Martha Marcy May Marlene (4)

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Huida a ninguna parte 

martha-marcy-may-marlene-2Sorprendente debut en la dirección de Sean Durkin, quien hasta ahora había destacado más en su faceta de productor de films independientes como Afterschool, de Antonio Campos, o Two Gates of Sleep, de Alistair Banks, trabajos todos ellos de antiguos alumnos de la Escuela de Cine de Nueva York.

Con algunos de ellos formó la compañía Borderline Films, una vez se graduaron en 2005, y empezaron a despuntar en festivales de renombre como el de Sundance, el evento anual dirigido por Robert Redford especialista en el descubrimiento de nuevos valores. Y lo cierto es que en su primera película como realizador, Durkin no podía haber comenzado su carrera con mejor pie.

Ni un pero se le puede poner a una película que engancha desde su primera escena, aquella en la que vemos a una joven huir a hurtadillas de una casa donde comparte su vida con otros jóvenes. Más adelante descubriremos que se trata de una comuna con unas leyes un tanto particulares, pero hasta entonces sólo sabremos que nuestra sufrida protagonista acabará instalándose en la casa de vacaciones de su hermana y el marido de ésta, Adam, estableciéndose un juego de dualidades entre presente y pasado tan apasionante como turbador.

El mayor acierto de la propuesta estriba en la ambigua personalidad de nuestra heroína. Abandona un entorno decididamente hostil para ir a parar a otro en teoría más familiar y acogedor. El choque entre lo que representa una estructura liberal donde todo se comparte aunque se confundan términos como libertad y libertinaje entronca de manera dramática con ese otro universo en el que el culto al trabajo y a las relaciones sociales mata cualquier atisbo de voluntad y autonomía.

El comportamiento de Martha, quien no entiende ni cómo su hermana puede vivir en una casa tan grande para sólo dos habitantes ni comprende cómo puede soportar un ritmo vital en donde las convenciones sustituyen a los sentimientos, alterará la convivencia hasta tal punto que ésta se vuelva imposible.

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Pero lo que podría parecer caldo de cultivo para un tipo de película de cámara nerviosa y sobreactuaciones dramáticas, sin embargo se convierte en toda una lección de buen cine que destila una calma y una quietud que acentúan más si cabe los brotes de violencia física y moral que afloran en el relato.

Nunca conoceremos las razones que llevaron a nuestra heroína a ingresar en esa especie de secta davidiana en la que la mujer se encuentra supeditada a las consignas y apetitos sexuales masculinos. El terror psíquico al que son sometidas está muy bien explicado, con una prueba de iniciación que hiela la sangre por su crudeza y carnalidad.

La labor de dirección y montaje son a la vez magníficas: los flashbacks se insertan de forma elegante e incluso se permiten el lujo de establecer un juego de descolocación temporal con el espectador. Las escenas parten siempre con la imagen de Martha absorta en sus pensamientos. El público nunca sabe si la situación tiene lugar en el pasado o en el presente, y hasta que aparecen el resto de personajes no podemos situarnos en una u otra estación.

El trabajo de composición de Elisabeth Olsen (la tercera hermana de la popular familia Olsen, con las gemelas Olsen a la cabeza: aquellas niñas preciosas que encandilaron al público en la serie Padres forzosos, y que a partir de aquel instante se convirtieron en auténticas máquinas de generar ingresos) en ese aspecto es ejemplar. Sobre sus hombros recae todo el peso de la trama, en un papel muy complicado donde se le exige una cantidad de registros imponderable. Supone toda una sorpresa que una actriz con tan poco recorrido pueda ofrecer tanto.

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El resto del elenco actoral también luce excelente. Tanto la actriz que interpreta a su hermana, Sarah Paulson, quien tras una dilatada carrera profesional en televisión ha aparecido en films como la comedia Abajo el amor (2003) y el drama La fuerza de vivir (2006), como el emergente John Hawkes, que aquí da vida al iluminado jefe de la comuna, visto en Winter Bones (2010) y Contagio (2011), actúan como catalizadores de la ambivalente personalidad de Martha, quien desde luego se pasa todo el metraje en un auténtico mar de dudas.

También es loable la capacidad del director por plantear más preguntas que respuestas, cuando en el cine americano, por desgracia, suele suceder exactamente lo contrario. Lo sutil gana la partida a lo obvio, en un ejercicio de perspicacia que acaba por elevar el conjunto a cotas considerables.

El film, cuyo coste total no superó el millón de dólares, fue adquirido por la todopoderosa Fox ya durante el tercer día del Festival de Sundance, lo que dice mucho de las posibilidades que tiene de convertirse en uno de los sleepers más contundentes de la temporada cinematográfica recién iniciada, aunque su trayectoria comercial puede verse lastrada por su argumento de implacable oscuridad.

No se trata de una película fácil ni mucho menos, pues exige al espectador una atención inusitada para no perderse ningún detalle capital. Los creadores del film tienen la suficiente pericia para tendernos trampas argumentales de las que es imposible zafarse tan sólo con la memoria cinéfila.

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Todos hemos visto películas sobre sectas y su funcionamiento, y también hemos visionado multitud de films de disputas familiares entre hermanos que han decidido vivir sus vidas de formas opuestas, pero pocas veces estas premisas han servido para retomar la idea de supervivencia como una lucha titánica que cada uno debe librar en su cabeza. No hay rescate fácil. No hay venganza. Tan sólo asistimos angustiados al proceso de degradación mental de alguien que intenta zafarse en el espacio equivocado de las heridas y la rabia contenida contra aquéllos que las han provocado.

La sumisión de Marta, tanto en la comuna al principio como en la rutina familiar al final, va adquiriendo de forma progresiva un ángulo incómodo. El espectador nunca puede llegar a entender lo que está pasando por su cabeza en cada instante, y por supuesto, ni nos llegamos a imaginar que es lo que sucederá en la siguiente escena.

Sin embargo, sí que simpatizamos con ella cuando la vemos cocinando y sirviendo comida a los hombres del colectivo para acto seguido apartarse y ver cómo comen; o cuando es obligada a mantener relaciones sexuales para satisfacer al jefe de la manada. Aplaudimos su huida, pero enseguida tenemos que posicionarnos cuando la reconocemos invasiva e incluso inestable al lado de quien la quiere ayudar a toda costa.

Mantenernos en vilo durante todo el metraje administrándonos las píldoras justas de información y a la vez darnos margen para que creemos nuestro propio imaginario mediante un final abierto tan certero como enigmático son motivos suficientes para aplaudir el arrojo y valentía de un director que en un futuro próximo puede proporcionarnos aún un mayor número de alegrías.

Escribe Francisco Nieto

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Título Martha Marcy May Marlene
Título original Martha Marcy May Marlene
Director Sean Durkin
País y año Estados Unidos, 2011
Duración 120  minutos
Guión Sean Durkin
Fotografía Jody Lee Lipes
Música Saundern Jurriaans y Danny Bensi
Distribución Hispano Foxfilm
Intérpretes Elizabeth Olsen (Martha), Christopher Abbott (Max), Brady Corbet (Watts), Hugh Dancy (Ted), Maria Dizzia (Katie), Julia Garner (Sarah), John Hawkes (Patrick), Louisa Krause (Zoe), Sarah Paulson (Lucy)
Fecha estreno 27/04/2012
Página web http://www.foxsearchlight.com/marthamarcymaymarlene/