Sentimentalismo, tragedia y drama

Kenna es una joven que acaba de salir de la cárcel tras seis años de presidio. Cuando vuelve a su ciudad, busca un alojamiento mísero, encuentra un trabajo mínimo e intenta acercarse a su hija pequeña, con la que antes nunca pudo estar y que, a la sazón, vive con sus abuelos.
Tras salir de prisión por condena de homicidio involuntario por accidente de tráfico, de su novio Scotty, Kenna ansía conocer a su hija pequeña, nacida durante el tiempo de cárcel y que le arrebataron de las manos tras el parto. Pero encuentra la resistencia de todos, excepto de Ledger, el dueño de un bar y antiguo mejor amigo de Scotty.
No tardan en conocerse y reconocerse Kenna y Scotty. A medida que se acercan, la muchacha debe enfrentarse a sus errores pasados, para intentar construir un futuro esperanzador. La relación entre ambos se estrecha y juntos harán cuanto puedan por sanar las heridas pretéritas y continuar con la vida adelante.
Tras las pelis Romper el círculo (2024) y A pesar de ti (2025), se ha visto que cada vez se adaptaban mejor las novelas de la conocida novelista Colleen Hoover, con obras que hibridaban drama y romance, y que a veces se han calificado de historias sensibleras.
Se trata de relatos que en la gran pantalla se visionan con cierto agrado, sobre un género denostado sin mucho fundamento y que, sin embargo, la directora Vanessa Caswill, como los anteriores casos, se toma en serio y acierta a construir películas que tienen su mérito y su facundia, sobre todo dirigidas a un público que califico, sin mínimo cariz peyorativo, de popular.
La película llega a los cines lastrada por los artificios, clichés y traumas exagerados que cabría esperar de una obra así. Claro que nadie va engañado. Con un guion de la Hoover y Lauren Levine, la cinta llega tener su cierto encanto, siempre que uno vaya relajado, sin poner muchas pegas, sin estar a la defensiva y teniendo expectativas moderadas.
De relaciones de maltrato a engaños que marcan para siempre a una familia, las temáticas de Hoover van en esa línea, y ¡vaya éxito que tienen! En esta obra, la tercera historia en pantalla grande de la autora superventas, conocemos a una madre (Maika Monroe) que, tras salir de la cárcel, lucha por conseguir ver a su hija de cinco años y demostrar a todos que puede formar parte de la vida de la pequeña.
Destacan dos actores, que principalmente han hecho pelis de terror, que intentan un romance tierno y doloroso: el actor estadounidense Tyriq Withers, conocido por la desafortunada El mejor (2025) y Maika Monroe (Longlegs, 2024).
Ledger, quien trabaja de encargado en un Bar, es el padre adoptivo de la hija de cinco años de Scotty y Kenna (Zoe Kosovic), a la cual, la madre nunca ha conocido. Aunque ella lo desea desesperadamente, los padres de Scotty, Patrick (Bradley Whitford) y Grace (Lauren Graham), que hacen lo máximo en muy poco tiempo de pantalla, se niegan a que se acerque a la niña, creyendo, erróneamente, que huyó del lugar y dejó a su hijo morir.
Acompañan en el reparto Rudy Pankow (como el malogrado novio), Nicholas Duvernay, Zoe Kosovic o Lainey Wilson.
Withers y Monroe logran encontrar suficiente entidad dentro del trauma común, para dar solidez a lo que debería ser una trama trivial que, por los pelos, acaba salvando el pellejo; pero, a decir verdad, entre ellos no hay genuina química.
El resultado es poco menos que trivial y ligeramente burlesco, aunque el negocio se hace más tolerable por los hermosos paisajes de montaña (Calgary sustituye hábilmente al este de Wyoming) así como por una banda sonora de Americana (Waxahatchee, Kacey Musgraves y similares) cuya nostalgia terrenal y potente ejerce un buen hechizo.

Tiene que ser así, porque el conflicto central requiere una laboriosa suspensión de la incredulidad: Kenna, tras cumplir cinco años por homicidio como conductora en mal estado de un automóvil, y Ledger, interpretado por Withers, un buen chico.
Ellos se han sentido inmediatamente atraídos en el bar de él, aunque el exjugador de la NFL (Liga Nacional de Fútbol Americano) no identifica de entrada a la exnovia y «asesina» (palabras textuales) de su difunto mejor amigo.
El guion tiene retoques irregulares para responder a las preguntas del público: «¿Cuál es tu trauma?», pregunta Amy (la cantante country Lainey Wilson) al darle trabajo a Kenna en un supermercado; lo cual que inyecta a la película la franqueza que tanto necesita.
Pero es igual, dejando de lado este problema obvio, existe una atracción magnética entre estos dos amantes sin pasado, que, tras conocer sus destinos, deviene tormento, atrapados ambos en una maraña de dolor.
Monroe y Withers, de forma extraordinaria, consiguen sugerir la explosiva lucha interna de lealtades artificiales, y la forma en que el dolor y la atracción pueden mutar en algo imparable. Pues eso sí, en un punto, entre Kenna y Scotty surge un fulgor y un calor erótico amoroso imparable que habrá de concluir el filme de la mejor manera.
La peli tiene un cierto nivel de disfrute primitivo que trasciende muchos de sus defectos y permite disfrutar de todos los elementos melodramáticos y sentimentales en su justa medida. De hecho, eso es en parte lo que mantiene el metraje a flote.

Una película más ambiciosa, se me ocurre, habría podido abrir otras ramificaciones, como por ejemplo expandir el mundo de Kenna con una compañerita síndrome de Down, interpretada por Monika Myers, la cual aporta un dulce alivio cómico; o las dificultades de la reinserción tras la cárcel, pero la cinta mantiene inteligentemente el foco en la pareja protagonista, agobiada por el peso del drama.
Aunque hay algunos artificios que soportar, como las cartas de Kenna a Scotty convertidas en incisivas voces en off: también, hay otros tantos, como el beso final bajo la lluvia, que dan sus frutos.
Por supuesto, no pasan inadvertidas las grandiosas y bellas localizaciones de Alberta, con un vasto paisaje para lucir, vistas a las montañas, amplios bosques de coníferas, con lo cual tiene al menos un paisaje majestuoso, con vistas a valles y montañas.
La dirección de la Caswill puede resultar demasiado fragmentada o sobreutilizada (podría haber prescindido del uso excesivo de la cámara lenta), pero quiere acercarse a cierto tenor exuberante, con un presupuesto abultado apropiado para la gran pantalla. El resultado final es entretenido: una fantasía sin sentido envuelta en un romance desgarrador.
Una obra que evoca otras que se exceden en sentimentalismo y drama, al modo de un breve resplandor antes de que todo se desvanezca. Película de medianía que goza, empero, del mérito de convocar a espectadores de mediana edad, sobre todo a las féminas que leen la obra de Colleen Hoover.
No hay que olvidar que la Hoover, la autora de la novela, productora de todos sus proyectos, que colabora en el guion adaptando su obra, pone sin duda interés: la pela es la pela.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Universal