Michael (2)

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Biografía selecta

Hoy, todo es un «acontecimiento» o no tiene cabida en la información exprés a la que todos (o casi) nos vemos sometidos: los incendios, los escándalos, el triunfo en el Mundial, el cambio de pareja de cualquier famoso… y, por supuesto, los estrenos cinematográficos, que ya no son buenas o malas películas, son auténticas obras maestras o espectáculos históricos. Lo demás no existe.

Luego, a los pocos días (a veces, pocas horas) los titulares cambian y casi nadie se acuerda ya de lo que ayer era el tema de portada en todos los medios de comunicación y redes sociales.

¿Cómo afecta esto al cine que se estrena? Sigue el mismo patrón. Cada semana se estrena la «gran película» no de la semana, sino del año o del siglo, vaya usted a saber. Y no digamos de los nuevos directores o estrellas. Hoy son el no va más … y mañana, realmente es que no recordamos sus nombres.

Si repasamos la cartelera de este verano, ya hemos «descubierto» varios genios jóvenes y varias obras maestras de terror que pasarán a la historia… aunque seguramente si recordamos los estrenos de los últimos veranos, la propuesta era la misma, los argumentos similares y las críticas… prácticamente idénticas a las de este largo y cálido verano.

Perdón por esta larga introducción, pero ya llegamos al último punto: se nos había olvidado añadir que eso iba referido a los títulos nuevos (que sí, que los hay, aunque pocos), más o menos un tercio de la cartelera. Los otros dos tercios son sagas, secuelas, franquicias, nuevas versiones, revisiones actualizadas o el montaje del director (o del productor o del protagonista) con escenas añadidas.

O sea, que podemos elegir entre presuntas «nuevas» obras o «más de lo mismo».

¿Una nueva trilogía?

Como Michael no lleva numerito detrás ¿debemos suponer que es nueva?

Hombre, tampoco vamos a exagerar. Veamos. Es la vida de un artista conocido, por lo que nueva, lo que se dice nueva, no es. Aunque no se anuncie como tal, un rotulito ya deja entrever que a lo mejor seguimos con más capítulos de la presunta biografía oficial (si triunfa en cines este episodio), o sea, que sí, que a lo mejor es una trilogía o algo así.

De momento no se lanza a la piscina como Wicked (que ya en su estreno anunciaba que era la primera parte). Pero el éxito económico ya se está dando en todo el mundo: se ha convertido en una de las películas más taquilleras del año. A principios de julio, los tres títulos de 2026 que han superado los mil millones de dólares de recaudación en todo el mundo eran Toy Story 5, Michael y Super Mario Galaxy: La película. O sea, dos enésimas secuelas de un título inicial interesante y Michael

Eso sí, cuando leáis estas líneas ya estará en ese Olimpo de los mil millones La Odisea, del especialista en eventos Christopher Nolan, que también responde al planteamiento publicitario inicial: ¡la película del año, una vez más! Y, cómo no, otra saga: Spiderman, un nuevo día.

Y como película, ¿qué tal es la experiencia?

Buena pregunta. Es…es… una experiencia. No defrauda a los fans. No entusiasma al resto. No cuenta nada nuevo (y oculta algunas cosillas poco aptas para fans). No pretende ser una obra maestra (o lo disimula muy bien).

Ahora que sabemos todo lo que no ofrece Michael, ¿tratamos de explicar lo que sí ofrece?

La película recorre desde los 60 a los 80, del niño maltratado al hombre que se independiza

Michael, la película

Han pasado diez años desde la muerte. Un buen momento para volver la vista hacia la leyenda y, de paso, editar un nuevo disco con sus grandes éxitos y alguna sorpresa inédita que siempre aparece oportunamente en estos casos.

En este siglo el cine ha visitado la vida de músicos cercanos en el tiempo con propuestas de todo tipo y, en general, buenos resultados económicos, como muestran las biografías de Elton John (Rocketman), Bob Dylan (I’m not there), Ray Charles (Ray) o Freddie Mercury (Bohemian Rhapsody).

Quizá sorprende a primera vista que el director elegido para sacar adelante Michael sea Antoine Fuqua, tras su trilogía del The equalizer. Fuqua es un experto en el cine de acción, con el que se dio a conocer gracias a Training Day y el Oscar a Denzel Washington.

Pero si revisamos su filmografía, la decisión no sorprende tanto, porque sus protagonistas casi siempre son héroes negros, pero no intachables: son humanos, con problemas, con victorias y derrotas, no son de una pieza y su conciencia en ocasiones no les deja dormir bien. Buenos ejemplos son: el documental Me llamo Muhammad Ali, Los 7 magníficos, Training Day y las tres entregas de The Equalizer. Lógicamente, con tanto protagonismo «de color» el más beneficiado es Denzel Washington, su héroe por excelencia.

Una vez confirmado guion y dirección, el protagonista estaba claro y ha sido otro de los reclamos: nadie mejor que un pariente directo de Michael Jackson para interpretarlo y ahí está su sobrino, Jaafar Jackson, para cantar, bailar y actuar como su tío. Y el parecido es total, las coreografías son idénticas y todo lo que tiene que ver con los escenarios se resuelve con una eficacia absoluta.

