Obsession (3)

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Hasta que la muerte nos separe

Actualmente, en diferentes revistas cinematográficas existen artículos que nos hablan de un nuevo cine realizado en Hollywood y que conquista el mundo. Se trata de un cine hecho por jóvenes, cuya experiencia procede de los trabajos lanzados a través de internet.

Sus autores han aprendido realizando cortos con ordenadores o móviles: la revolución audiovisual del siglo XXI ante la facilidad de utilizar esos medios, que han incorporado desde muy pequeños a su vida. En muchos casos, el móvil o una tableta es la diversión hipnótica, procurada por los padres a los hijos, por pequeños que sean, para poder hablar o comer. 

Para comprobarlo, basta parar delante de cualquier restaurante (por las fechas que estamos) digamos de veraneo, y observar que mientras los mayores hablan y comen, los pequeños devoran (igual da lo que sea) lo que su familia ha dispuesto o lo que ellos han encontrado en… YouTube. Es, sin dudarlo, el método más eficaz para conseguir la serenidad, el inmovilismo, de unos pequeñuelos, alimentado por una sucesión de imágenes, cuanto más cambiantes, mejor, adornadas además por canciones embravecidas.

De YouTube a Tik Tok

YouTube fue creado en 2005 por tres trabajadores de la empresa PayPal, destinada a realizar envíos de dinero a distancia. Un descubrimiento que iría más lejos del trabajo que llevaban a cabo en su empresa.

Si tuviéramos que definir YouTube diríamos que es un sitio web para subir a la red videos, que serán luego consumidos online en cualquier momento, por cualquier persona. Se asemejaría a una televisión a la carta, en la que se utiliza internet. Un sistema muy sencillo tanto para quien quiere realizar vídeos como para quien accede a verlos.

En resumen, YouTube sería una plataforma desde la que se pueden mostrar los trabajos audiovisuales que otras personas realizan. Por este sistema se llevan a cabo más de dos millones y medio de visitas al mes a nivel mundial con más de cinco mil millones de reproducciones diarias.

Por su parte, Tik Tok es una red social de origen chino en la que los videos compartidos son de duración muy corta: pueden durar de ¡1 segundo! a 10 minutos.

Siendo así, no es extraño que haya cientos de personas realizando estos trabajos que de esa sencilla manera los convierten en directores. El ser métodos sencillos de aplicar, y de pequeño gasto, hacen posible que hombres y mujeres, sin miedo al fracaso, formen una nueva generación de realizadores que aspira a llegar a lo más alto: escalar hasta la realización de películas en Hollywood ya que en su carta de presentación aparece escrito el aplauso y la admiración de unos vídeos que son contemplados por millones de personas.

Aunque lo anterior no quiere decir que la juventud será precisa para trabajar en medios superiores como puede ser hacer películas que se estrenen en salas de todo el mundo. Para ello, los triunfadores online deberán adaptar su medio a otro. La facilidad del medio primigenio utilizado supone una clara ventaja si sus trabajos han sido vistos y suficientemente cacareados por millones de personas.

¿Una nueva generación de directores americanos?

Parece ser que la llegada a la industria del cine de los que experimentan con YouTube o Tik Tok lleva al nacimiento de una nueva generación de cineastas, con distintas formas e ideas.

Razones: son jóvenes, realizan sus películas con no demasiado dinero y su comercialidad es enorme, hasta el punto de que probablemente si se comparan sus gastos y ganancias con La odisea —el último filme, por ahora, del divino Nolan—, o con las últimas aventuras de Spiderman, no se tendría claro hacía donde tenderían los mayores beneficios.

Por ceñirnos al cine norteamericano, las distintas generaciones siempre se han querido parcelar, de manera que unas épocas se denominen de una determinada forma. Así, por ejemplo, se plantearía el cine de la generación perdida, el de los realizadores de televisión…

Son jóvenes, realizan sus películas con no demasiado dinero y su comercialidad es enorme

Nada nuevo bajo el sol, más cuando se habla de nuevos jóvenes, a la conquista de Hollywood, películas de escaso presupuesto y de ganancias al menos equilibradas.

