La saga camina hacia el cómic autoparódico

Aunque en principio se habló de J. J. Abrams como director de esta cuarta entrega, tras el relativo éxito de Misión Imposible 3, lo cierto es que la sobredosis de trabajos del niño bonito de la Paramount (producir series de televisión, dirigir Super 8, preparar el nuevo Star Trek) hizo que éste tuviera que delegar las riendas de la dirección.
Sus fans pueden estar tranquilos, se mantiene como productor y ha introducido en el equipo a gente de su entera confianza, como el músico Michael Giacchino (responsable de la serie de televisión Perdidos, o de los films Star Trek y Super 8, ambos de Abrams, incluso de la música del logotipo 100 años de Paramount), o los guionistas Josh Appelbaum y André Nemec (creadores de la serie Alias).
Finalmente, para dirigir el producto fue elegido Brad Bird, un hombre que se inició como animador de Walt Disney (Tod y Toby en la década de los 80) y que hasta ahora sólo había dirigido animación, bien en televisión (episodios de Los Simpson) o bien para Pixar Animation Studios (Los increíbles y Ratatouille). Su paso por la saga producida por Tom Cruise en el fondo es considerado por el propio Bird como un entrenamiento para poder hacer realidad su verdadero sueño: dirigir, también con imagen real, una película sobre el terremoto que asoló San Francisco, titulada sencillamente 1906.
¿Qué ofrece realmente esta película de complicado título (Misión: Imposible – Protocolo fantasma) a la que en adelante llamaremos sencillamente M:I-4? Realmente muy poco nuevo: todo muy brillante técnicamente, como era de esperar; la acción cambia de un escenario a otro en varias ocasiones, como siempre; los secundarios apenas tienen peso específico, lo normal; Cruise se luce en varias escenas de acción desbordante, lo habitual…
Lo mismo que el agente 007 y muchos de sus imitadores, en definitiva.
Y es que el gran problema de M:I-4 es precisamente ese: no sorprende. Ya casi nada sorprende en el cine de acción y aventuras: los efectos digitales son cada vez más perfectos, la acción más exagerada, los rodajes más caros, las tramas más planas…

Al menos, eso sí, logra emocionar, sobre todo en la magnífica secuencia en el edificio más alto de Dubai, el Burj Khalifa, que está resuelta con una imaginación y emoción desbordantes… salvo que nos paremos a pensar, porque entonces descubriremos lo ilógico de la trama (¿de verdad son tan torpes los espías que vienen a comprar y vender y no saben en qué piso están?) y, sobre todo, en lo absolutamente imposible de la situación (¿nadie acude cuando rompen cristales de seguridad? ¿Los disparos tampoco llaman la atención de los vigilantes del edificio? ¿No hay policías o algo parecido que reaccione en ese país? ¿Sordos y ciegos todos?).
En este punto, en la aceptación sin más de la acción sin buscar demasiadas explicaciones, es donde la película juega sus mejores bazas. Incluso, en ocasiones podría pensarse que estamos ante un film de animación y entonces se entiende el fichaje de Brad Bird en la dirección: imágenes brillantes, de un acabado técnico asombroso, que remiten a una acción no ya imposible, sino increíble… exactamente igual que en su film de animación Los increíbles.
Lo malo es que las set-pieces funcionan solas, independientes, y los saltos entre ellas son eso, saltos bastante abruptos. No hay un guión que se preocupe de enlazar cada decorado nuevo exquisitamente elegido, el texto sencillamente sirve para sumar varias espectaculares secuencias de acción.