Con eso la película ya entusiasma a los fans del creador de Thriller y compensa el esfuerzo y la inversión realizados.

Pero si todo se limita a repetir los números ya conocidos de Michael Jackson, mejor realizar un documental, así que si de verdad queremos hacer una película hay que encontrar un guion que nos ofrezca algo más que movimientos rítmicos y brillantes coreografías.

La lucha por la creación y la independencia de un icono de la música

¿Una familia unida?

Y aquí es donde entra un experto del cine de masas de Hollywood: John Logan. Es guionista de títulos comerciales, como Gladiator o El último samurái; aunque también ha trabajado para maestros como Scorsese, con El aviador y La invención de Hugo; y no renuncia a sagas como la de James Bond, para la que escribió Skyfall y Spectre.

A Logan debemos el encuentro de un tema apropiado para que la biografía no se limite a un paseo por distintos escenarios. Y así llegamos a la ubicación temporal: una selección de momentos clave desde los años 60 a finales de los 80. Aunque quizá debamos decir que ese es el «decorado» en el que transcurre la vida de Michael Jackson, su lucha para intentar conseguir el éxito… y el control absoluto de su obra.

El verdadero tema que propone Logan es la lucha contra su propio padre: la pelea por conseguir actuar él solo, al margen del resto de hermanos… algo que le costó más de dos décadas y que es precisamente el momento con el que finaliza la película: tras renunciar definitivamente a la «protección» de su padre, emprende en solitario el Bad World Tour, con más de 120 conciertos a lo largo de casi un año y medio. Por fin libre de las garras del tirano.

Porque eso es en el fondo lo que cuenta Michael: la fuga de Logan es el camino que va de las palizas del padre al niño (cuando Michael ya destaca en The Jackson 5) al anuncio final en el que reclama su independencia como artista (sin su padre y sin sus hermanos). Aunque, como sucede con la mayoría de los protagonistas del cine de Antoine Fuqua, no es una fuga sin dejar huellas… de hecho utilizar como final la canción Bad muy bien puede tomarse como un apunte de cómo se siente Michael tras ese duelo final con su progenitor.

En ese viaje asistimos a un par de escenas sobre una infancia con continuos castigos paternos mientras el resto del clan Jackson agacha la cabeza. Ahí, Michael es interpretado por Juliano Krue Valdi, del que no se ha hablado tanto porque no es «familia» de Jackson, pero su interpretación también es excelente como ese niño que sorprendía con su voz y sus bailes en los años 60.

Luego, el crecimiento en los escenarios y la búsqueda de la independencia… siempre con la figura paterna detrás, pensando en proyectos para todo el clan Jackson. El bloque central muestra ese combate ubicado entre actuaciones y canciones de Michael. Incluido algún momento legendario, como un pequeño making of del videoclip Thriller, con John Landis en la cámara… aunque el que dirige el cotarro es el propio Michael Jackson.

Asomarnos al rodaje de «Thriller» es uno de los alicientes del paseo por la vida de Michael Jackson

Un recorrido ágil y bien montado en el que seguramente tiene mucho que ver otro profesional intachable: el montador John Ottman, que también es autor de numerosas bandas sonoras y cuyo dominio de la simbiosis entre música e imagen es impecable, como reflejan la mayoría de películas dirigidas por Bryan Singer y el Oscar que obtuvo por el montaje de Bohemian Rhapsody.

Finalizar la película en 1988 no era el proyecto original. Pero los 90 fue la época de los escándalos y, atención, eso no podía aparecer en la película por acuerdos extrajudiciales de los que, sinceramente, no tenemos más datos. No se puede decir nada de las acusaciones de pederastia en 1993, de la investigación, acuerdos… por tanto, tocó recortar el guion, añadir nuevas escenas y rodar casi un año después material adicional.

¿El resultado? La película ignora la acusación de pederastia (insisto, cronológicamente la película finaliza cuando aún no ha sido denunciado) y pasa de puntillas sobre su adicción a determinadas drogas (insisto, cronológicamente… estooo no… la explicación es otra: él no tiene culpa de nada, se toma lo que le recetan sus médicos) y ni rastro de cualquier otro detalle escabroso.

Un rótulo insinúa que podría haber una segunda parte, quizá por ello se queda la carnaza fuera de esta primera parte… Claro que, bien pensado, igual es algo absolutamente premeditado: sencillamente, solo interesa el lado blanco de la gran estrella negra… de su lado oscuro ya se ocuparán las siguientes entregas. La misma fórmula que patentó La guerra de las galaxias.

Cuestión de tiempo saber si la vida sigue igual. De momento, la película finaliza con el número Bad: ya se sabe, Michael es un «chico malo» porque por fin se ha enfrentado a su temido padre.

Un producto de la época que vivimos, que evita lo políticamente incorrecto, elaborado con una corrección intachable y poco más.

Escribe Mr. Kaplan | Fotos Universal Spain