LOS NIÑOS DE HUANG SHI (2)

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Título original: The Children of Huang Shi
País, año: Australia-China-Alemania, 2008
Dirección: Roger Spottiswoode
Producción: Arthur Cohn, Wieland Schulz-Keil, Peter Loehr, Jonathan Shteinman, Martin Hagemann
Guión: James MacManus y Jane Hawksley,
Fotografía: Xiaoding Zhao
Música: David Hirschfelder
Montaje: Geoffrey Lamb
Intérpretes:

Jonathan Rhys Meyers, Radha Mitchell, Michelle Yeoh, Yun-Fat Chow, Guang Li, Lin Ji, Matt Walker

Duración: 114minutos
Distribuidora: DeAPlaneta
Estreno: 31 octubre 2008
Página web:  www.childrenofhuangshi.com

Un héroe en China
Escribe Eva Cortés

ninos_huang_shi-2.jpgA principios de los años treinta estalló la segunda guerra chino – japonesa, tras varios años de tensiones y diferencias. Los niños de Huang Shi es una toma en primerísimo primer plano del conflicto, centrando el objetivo en un puñado de niños que sobrevivió a la guerra gracias a la labor del héroe George Hogg.

El encargado de interpretar a George Hogg es Jonathan Rhys Meyers. Este actor, de quien ya vimos su lado cruel en la película de Woody Allen Match point, no hace del todo mal el papel de héroe bélico; interpreta a un periodista en principio de vocación, que pronto olvida el objetivo de su viaje y se pone a dar clases en un orfanato. En principio es enviado allí para curar sus heridas y aprender chino por Jack Chen, un líder de la resistencia china, pero termina quedándose más tiempo del que pensaba. Pronto se convierte en el referente para los niños, en padre y tutor, con la obligación de alimentarlos, proporcionarles seguridad y aprendizaje. Claro que esta tarea no será nada fácil teniendo en cuenta el pasado de los chavales.

Jonathan Rhys debería reflejar el miedo en su rostro, sin embargo no es algo que al espectador le llegue mucho. Lo que más nos transmite es tristeza. Se le ve en los ojos el  amor por los niños, mucho más que el temor a la muerte propio de los habitantes de un lugar en guerra, parece estar seguro que a él no le tocará de cerca.

ninos_huang_shi-1.jpgSus otros compañeros de reparto son Radha Mitchell y Chow Yun-Fat, que interpretan a una enfermera comprometida con la causa y a un líder de la resistencia comunista respectivamente. Él nos convence su papel mucho más que ella, quien se muestra ante la cámara un poco artificial y maniquea.

Cuando Roger Spottiswoode decidió rodar Los niños de Huang Shi sabía que corría el riesgo de toda historia basada en hechos reales: quedar artificial o densa. En este caso la película densa no es. Los ciento catorce minutos que dura no se hacen largos, el ritmo está bien y los acontecimientos que se suceden son de interés para la comprensión de la globalidad de la historia, por lo que al espectador no le da tiempo a aburrirse. Sin embargo el punto flaco del filme es la artificialidad.

Incluir la historia de amor sin haberle otorgado mucha importancia, centrando la cámara más en el conflicto, quizás hubiera sido más acertado, tras un buen comienzo, terminar centrando la historia en el amor entre los protagonistas, en forma triangular. Así, una vez más, nos encontramos ante una película de buenas intenciones pero perdida en las formas.

Además, la extremidad absoluta en su posicionamiento, como en muchas películas históricas, también resta credibilidad. Los chinos son los buenísimos y los japoneses los malísimos. Está claro, siendo que el filme es una co-producción entre China, Alemania y Australia.

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La historia se repite

Ya por el año 1993 el director Steven Spielberg quiso homenajear a uno de los héroes de la II Guerra Mundial, Schindler, rodando un filme de cuatro horas que contara su gran labor en el salvamento de cientos de judíos. Pero no es el único caso tampoco. A la largo de la historia del cine, muchas veces se ha llevado al cine la historia del héroe de un gran conflicto. La historia se repite una vez más.

Aunque no es exactamente la misma época, ni el mismo escenario, ni protagonista, la idea es la misma: un hombre solo, que en medio de tanta maldad, emplea sus armas no para luchar sino en pos de la solidaridad, sacando un orfanato de la miseria y ayudando a los sesenta niños, abandonados hasta entonces, a labrarse –literalmente– un futuro por ellos mismos. Con ingenio y esfuerzo todo es superable, hasta en condiciones extremadamente adversas, ése es el mensaje.

ninos_huang_shi-3.jpgEsta hazaña solidaria es la que engancha al espectador. Pero la nota artificiosa una vez más empaña la pantalla; es el papel de la comerciante lo que tampoco nos terminamos de creer. Puede ser cierto que en casos como estos, de héroes bélicos, siempre haya más gente involucrada en la causa. En este caso con el papel de la enfermera y el combatiente ya es suficiente; que además una rica comerciante de opio se solidarice con la causa por un oculto amor hacia Hogg, ya es demasiada buena suerte. Y es que la citada comerciante, en un momento de la narración, no duda incluso en vender su cuerpo por ayudar al joven periodista. Por eso, mucho me temo, que este punto, sea un añadido al guión para aumentar los grados del filme.

La fotografía de Zhao Xiaoding es muy bella. En líneas generales la película entretiene. Y a pesar de su posicionamiento pasa muy por encima el conflicto, sin contar las causas ni las pretensiones de cada bando. Se centra más en las relaciones personales. En cómo el amor puede surgir en medio de tanta atrocidad; en el triunfo de la solidaridad y en como dos personas pueden entenderse y ser amigos a pesar de tener principios diferentes. Tres primeros planos, basados en hechos reales, del conflicto. 

Este tono esperanzador, deja poca cabida a las escenas violentas, lo cual casi se agradece. La tragedia la intuimos más que la vemos. Tan sólo el principio nos pone ante la retina crudas imágenes para no olvidar, y una vez más avanzada la trama, la imagen del suicidio nos recuerde que el camino de la supervivencia no es de rosas.

Una visión entrañable y tierna, un canto a la solidaridad y de amor al prójimo tan falto en todas las guerras. Y un recuerdo a otro héroe de nuestra historia. 

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