Y si descendemos al contenido de esas grandes escenas nos encontramos que están llenas de no pocos tópicos.
Así, los rusos siguen teniendo pasillos oscuros, tecnología obsoleta y modernos medios de control que parecen del siglo pasado. El Kremlin es el lugar ideal para cualquier aprendiz de espía, sobre todo a la hora de montar numeritos ultramodernos frente a sus anticuados sistemas de vigilancia: un tipo guarda un pasillo ultrasecreto, nada de cámaras, nada de sensores, un simple vigilante bastante atontado.
En Dubai, ya lo hemos comentado, tienen el mayor edificio del mundo, pero también el mayor índice de sordomudos y ciegos del planeta, a tenor de no ser consientes de todo lo que se mueve dentro y fuera, disparos incluidos.
Respecto al bloque en la India, parte de un grave problema: jamás alcanza el nivel de la secuencia de Dubai, por lo que está condenado al fracaso de antemano: situarlo al final del film hace que éste pierda interés y, sobre todo, el intento de compensarlo con algo de humor —algo más de humor, queremos decir— acaba por acercarlo peligrosamente a alguna parodia del género, como Mentiras arriesgadas, aquella producción de James Cameron previa a su fiebre digital (Titanic, Avatar) en la que Schwarzenegger disfrutaba parodiándose a sí mismo… y a James Bond.
Bond, James Bond: esa gran fuente de inspiración de M:I-4.
Porque si no fuera por el nombre, Ethan Hunt, podríamos pensar que estamos ante una nueva aventura del personaje creado por Ian Fleming. Curiosamente, ahora que Bond busca caminos menos autoparódicos y algo más serios con los títulos interpretados por Daniel Craig, sus imitadores se aferran al modelo más paródico, propio de anteriores intérpretes. Por algo son imitadores y Bond es el original, siempre va un paso por delante.
Quedan algunos detalles que sí logran llamar la atención, entre ellos la música de Giacchino, que sobresale por dos ideas: las continuas variaciones del tema principal compuesto por Lalo Schifrin, en muchas ocasiones entrecortado, sólo insinuado en unos compases; y, sobre todo, los coros soviéticos en la primera parte del film, la que transcurre en el Kremlin (fragmento que será recuperado en la suite final durante los créditos). Impresionante… lástima que Basil Poledouris usara la misma idea en La caza el Octubre Rojo. En definitiva, tampoco este planteamiento resulta original.

Por último, una constatación y una duda.
¿La constatación? En el actual cine de acción norteamericano, casi todos los títulos que se pretenden punteros beben de la misma fuente: En busca del arca perdida de Spielberg. Ahí están para corroborarlo las aventuras del Capitán América, Los 4 fantásticos, La jungla de cristal o cualquier nuevo superhéroe de Marvel o DC Comics que se precie. Con más o menos humor, con más o menos sentido paródico, pero el modelo lo fusilan todos.
¿La duda? El cameo final de Ving Rhames podemos aceptarlo (a fin de cuentas fue compañero de fatigas de Cruise en las anteriores entregas de Misión: Imposible), pero que nos presenten a la mujer de Ethan Hunt (que no aparece para nada en el film y, suponemos, se ha separado de su marido, porque éste sólo va a verla en un momento final, pero sin contactar con ella) que está viva, trabajando, feliz —pero sin asomo de nueva pareja, eso sí—, la verdad, no tiene ninguna lógica.
Ese intento de final lacrimógeno no tiene mucho sentido en esta saga (¿quizás preparan el terreno para M:I-5?), lo suyo es el humor y la acción con pocas explicaciones.
En fin, cine de palomitas puro y duro, y van…
Escribe Mr. Kaplan
| Título | Misión: Imposible – Protocolo Fantasma |
| Título original | Mission: Impossible – Ghost Protocol |
| Director | Brad Bird |
| País y año | Estados Unidos, 2011 |
| Duración | 133 minutos |
| Guión | Josh Appelbaum y André Nemec |
| Fotografía | Robert Elswit |
| Música | Michael Giacchino |
| Distribución | Paramount Pictures Spain |
| Intérpretes | Tom Cruise, Jeremy Renner, Paula Patton, Simon Pegg, Josh Holloway, Michael Nyqvist, Léa Seydoux, Vladimir Mashkov, Anil Kapoor, Tom Wilkinson |
| Fecha estreno | 17/12/2011 |
| Página web | http://www.missionimpossible.com/intl/es/ |