Si vamos a la época de los años sesenta, encontramos a un productor Roger Corman, que no sólo realizaba con poco presupuesto, sino que además daba opción a nuevos jóvenes directores para realizar películas, varios de los cuales se convirtieron en grandes realizadores (George Lucas, Francis Coppola, Jonathan Demme, Martin Scorsese). Corman es un ejemplo de ello, como hoy pueden serlo productoras independientes (caso de A24 o Blumhouse) que cobijan a directores noveles con ideas.

El que hoy triunfen películas como Blackrooms u Obsession, realizadas con poco presupuesto —sobre todo la primera, de Kane Parsons— tampoco es ejemplo de nada. Esto también ha ocurrido en el pasado: Sam Raimi dirigió la exitosa Posesión infernal (1981) con 22 años, pero con dos años menos había realizado un cortometraje de gran aceptación (Within the Woods)y con 19 dirigió una película de 70 minutos (It’s Murder!). Y antes de todo esto había filmado ¡más de 30 peliculitas con su cámara de super 8!

Quizá se podrá decir que Parsons y Curry Barker (Osbession) se adhieren a un género de moda, cine de miedo y de terror, y que eso no implica mucho dinero y sí grandes ganancias. Es discutible que el cine de los dos youtubers sea de terror o de miedo.

No sé en qué género habría que incluirlos; los espectadores, tan jóvenes o más que ellos, los consideran así, pero entonces ¿cómo hay que clasificar títulos y sagas como las del ya señalado Sam Raimi o La noche de Halloween (1978) de Carpenter? Sobre la película seminal de Michael Myers algún escritor de cine la ha calificado de gran fracaso comercial, cuando con un coste mínimo que no llegaba a los 400.000 dólares ingresó más de dos millones. Hoy quizá parezca poco, pero que no lo era hace… tantos años.

O sea que, en cualquier sentido, poco nuevo aportan los directores de Blackrooms y de Obsession, a no ser que el primero había realizado pequeños cortos destinados a mostrar varias Blackrooms, más interesantes, en cierta manera, que su película, ya que en sus cortos no se explica nada, mientras que en el largo trata de introducir una serie de indagaciones de tipo psicológico o mostrar visiones de una mente desordenada.

Pero dejemos el filme de Parsons que ya fue en su día diseccionado por Ferran en esta revista y pasemos a escribir algo sobre…

A principios de julio había superado ya cuatrocientos millones de dólares de recaudación
A principios de julio había superado ya cuatrocientos millones de dólares de recaudación

Curry Barker

Su primer largometraje, Obsession, lo ha dirigido con 28 años, pero con antelación había realizado en video varios cortos y un largometraje de una hora y dos minutos. Para los interesados en verlos, todos ellos se encuentran en internet.

Con un presupuesto escaso, de 750.000 dólares, y tan sólo 16 días de rodaje, Barker ha conseguido que su película sea vista por cientos de miles de personas. Se eterniza en los cines de estreno y ya se encuentra en copias piratas en internet.

A principios de julio había superado ya cuatrocientos millones de dólares de recaudación. Tal ha sido su éxito que ya tiene comprometida la realización de su segundo (o tercero, según se mire) largometraje en el que, se supone, se encargará de todo, ya que incluso será el protagonista. El título será Anything but Ghosts. Y no sólo eso, ya tiene comprometido un tercer título, nada menos que el enésimo remake de La matanza de Texas.

Barker nació en Alabama, pero decidió trasladarse a Hollywood para poder tomar contacto con el mundo del cine, logrando aparecer como actor secundario en algunas series.

Se inscribió en una escuela de cine donde conoció y se hizo amigo de Cooper Tomlison con quien prepara diferentes proyectos y actúa también en sus vídeos (es uno del reducido número de intérpretes de Obsession).

