de Rick. Es un personaje real: un guitarrista bebedor que aún vive con su madre. La cuestión de la autenticidad de una persona, y por consiguiente de su música, juega un papel crucial en la película. Rick ha priorizado el amor y la vida familiar por encima de su carrera.
Su composición más importante, que inspira al joven Danny durante su sesión de improvisación, habla desde el corazón. Danny carece de la experiencia vital necesaria para comprender este tipo de autenticidad. Con la sesión de improvisación, Carney también sugiere que el arte a menudo surge del diálogo, la colaboración y la inspiración mutua, pero esto requiere una relación de compañerismo y confianza. Rick no tiene pruebas de que le hayan robado su canción.
Ambos músicos representan dos círculos sociales distintos y tienen prioridades diferentes en la vida. Paul Rudd interpreta al hombre de familia y artista fracasado como un individuo cálido pero a menudo frustrado. Finalmente, vuela desde su modesta casa en un suburbio de Dublín a Los Ángeles para enfrentarse a Danny.

Este vive como una estrella en una villa con vistas a la ciudad. Su representante, Mac (Jack Reynor), y el personal le protegen constantemente de visitas no deseadas, o al menos lo intentan. Habría sido fácil retratar a Danny como un arribista turbio y sin escrúpulos. Sin embargo, la película evita esto, y Nick Jonas lo interpreta como un tipo amigable que comparte la pasión de Rick por la música. Tiene buenas intenciones, de una manera ingenua, pero toma un camino equivocado.
En el deslumbrante mundo de Los Ángeles, Rick y su compañero Sandy parecen reliquias de otra época. Pero ellos y los demás miembros de la banda bodorriera ya lo son en Irlanda, donde los jóvenes, guapos y ricos, solo tienen una sonrisa cansada para su aspecto desaliñado y su actitud machista de músicos de rock. Tales contrastes resultan atractivos y generan humor.
Sin embargo, la historia no logra cautivar del todo, debido en parte a que las canciones de la banda sonora, que en otros films de su director lucen soberbias, aquí no pasan del aprobado justo. La canción central, alrededor de la cual gira todo, es, por suave e inofensiva que parezca, una elección apropiada para Danny, el antiguo cantante de una boy band.
Con todo y con ello, Letras robadas consigue robarte, valga la redundancia, algún que otro suspiro melancólico, y es que en el fondo somos unos románticos de tomo y lomo.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Diamond Films