Una película de Daniel Day-Lewis
“Me acuerdo cuando tenía cuatro o cinco años y fui al Lincoln Memorial. Recuerdo lo aterrorizado que me sentí cuando vi esa estatua tan grande en esa silla, pero cuanto más me acercaba, más me cautivaba su rostro. Nunca olvidaré ese momento, que me dejó haciéndome preguntas sobre ese hombre sentado”.
Fiel al recuerdo de niñez de Spielberg, la escena de presentación nos enseña al personaje en la posición que ocupa en la memoria colectiva. Sentado, como en su monumento memorial, el presidente escucha las hazañas de dos militares negros en plena Guerra Civil, afable y humano, con las manos sobre las rodillas, el pelo en desorden y cara de buen tipo. Una escena bien calculada hacia el espejismo del hombre hecho a sí mismo, de empatía revolucionaria y demasiado humano para su tiempo.
Después de meditar durante prácticamente una década el tono de una biopic sobre Abraham Lincoln, Spielberg se decidió finalmente por un retrato de los últimos meses de vida del personaje, escrito a cuatro manos junto al premio Pulitzer Tony Kushner a partir del libro The Political Genius of Lincoln de Doris Kearns Goodwin.
No estamos ante la vida del personaje, sino ante la gesta triunfal por la que, irremediablemente, tendría que entrar en la Historia: la época en la cual luchó por la aprobación de la Decimotercera Enmienda y la consecuente abolición de la esclavitud. La heroicidad que, por otro lado, le convertiría en mártir de la democracia americana.
Con un afán poco revisionista y demasiado cómodo en la corrección y en la adulación del stablishment americano —lo cual no es ninguna sorpresa pero chirría más en un filme político— Spielberg hace un retrato sin fisuras de un político entregado a la justicia social y a la unión de los Estados Unidos de América.
A través de una densa clase de Historia, demasiado consciente de su propio espesor, la película nos intenta contar dos cosas. La primera: incluso en los peores momentos de una sociedad, los valores firmes y la unión pueden hacer que el destino de los hombres vaya bien. La segunda: a pesar de tener que recurrir determinadas estrategias corruptas, Lincoln fue el hombre más puro de la América de su tiempo; un filósofo encerrado en la época de la abogacía y la política. Un tipo grande, un infeliz casado con una neurótica. Un padre que se desvivía por sus hijos y que no se los quitó de las rodillas para escribir la historia de los Estados Unidos.
Pero la laxitud del guión se olvidará. Como se olvidará la fotografía tenebrosa de Janusz Kaminski, el montaje ultra clásico de Michael Kahn y la discretísima huella musical de John Williams.
Con el tiempo, lo único que recordaremos de este filme es la mímesis casi mágica de ese otro gigante llamado Daniel Day-Lewis. Consciente de su personaje en cada milímetro cúbico de su volumen físico, el superdotado actor de There will be blood transmite la imagen estable del gigante bueno, adorable y cansado, en cuya mirada crédula no hay lugar para la imperfección. Si una película es de quien mejor la defiende, Lincoln es una obra de Daniel Day-Lewis.

Al conjunto le sobra alguna cosa aparte de varios minutos. El autoconvencimiento, Sally Field, el epílogo de la subtrama de Tomy Lee Jones y el discurso progresista de un proceso histórico que acaba pareciéndose más a una acción de despotismo ilustrado que a una lección de democracia.
La seguridad se palpa en los puntos fuertes de los elementos claramente spielberguianos. Aparte del diseño conciliador del personaje, el discurso es más fluido cuando ataca la mirada infantil. Es en la faceta de padre de Lincoln, y en la admiración de su hijo pequeño Tad (Gulliver McGrath), donde vemos el verdadero espejo del personaje y donde encontramos las intenciones más ulteriores del film. Algo que no hace sino insistir en esa humana magnanimidad tan susceptible a ser desenterrada en un momento de crisis de valores y de referentes contemporáneos como el que vivimos.
Lo mejor, Daniel Day Lewis. Con el tiempo Lincoln acabará teniendo su rostro. Oscar a la vista. Lo peor, el montaje. Y el funesto sentido de la elipsis, de principio a fin del conjunto.
En cuanto a lo demás, eso de recordar con tanta devoción a los grandes del pasado tiene un nombre: nostalgia. Parece que Spielberg se nos hace mayor.
Escribe Marga Carnicé

| Título | Lincoln |
| Título original | Lincoln |
| Director | Steven Spielberg |
| País y año | Estados Unidos, 2012 |
| Duración | 150 minutos |
| Guión | Tony Kushner, John Logan y Paul Webb |
| Fotografía | Janusz Kaminski |
| Música | John Williams |
| Distribución | Hispano Foxfilm |
| Intérpretes | Daniel Day-Lewis (Abraham Lincoln), Tommy Lee Jones (Thaddeus Stevens), Sally Field (Mary Todd Lincoln), Joseph Gordon-Levitt (Robert Lincoln), David Strathairn (William H. Seward), Tim Blake Nelson (Richard Schell), James Spader (W.N. Bilbo), Lee Pace (Fernando Wood), Jackie Earle Haley (Alexander Stephens), Hal Holbrook (Preston Blair), John Hawkes (Robert Latham), Bruce McGill (Edwin Stanton), Jared Harris (general Ulysses Grant) |
| Fecha estreno | 18/01/2013 |
| Página web | http://www.lincolnlapelicula.es/ |