Barker y Tomlinson, en cuanto pudieron, dejaron la escuela de cine y abrieron en internet el canal That’s a bad idea, al que subieron cortos de comedia y terror, llegando a tener millón y medio de suscriptores. Pero, con ese trabajo las ganancias eran pocas, por lo que no tenían dinero suficiente para vivir. Esto los llevó a tener que buscar empleo en una cafetería. De esa manera podían financiar sus cortos.

El primer éxito les llegó en 2023 con el corto de terror Waming, que llegó a tener más de tres millones de visitas en YouTube. A continuación, realizaron The Chair, con la que consiguieron más de 11 millones de visitas. El vídeo fue nominado a la mejor película en el festival Angeles short Film, siendo finalista en el Burbank International Film Festival. Este corto llamó la atención de una compañía de producción cinematográfica (Tea Shop Productions), que le financió Obsession.

Con anterioridad —y con 800 dólares— realizó su primer largometraje en YouTube, con una duración de poco más de una hora, Milk & serial. Una película tan incoherente como descafeinada que, para colmo, se alarga innecesariamente.

Un año después, con un presupuesto de 750.000 dolares, realiza Obsession. La película es presentada en el festival internacional de Toronto, donde la productora Focus compra la película por 15 millones de dólares, para ser exhibida en diferentes países.

Habrá que esperar posteriores largometrajes de Parker para saber lo que es capaz de hacer
Habrá que esperar posteriores largometrajes de Parker para saber lo que es capaz de hacer

Cuidado con los deseos que se piden

Barker ha dicho que Obsession se le ocurrió viendo un episodio de Los Simpson, en el que salía una mano de un mono que concedía deseos. Al no saber qué pedir y terminar pidiendo absurdos se producen graves catástrofes.

En realidad, esto de pedir deseos, y no saber cuál escoger, aparece ya en las fantásticas historias de Las mil y una noches, cuando el protagonista encuentra una lámpara maravillosa de la que, al frotarla, sale un genio que concede tres deseos al personaje que ha deshecho el hechizo. El problema es que nuestro protagonista no sabe qué pedir y va gastando los deseos sin resultados prácticos.

El hecho de pedir un único deseo es el argumento de un relato de verdadero terror, escrito por W. W. Jacobs en 1902, un cuento fantástico-terrorífico, incluido en diversas antologías del género, debido a la gran influencia que tuvo en su momento. Es raro que Barker ignore ambas fuentes y escoja la emitida en el programa de Los Simpson.                                                  

Sea como sea, el pedir deseos es algo muy unido a nuestra sociedad. Se cierran los ojos y se pide en determinadas ocasiones (cumpleaños o santos soplando una vela, el día de fin de año, en un momento excepcional de la existencia que proclama la gran suerte del ganador).

Si pudiéramos acceder a todos los deseos que se piden, obtendríamos absurdas dispersiones, aunque siempre considerando tener o ser lo mejor para cada uno, siempre desde el referente de felicidad, aunque detrás de esa petición se pueda esconder una respuesta lo más dañina posible: la felicidad se convierte en infelicidad, la unión en desunión, la grandeza en ruina. Todo deseo lleva consigo una contrapartida por medio de la cual el deseo se convierte en todo lo contrario a la felicidad que, con acordes de violín, parece elevarse a las alturas.

¿No sé puede pedir un deseo sin más o cualquier deseo esconde una trampa de la que no tenemos idea cuando lo pedimos?

En realidad, esto de pedir deseos, y no saber cuál escoger, aparece ya en las fantásticas historias de Las mil y una noches

Por ahí se mueve el filme de Barker: un joven timorato desea a una hermosa compañera de trabajo, a la que, presupone, nunca podrá atraerla y menos hacerla suya. Por una serie de circunstancias, en una tienda descubre un objeto que, según la dueña, concede un solo deseo a la persona que lo utiliza. El objeto es de un solo uso y no admite volverse atrás del deseo perdido.

