Yo amo a mi país
Escribe Ramón I Rodríguez
Prescindible película salvo que los niños se pongan pesados el fin de semana y tengamos que dejarlos en la sala de al lado.
El director es Kevin MacDonald (El último Rey de Escocia, 2006). Los intérpretes principales son Ben Affleck, Jason Bateman, Russell Crowe, Jeff Daniels y Hellen Mirren. Los guionistas han sido Michael Carnahan (Leones por Corderos, 2007), Tony Gilroy (Duplicity, 2009), Peter Morgan (The Queen, 2006) y Billy Ray (El espía, 2007). La música es de Alex Hefes (Un día de septiembre, 1999) y la fotografía es de Rodrigo Prieto (Deseo, peligro, 2007).
La película es una adaptación de una miniserie para televisión de la NBC y eso se nota; no se ha producido una buena reducción argumental de las seis horas originales a los 120 minutos dirigidos por MacDonald.
La evidente trama principal explica las relaciones existentes entre el mundo de la política y los intereses de las empresas privadas, en este caso un remedo de Blackwater; paralelamente, se desarrollan un par de tramas secundarias y, durante los últimos quince minutos, una trama explicativa que sonrojaría las prácticas del detective Poirot o las de Miss Marple.
La trama principal nos conduce hacia un fallido duelo interpretativo entre Russell Crowe (Cal MacAffrey) y Ben Affleck (Stephen Collins). Collins es el joven, apuesto y capaz congresista de un partido político que además dirige una comisión de investigación; cuando una de sus ayudantes muere (¿accidente / suicidio / asesinato?), su vida se complica al aflorar su relación extramatrimonial con la muerta. Es entonces cuando aparece el periodista MacAffrey, antiguo compañero de la Universidad, que en su afán por defender un modelo de periodismo responsable y ayudar a su amigo, desentrañará la historia.
La trama se va trenzando y desarrollando durante 145 minutos, intentado apoyarse en los prejuicios que tenemos los espectadores hacia las grandes corporaciones industriales, en el buen trabajo de los secundarios y, en especial, en el de Helen Mirren (Cameron Lynne) que interpreta a la jefa de Cal MacAffrey. Los quince minutos finales son para aportarnos la información que se nos ha ocultado durante las dos horas anteriores.
La dirección de los actores parece la adecuada, pero la construcción de los personajes principales no es creíble, más por un abuso de los estereotipos que por la falta de elementos reconocibles; tenemos al político ambicioso con todos sus atributos, la jefa carismática, el periodista de raza con principios, el político inocente, la aprendiza soberbia, la esposa abnegada… En fin, que de tópica y previsible, el giro argumental final para que el malo necesario no sea el malo previsto, obliga a los personajes a redefinir su papel en la historia contada de manera forzada. Además, el eje temporal de la acción, que en algún momento alcanza la categoría de personaje principal, se elonga y acorta sin respetar a los espectadores, quizás por una mala adaptación de los tempos de la miniserie original.
En términos generales la obra marea más que entretiene. Ben Affleck está bueno pero alejado de sus interpretaciones del principio de su carrera. Russell Crowe tiene el pelo pringoso, Helen Mirren se olvida que no es "M" en esta película, la música no molesta y la fotografía no es la que yo hubiese pedido.
