Logan y los dilemas existenciales
Cuatro años han tenido que pasar para que la cinta de 2009, X-Men Orígenes: Lobezno, haya tenido el estreno de su primera secuela (aunque ya no sabemos muy bien si debemos llamarlo secuela, spin-off, saga multifacética, reboot…) con Hugh Jackman de nuevo demostrando que su personaje y él se llevan a las mil maravillas.
Otra cosa es lo que ha acabado siendo esta continuación de las aventuras del musculado y viril superhéroe con cuchillas afiladas en forma de garras.
Como bien rezaba la última imagen de aquella cinta, esta nueva entrega del hombre lobo se sitúa en Japón, lo que no deja de ser todo un acierto por al menos querernos mostrar algo diferente. Aquí podemos atender al desarrollo vital de Lobezno en una sociedad que le es extraña y por la que tendrá que aprender a desenvolverse. En este sentido, la propuesta puede tener cierto granito de interés.
Pero aquí diríamos que acaba todo, con un Hugh Jackman al que resulta un lujo ver encarnando de nuevo a Logan y un contexto sugerente. Fin.
Este Lobezno inmortal no tiene las intenciones de otras de sus homólogas cintas con superhéroe protagonista. Es decir, se nota a leguas que su presupuesto es bastante más pequeño que películas como por ejemplo, la tercera entrega de Iron Man o El hombre de acero sin ir más lejos. Tiene algo de cinta con superhéroe pequeña, lo cual no deja de resultar hasta gracioso, teniendo en cuenta que esta cinta se anunció a bombo y platillo y, finalmente, se ha quedado más en anécdota que en peliculaza de cómic.
Y es una lástima, porque debía haber sido algo mucho más trascendente que lo que acaba siendo, que no es sino una película más bien zafia que incluso llega a aburrir, cosa que en su antecesora no llegaba a ocurrir en ningún momento y pasaba el aprobado con cierta dignidad. Repasemos rápidamente los puntos que tenía para llevarse el gato al agua.
Teníamos como base argumental uno de los mejores libros escritos sobre el personaje; teníamos de nuevo a Jackman, claro, que cada vez está más valorado desde que le viéramos metido en la piel del miserable Jean Valjean; teníamos a dos guionistas acreditados con buen material para ser adaptado, y, finalmente, teníamos a James Mangold que resulta ser un director muy eficaz y solvente, amén de siempre firmar cosas muy dignas que suelen contentar a público y crítica… Dios mío, ¿qué ha pasado?

Los andares de Logan
Empezamos el prólogo con uno de esos dobles sueños/realidades que dejan ver por unos segundos a Famke Janssen, enlazando así con el final de la última entrega de la trilogía de X-Men y que sitúa al espectador para lo que va a venir. Hasta aquí todo bien. Puesto que ya hemos visto que Logan salvó a un multimillonario el día que cayó la bomba en Nagasaki, éste le invita a regresar a Japón.
Allí Logan y Mariko, la nieta del multimillonario, se conocerán y se abrirá la veda para ofrecernos uno de los romances más toscos y mal narrados de este año. Al mismo tiempo, Logan podrá elegir su mortalidad y dejar de tener ese poder de autocuración instantánea que la vida y la química le han brindado. Y después de este ofrecimiento, la película parece querer psicoanalizar al personaje en esa especie de duda existencial de “ser o no ser… mortal/inmortal”.
Y entra el aburrimiento en pantalla.
Lobezno inmortal ha querido muy posiblemente ser una cinta que indague sobre los caminos insondables de la ciencia y del poder de la inmortalidad, combinada con un romance y con un par de secuencias de acción (a destacar la del tren bala, como mucho) pero debería haber sido más bien lo contrario. O sea, una cinta de acción a raudales aderezada con unos buenos villanos y con una pincelada de sensualidad y de psicología de libro de bolsillo, si se quería. Porque estamos ante la supuestamente típica cinta de superhéroes que no pretende ser un nuevo Batman a lo Nolan ni tampoco una cinta megalómana y avasalladora como El hombre de acero de Snyder.

Así, entre algunos descubrimientos sobre la verdadera esencia de nuestro héroe, situaciones absurdas e imposibles, el desafortunado tonteo con la japo y las dilucidaciones de diván se corrompe completa y absolutamente la segunda mitad de esta película.
Y, cabe decirlo, la dirección de James Mangold parecía a priori una celebrada elección, pero ahora todo apunta a que ha sido un error garrafal el contratarle a él.
No sólo no sabe filmar secuencias de acción con el latido palpitante como podrían hacerlo otros muchos, sino que parece no saber muy bien cómo narrar toda la historia que aquí se plantea. Ni siquiera cuenta con una buena (más bien espantosa) dirección de actores. Gracias a Dios que Jackman tiene su papel ya muy bien aprendido y no necesita de batutas para él mismo. El resto, mejor ni nombrarlo.
Así las cosas, no queda mucha más perorata que soltar sobre este trabajo. Se mantiene durante su primera mitad, pero se cae de bruces en su segunda parte aunque estamos convencidos de que habrá a quien le guste esa especie de acción de superhéroes ralentizada y con esas dosis elevadas de amores exóticos y comedura psicológica de cabeza.
Desde luego, a quien esto firma no le ha cautivado el experimento.
Escribe Ferran Ramírez
