Mis queridísimos padres (2)

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La familia cuando el dinero hace acto de presencia

Esta es una película que se disfruta si no se espera de ella una comedia convencional, ni una peli humorística a palo seco, sino más bien especie de drama familiar que tiene en las briznas de comicidad una manera de mecanismo de defensa y de expresión.

Alice y Vincent Gauthier convocan urgentemente a sus tres hijos a su casa campestre. Estos llegan aterrados temiendo lo peor, pues la muerte y la enfermedad están omnipresentes en sus mentes por sus padres mayores.

Sin embargo, la noticia, tras un preámbulo de incertidumbre y angustia por parte de los hijos, es que a sus padres les ha tocado el premio gordo de la lotería. El problema y la cuestión central es que no piensan repartir ni un euro de la fortuna.

Aún peor, la cantidad de dinero ganada se la van a gastar en un viaje a Camboya y en la construcción de un orfanato para niños pobres; este plan se abre a preguntas, explicaciones a medias, reproches y codicia infantil de los vástagos.

Entre verdades ocultas, palabras no dichas y celos, la angustia de unos y otros, el repaso a sus vidas y más, la familia acaba revoltosa y puesta patas arriba.

La cinta es adaptación de la obra teatral escrita por los hermanos franceses Emmanuely Armelle Patron, que ha sido llevada a la pantalla por Emmanuel, con guion de ambos. La obra, más que una comedia amable, como podría hacer pensar el título, tiene un tono más oscuro que, por momentos, bordea la tragedia.

Digamos que el humor hace las veces y funciona como una herramienta «colchón» para abordar cuestiones poco complacientes. Como el interrogante sobre qué ocurre cuando una familia en apariencia normal descubre que la ambición y la plata pueden modificar pautas y reglas de convivencia comúnmente aceptadas, hasta un punto.

El premio de lotería no es tanto el centro de la historia como el detonante que permite poner al descubierto las tensiones, frustraciones y rencores que permanecían ocultos bajo una apariencia de normalidad.

De modo que a lo largo del metraje presenciamos la transformación de esa familia desde la mirada de unos padres que parecen no comprender del todo qué está ocurriendo.

André Dussollier y Miou-Miou interpretan a un matrimonio encantador, ingenuo y estoico que contempla cómo sus hijos van trasluciendo y haciendo brotar un creciente mala baba y una discordia con saña, que pone en solfa los vínculos familiares.

Al principio, lo que parece una sucesión de bronquitas y situaciones cómicas va adquiriendo un tono cada vez más incómodo y la cosa va subiendo de decibelios agresivos. Lo que hace de catalizador para que afloren los egoísmos, las frustraciones y las miserias de unos hermanos, es el vil metal. Hermanos que en una escalada tan real como grotesca, parecen empeñados en descuartizar su propia familia.

Es desde luego una obra muy francesa, lo cual no significa que en España no ocurra lo mismo. Es el estilo y la manera en que se cuenta la fatalidad del caso lo que podría hacer que no encaje bien con nuestro humor y nuestras maneras más quevedescas y quijotescas de entender la vida.

El desenlace consigue cerrar el entramado satisfactoriamente, sin renunciar a una muy buena dosis de humor negro

La manera de entender las relaciones familiares y los códigos del humor, diálogos y la ligereza y amargura soterradas, no llegan al directísimo estilo hispano, sin duda menos cínico y más «directo al corazón», sin tanto merodeo perversillo.

La larga y cuasi surrealista secuencia de la escopeta, pongamos por caso, participa de cierto tono absurdo y turbador que recorre la película, más próximo al surrealismo o al mismísimo Buñuel (salvando las diferencias), alejado del orden convenido para una comedia convencional.

Pero es al final cuando aparece el vuelco en plan molinete. Aquí sí sorprende el filme y recobra el componente burlón, que proporciona una nueva lectura a lo que se ha visto con anterioridad. El desenlace consigue cerrar el entramado satisfactoriamente, sin renunciar a una muy buena dosis de humor negro, drama familiar y bastantes porciones de crueldad. Este the end es lo que sin duda constituye su rasgo más llamativo de identidad/fatalidad.

Si bien el guion es limitado, es el reparto el que eleva el conjunto y mantiene a flote esta dinámica familiar de egoísmos y comparaciones. Además de los protagonistas cuenta con Arnaud Ducret, Thomas Slivéres y Pauline Clément como los tres hijos en liza.

Si bien el guion es limitado, es el reparto el que eleva el conjunto

El reparto ejecuta la obra con solvencia, con una combinación de tonos, especialmente los veteranos Dussollier y Miou-Miou, magníficos como matrimonio «progre» que contempla, no sin perplejidad, cómo el dinero puede torpedear los afectos en la familia.

Tienen especial gracia las apariciones y desapariciones de la moral, el fariseísmo ideológico y las bajezas que es capaz de hacer con sus «principios» el ser humano por unos cuantos euros de más.

Además, ni los Patron ni su película dan la carga con lo íntegro y lo decente, lo cual permite al espectador, hartito de monsergas de vanguardia social, seguir con una sonrisa complaciente todo ese fregado de conciencias.

En fin, es una película que se disfruta si nos preparamos para visionar lo psicológico y lo social, de un drama familiar cuyo humor se fundamenta en los matices y claroscuros propio del espíritu humano: malicia e hipocresía incluidas.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos A Contracorriente films