Si miramos con detenimiento el filme comprobaremos el poco dinero con el que está hecho: la tienda de deseos es muy ridícula, la casa que aparece al fondo de las tomas (sería la casa de la chica) debe ser la de alguno de ellos, ya que esa misma sale en el largometraje en vídeo que había filmado antes (Milk & Serial), los personajes que intervienen son muy pocos, dominan casi totalmente los interiores, la fotografía a veces falla en el racord luz entre los diferentes planos tomados, en el mismo lugar, desde posiciones distintas.

A pesar de esos defectos, la película es potente. Lo que no está tan claro es que se trate de un filme de terror. De miedo sí lo es, pero por el tema tratado, por lo que supone la historia en sí.

Se trata de mostrar una relación enormemente tóxica en una pareja. Es como un filme de parejas de Bergman en cuanto al tema, sin discursos, sin diálogos profundos. El encuentro de una pareja donde dos personajes se quieren… para siempre, hasta que el hechizo se rompe y mientras uno sigue con el mismo amor que al principio, el otro va odiando la situación porque mientras antes solo veía lo bonito de la relación, ahora solo ve lo contrario. La bella mujer en la que siempre soñó no es como antes. Ahora exige que se le dedique todo el tiempo, como cuando se conocieron, se ha vuelto celosa, sólo quiere que él esté en todo momento a su disposición.

La mujer aparece sucia, se hará sus necesidades, será todo lo contrario de lo soñado. En la película, la unión de ambos se logra por un deseo, momento dado excelentemente con ella convertida en una sombra a la puerta de su casa, mientras él realiza el sortilegio desde su coche. Después vemos, sin cambiar de toma, cómo ella se da la vuelta, baja los escalones de la casa y se dirige hacia la ventana del coche… pero ignora el cambio producido, ante el deseo pedido por él.

Película justa en su enunciado y en su desarrollo, que, como es natural, termina como… el rosario de la aurora de acuerdo con las palabras del rito matrimonial, esas de «hasta que la muerte os separe».

Termina como… el rosario de la aurora de acuerdo con las palabras del rito matrimonial, esas de «hasta que la muerte os separe».

He dicho que más que un filme de terror es de miedo ante lo que se propone en su desarrollo: no habla de un conjuro, sino la de una realidad en una relación de pareja que termina mal ante la pretensión de uno de ellos, de quedarse sólo en las mieles iniciales y no tener en cuenta la realidad en la que se vive. Y que belleza y fealdad son dos palabras que en cualquier momento pueden darse la vuelta.

Cuando el hechizo se acaba y la realidad impera solo queda la angustia, la no querencia, el miedo ante un futuro incómodo. Hay mucho que rascar en esta historia que cala hondo en un juego sin reglas porque estas van cambiando con el paso del tiempo.

Excelente la secuencia del juego entre amigos, donde cada uno va enunciando lo que debe hacer otro del grupo y que conlleva la inclusión de la persona hechizada impidiendo que él bese a otra que no sea ella.

Quizá sobra parte del final, donde el amigo del protagonista descubre que los deseos se cumplen al ver cómo el dinero que ha deseado cae en cascada desde lo alto. Un momento que, a pesar de todo, va más allá del chiste fácil, ya que uno puede tener todo y, por otra circunstancia, ver cómo todo eso se convierte en humo, en un no saber para qué todo eso, si su mundo va por otro lado.

Filme que sorprende ante lo bien que Barker soluciona los diferentes pasos que baila la pareja protagonista, pero desde planteamientos y ritmos distintos, de tal manera que la única solución es una brutal tragedia. Nada es, al fin y al cabo, lo que parece.

Habrá que esperar posteriores largometrajes de Parker para saber lo que es capaz de hacer, y si logra superar algo que domina en sus videos: los abundantes diálogos se enrocan, olvidando lo fundamental y preciso en la forma de contar una historia. El trabajo con la cámara y la imagen sí lo demuestra aquí, en esta película interesante y viva, donde el terror no es sino el gran miedo al enfrentarse a la realidad que cada uno vive.

Escribe Adolfo Bellido López | Fotos Universal Pictures Spain